Mundo Oculto

El fin

Sin verde ni azul para tus ojos, sin poder morir por tu mano o de vejez, como una cosa rara, como un monumento a lo que has exterminado

Jove

- Y la gente esperaba que en el último día el fuego descendiera del cielo --me dijo el ángel--, pero no hay llamas en el cielo y ya no hay pueblos sobre la tierra.
Recordé las últimas imágenes, las últimas palabras del noticiero; nuestro planeta ahora es un cementerio, y no pude evitar la sensación de que en el fondo la culpa era mía, total y completamente mía.
- Yo quería mejorar la vida de los hombres, salvar a la humanidad de sí misma --me disculpé con el ángel.
- Y qué bien la hiciste, has acabado con la vida en la tierra, ya nadie dispara sobre el otro, no hay cuerpo que sea prisión para el alma, has borrado el pecado acometiendo, como Caín, el mayor de todos los pecados.
- Yo quería salvarlos --respondí tratando de explicar que mi intención fue buena, que en el fondo mis intenciones eran buenas.
¿Cómo exterminé la humanidad? Era una idea simple; el agua es el ingrediente elemental de todos los seres vivos, al menos de aquello que vive y vale la pena tomar en cuenta. Entonces pensé que el agua era el problema, cuando uno quiere trabajar hasta altas horas de la noche pide un café; si quiere descansar una ensalada es lo mejor para
calmar el estómago; el cuerpo con ajo se fortalece, son ejemplos elementales.
La misma agua que usó el griego Arquímedes es la que se servía en los cafés o bien como parte de la fórmula de las bebidas carbonatadas; esa misma agua sació la sed de los hombres de la antigüedad y los modernos, es por eso que decidí investigar la forma de llegar a todos los hombres con un elixir que levantará el espíritu de las personas.
- El agua mantiene el cuerpo y abreva el alma, el agua es donde lo inmortal del hombre reside --continúo el ángel, con voz terrible.
- Contaminé el agua... quería salvar al hombre.
El ángel guardó silencio. Un portal de luz se abrió a nuestro lado.
- Debo irme a la casa de los parques infinitos.
- ¿Y yo?
- En un día acabaste con todo lo creado. No morirás, la muerte es una forma de la salvación.
- ¿Me dejan aquí?
- Sin verde ni azul para tus ojos, sin poder morir por tu mano o de vejez, como una cosa rara, como un monumento a lo que has exterminado, aquí te quedas, y por ser el último serás también el primero, llama a tu casa como quieras, pero nunca será el paraíso, te dejamos rey de todo, de esa inmensidad que está muerta.
Y me quede aquí en esta piedra olvidada, llámame Adán.