Mundo Oculto

El misterio de la calavera del destino

La calavera está tallada sobre cristal de cuarzo, que sólo el diamante es capaz de cortarlo con precisión

A principios de siglo, un explorador y aventurero inglés encontró entre las ruinas de una ciudad maya una calavera de cristal de roca, perfectamente pulida.
Eso fue en 1924, cuando llegó a los bosques tropicales de Belice el polifacético explorador inglés Frederick A. Mitchell-Hedges, quien durante sus investigaciones arqueológicas encontró de forma casual este objeto de cristal de piedra.
El origen de tan desconcertante “escultura” es aún un enigma.
La calavera de cristal, también llamada “Max” o “Cráneo del Destino”, fue hallada en una antigua ciudad maya de forma absolutamente casual.
Orfebrería sorprendente
Es conocido que las habilidades del arte y la orfebrería precolombina resultan sorprendentes. Las elaboradas piezas descubiertas en 1987 al norte de Perú, pertenecientes al tesoro de Sipán, o la extraordinaria máscara de jade del señor Pakal encontrada en el templo de Palenque, son buenos ejemplos de la precisión técnica de los orfebres precolombinos. Sin embargo, la perfección del pulido que presenta la calavera de cristal dista mucho de las piezas precolombinas más trabajadas.
La calavera está tallada sobre cristal de cuarzo, que en la escala de Mohs de dureza de minerales alcanza un valor de siete sobre diez. Con lo cual sólo el diamante es capaz de cortarlo con precisión. Sin embargo, lo absolutamente incomprensible es que el “Cráneo del Destino” esté construido en una sola pieza (exceptuando la mandíbula móvil), y a lo largo y ancho de toda su superficie no exista ni una sola marca o arañazo de herramienta alguna.
En 1970 la compañía Hewlett-Packard sometió a la calavera a una serie de análisis, dictaminando que para obtener un producto como el examinado se necesitaban al menos trescientos años de trabajos manuales coordinados, actuando sobre la piedra por erosión de su superficie.
Posteriormente fue el laboratorio situado en los sótanos del prestigioso British Museum el que sometió a la calavera de cristal a diferentes análisis. Sin embargo, el cráneo consiguió eludir todas las pruebas manteniendo sus secretos.
Origen sin develar
Ni un solo indicio permitió al experto en piedras preciosas del British Museum, Alan Jogins, develar el origen de la misteriosa joya: “No tenemos pruebas positivas de que se haya empleado ningún metal --explicaría Jogins--, lo que no quiere decir que no lo hayan disimulado con habilidad. Es un trabajo diestro y muy sofisticado. Si fue realizado por personas primitivas es asombroso, porque el nivel de tallado a mano es de primerísima calidad”.
Los expertos sitúan la época de fabricación de la calavera de cristal en el periodo azteca, entre el 1300 y 1400 d.C. Pero, de ser así, ¿qué hacía una pieza azteca en una ciudad maya localizada a centenares de kilómetros más al sur?
Por otro lado, los indígenas, descendientes directos de los mayas, que trabajaron con Mitchell-Hedges en su excavación de Lubaantun, dijeron al intrépido arqueólogo que el “Cráneo del Destino” tenía más de 3 mil 600 años de antigüedad.
Otras calaveras
El misterio se complica al descubrir que la calavera de cristal hallada en Belice no es la única. Ya en 1889 un acaudalado soldado mexicano descubrió en nuestro país una calavera similar, con dos diferencias respecto a la de Mitchell-Hedges. En primer lugar, la calavera de cristal mexicana está construida en un cristal de cuarzo, de menor pureza, de una sola pieza, con lo cual la mandíbula no es móvil, sino que está adherida al resto de la pieza. Por otro lado, una gran raspadura en la parte superior del cráneo la diferencia también del perfecto “Max”.
Este cráneo de cristal se conserva en el Museo de la Humanidad de Londres, sin embargo, no hay datos sobre el origen de esta no menos enigmática pieza arqueológica.
Y por si todo esto no fuese bastante, un tercer cráneo de cristal, de idéntico estilo a los anteriores, se expone en el Museo del Hombre en París. Los expertos del museo afirman que formaba parte de un “cetro mágico” azteca del siglo XIII o XIV d.C. y que era usado para tener alejadas a las serpientes y predecir el futuro.
De los tres cráneos de cristal, sólo del de “Max” conocemos el momento y lugar exacto de su hallazgo. Su valoración, en más de 4 millones de dólares, y los misterios insondables que lo rodean lo convierten en una pieza estrella de la arqueología mundial.
* Tomado de www.losenigmas.com