Mundo Oculto

El espejo

Su reflejo le sonríe. Él no se asusta, espera que cosas raras le ocurran, y las alucinaciones son un pendiente en la lista. Entonces su reflejo le guiña un ojo

Jove

Leónidas Escazú despertó con un fuerte dolor de cabeza; la noche anterior se excedió de copas, una vez más, como siempre desde que ella no está, bebió hasta quedar inconsciente, hasta el olvido.
Ignora cómo llegó a casa, no le importa; sabe que ésos son guiños a la muerte u algo peor, un accidente que lo dejó postrado en cama. La cabeza le va a estallar, al menos siente como si unas manos le estrujan la cabeza para reducirla de tamaño.
“Las 9 am”, dice al contemplar su rostro decolorado por la bebida y los excesos, “desde que ella no está”.
Su reflejo le sonríe. Él no se asusta, espera que cosas raras le ocurran, y las alucinaciones son un pendiente en la lista. Entonces su reflejo le guiña un ojo.
“Sí”, le explica a su reflejo, “nos hemos visto mucho mejor”.
El reflejo le indica una esquina del espejo; en un rincón a media luz está ella, sentada. Leónidas da la vuelta, ella no está, pero su imagen no desaparece del espejo, se pone en pie, se acerca, le dice a su reflejo algo en el oído y luego lo abraza tiernamente, el reflejo se limita a mirarlo desafiante.
Leónidas decide irse al trabajo, sin prestar más atención a la alucinación, espera verla en el transcurso del día en otros espejos, para confirmar su demencia, pero ella no aparece en otros espejos, y el reflejo, su reflejo, no le devuelva miradas cómplices.
Escazú recuerda que ella no está, no recuerda perfectamente la situación, recuerda al investigador privado, las fotos reveladoras, el dolor en el pecho, la ira, pero no recuerda más de ella; sí la investigación.
“El caso permanecerá abierto, señor Escazú”, le dijeron los policías al corroborar su coartada. “Hasta que la encontremos o ella se comunique con sus familiares”.
De esa conversación ya van cinco años, de ella y de su amante no se supo nada, no se sabe. Termina la jornada, ordena en el bar la botella y bebe, determinado a olvidar, piensa que quizás tantos años ebrio le ha impedido conocer la verdad del destino de ella, abandona la botella, camina a casa para aclarar sus pensamientos.
“Discutimos” - recuerda -. ¿De qué discutimos?
Enfrenta su imagen en el espejo, observa en el reflejo una mirada que no es suya, nota que quiere revelarle un secreto.
La imagen le indica; acércate, parece decirle, y Escazú coloca su oído en el espejo, una mano, la mano de ella se desprende del espejo, lo toma de los cabellos y le estrella la cara contra el vidrio, el espejo queda roto, Escazú muerto, y en el espacio que ocupaba el espejo se revela una tumba: la de ella y su amante.