Mundo Oculto

Evangelios apócrifos

En algún momento llegaron a haber unos 100 evangelios, pero la Iglesia comenzó a separarlos y escogió los cuatro que, según ella, tenían mayor credibilidad y se consideran inspirados por Dios. A los otros se les empezó a considerar falsos

Cuando hablamos de evangelios “apócrifos” nos referimos a que no han sido considerados oficiales por la Iglesia, pues no han sido vistos como “inspirados” por Dios.
Esta distinción se hizo hacia el siglo III o IV. Antes todos los evangelios tenían la misma dignidad. En las primeras comunidades cristianas existían muchos evangelios y no había diferencia entre los apócrifos y los oficiales.
Esto asegura Juan Arias, ex corresponsal del diario español El País en el Vaticano y autor de varios libros religiosos, quien hizo estos señalamientos en una entrevista realizada por la BBC.
La separación
Sobre el tema, se dice que llegó un momento en que había unos 100 evangelios, pero la Iglesia comenzó a separarlos y escogió los cuatro que, según ella, tenían mayor credibilidad. Muchos de esos apócrifos fueron quemados y desaparecieron.
Podría decirse que el principal criterio para calificar a un libro como ‘apócrifo’ es considerar que carece de inspiración divina. El primero en usar ese término fue San Jerónimo, para referirse a los libros que llegaron a ser los deuterocanónicos, cuando tradujo la Vulgata latina. Su origen es griego, generalmente traducido por “escondido” o “secreto”.
Cuando algunos apócrifos se incorporaron a la Septuaginta, los israelitas convocaron a un Concilio en Jamnia para analizarlos. Acordaron aceptar los que reunieran ciertas condiciones: concordancia con la ley mosaica, haberse escrito en Palestina y en hebreo, y antes de la muerte de Esdras, quien, según los hebreos, fijó bajo mandato divino la lista de libros canónicos del Antiguo Testamento.
Debido a que esos libros, probablemente escritos entre 150 a.C. y 100 d.C. (por lo menos dos siglos después de que murió Esdras), no reunían las condiciones establecidas, fueron separados de los otros.
Al principio del cristianismo había dos corrientes: una que era la más clásica y tradicional, la de Pablo y Pedro, y otra que era la de los gnósticos, capitaneada por María Magdalena, que también tenía varios evangelios.
La corriente de Pablo y Pedro, la más tradicional, consideraba que la salvación venía a través de la fe y que el mal del mundo venía por el pecado. Los gnósticos (la corriente de María Magdalena) decían que el mal venía de la ignorancia y por lo tanto la forma de redimirse era el conocimiento.
Pero después, cuando ganó la corriente masculina de Pedro y de Pablo se empezó a arrinconar a la corriente gnóstica de María Magdalena y poco a poco comenzaron a perseguir a los gnósticos.
La salvación por autoconocimiento
Esta corriente plantea que la salvación no viene de la fe, de alguien de afuera que nos viene a salvar, sino que se origina con el autoconocimiento, que es la única forma de llegar a encontrar al Dios que está dentro de nosotros.
Para los gnósticos no había jerarquías, Dios está dentro de la conciencia del hombre, mientras que en la otra corriente, la más tradicional, Dios estaba fuera, estaba encarnado en Jesús y el pecado es el origen de todos los males.
Por lo tanto, para salvarse hay que liberarse del pecado original a través de los sacramentos, siempre a través del exterior. La de los gnósticos era una visión más interior.
Cuando los obispos empezaron a pedir que se quemasen los evangelios gnósticos, unos monjes, probablemente del grupo de San Pacomio, en Egipto, los salvaron.
El hallazgo en Nag Hammadi
En diciembre de 1945, en un pueblo egipcio llamado Nag Hammadi (en árabe “Pueblo de Alabanza”), unos campesinos hallaron cerca de mil páginas en papiro: 53 textos divididos en códices, cuya antigüedad se remonta probablemente hacia el siglo IV d.C. Estaban enterrados junto al acantilado oriental en el alto valle del río Nilo.
Se trató de traducciones originales del griego al copto, que contienen evangelios (de Tomás y Felipe), Apocalipsis, tratados teológicos y palabras atribuidas a Jesús, de franca orientación gnóstica y considerados por la Iglesia Católica como apócrifos.
Lo que ahora se conoce como Nag Hammadi se llamaba antes Xhnobockeion, donde en 320 d.C. San Pacomio, considerado como el primer santo ermitaño, había fundado el primer monasterio Cristiano.
En 367 d.C., el obispo Atanasio de Alejandría emitió un decreto prohibiendo las escrituras no aprobadas por la Iglesia. Esto motivó a que algunos monjes locales copiaran unas 45 de esas escrituras, incluyendo las de Tomás, Felipe y Valentín, en 13 volúmenes encuadernados en cuero. Esta biblioteca entera fue sellada en una urna y escondida entre las piedras, por casi 1,600 años.
El evangelio de Tomás
Algunos consideran que el evangelio de Tomás podría ser, incluso, anterior a los cuatro evangelios canónicos: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Si esto es así es importantísimo, porque puede traer cosas de Jesús que no traen los otros evangelios. De hecho, la estructura es igual, por ello algunos biblistas lo consideran prácticamente como el quinto evangelio. Sería un evangelio atribuido a Tomás, uno de los apóstoles.
En el evangelio de Tomás el dicho número tres plantea que Dios está dentro de cada uno de nosotros y alrededor nuestro en todas las cosas, y que no conocerse es vivir en la pobreza.
¿Cómo es el Jesús que nos presenta el evangelio de Tomás?
El evangelio de Tomás presenta un Jesús mucho más gnóstico, es la teología basada en el conocimiento y la sabiduría, mucho más que en la fe y en el pecado.
Se ve toda la doctrina gnóstica que Jesús había asimilado y que probablemente fue Magdalena quien lo inspiró, porque era una gnóstica.
En los canónicos hay sustratos de gnosticismo, por ejemplo en la escena en que Jesús se encuentra con la samaritana.
Ella dice que el templo de los samaritanos es mejor que el templo de los judíos de Jerusalén, y Jesús le dice que va a llegar el día en que ni el templo de Jerusalén, ni el vuestro, ni ninguno va a ser importante, “pero vais a poder ver a Dios dentro de vosotros en espíritu y en verdad”. Esto es gnóstico.
Las jerarquías
Como en todas las religiones, los místicos son contra las jerarquías, están los más originales, los más creativos con la teología, lo han sido en el judaísmo, con la cábala, y en el cristianismo, con los místicos como Teresa de Ávila.
Todos los grandes místicos siempre se enfrentaban con la jerarquía, se enfrentaban con el Vaticano. Son las personas más libres, porque ellos tienen un concepto de Dios mucho más interiorizado, fuera de los grandes ritos.
Fue la corriente masculina, con Pablo y con Pedro, la que empezó a hacer jerarquías con los obispos, los Papas; al principio del cristianismo eso no existía, Jesús no creó jerarquías.
En la actualidad, los escritos de Nag Hammadi tienen una gran vigencia que se extiende a varias ramas. No sería extraño que todavía se estén haciendo traducciones o actualizando, pues la importancia de tal descubrimiento lo hace digno de un cuidadoso rigor científico para constatar su veracidad histórica. Por otra parte, ha sido fuente para el desarrollo de numerosas investigaciones y la producción de cantidad de artículos, libros y hasta películas.
Tomado de news.bbc.co.uk