Mundo Oculto

El lenguaje de las piedras


EFE / Reportajes
A veces queremos hablar de historias que desconocemos, de mundos insondables y misteriosos de los que es posible que no estemos, ni siquiera, capacitados para poder entender su propio lenguaje. Pero el hombre en su soberbia piensa que todo es fácil, incluso, conocer cómo hablan y lo que dicen las piedras, esas formas de la naturaleza que invaden campos y forman montañas.
Las piedras son, por su propia naturaleza, elementos imprescindibles de este planeta en el que nos ha tocado vivir, por lo menos, en esta vida. Sus formas son múltiples y variadas, y quién no ha soñado que una piedra se convertía en un ser humano, en un rostro, en un mensaje. Un campo lleno de esos pequeños o grandes conglomerados de determinados minerales que su día se unieron y quizás algún día vuelvan a separarse.
Pero ésta es la historia de la humanidad y de los seres humanos, ellos se unen y en alguna ocasión se separan. Para la vida de un ser humano es sencillo, porque la muerte es una separación, como lo puede ser la ruptura de un matrimonio o los hijos, cuando se van de casa, pero qué será para una piedra que durante tanto tiempo ha estado formando parte de una amalgama de sustancias pétreas, que en su día fueron flexibles, cuando la lluvia persistente de milenios o la acción corrosiva de los elementos, o quizás algunos bruscos cambios climáticos separen y den forma a otras piedras.
¿Sentirán melancolía de aquellas partes que dejan de formar parte de ellas? ¿Odiarán a los enemigos? ¿Sentirán celos? ¿Querrán matar o maltratar a aquellos que han provocado su separación? Y lo que es más importante, ¿tiene una piedra sentimientos?
Pensamos que las piedras no tienen sentimientos, pero ¿quién no ha querido alguna vez semejarse a una piedra para dejar de sentir, de sufrir? “Eres como una piedra”, se dice con frecuencia ante alguien que consideramos insensible. Sin embargo, ¿acaso sabemos o tenemos certeza en nuestra gran ignorancia si realmente una piedra siente o no?
Incógnitas que atesoran las piedras
Mientras, los seres humanos intentamos hallarle sentido a esta existencia y nos valemos de los descubrimientos científicos, de los preceptos filosóficos de todos los grandes hombres que se van alternando en poco espacio de tiempo, sin embargo, las piedras, si hablaran, serían capaces de contarnos todo, nos podrían informar de cuáles son esas incógnitas que los seres vivos y pensantes anhelamos con tanto ahínco.
Son muchos los hombres ilustres que han creído tener la verdad con tan sólo unos años que han dedicado a buscar respuestas a todas estas preguntas. Pero, ¿y si las piedras hablaran? Quizás ellas nos contarían con total fidelidad cómo ha sido nuestra evolución, cuáles han sido los axiomas y complejos teoremas matemáticos y biológicos que han hecho posible nuestra existencia.
¿Cómo podemos despreciar la capacidad de una piedra cuando nadie ha podido vivir o experimentar lo que una piedra? Mejor sería que hiciéramos un silencio respetuoso ante la presencia de cualquier piedra y, humildemente, reconocer que posiblemente seamos nosotros los que no tenemos capacidad para poder escucharlas.
Una piedra ha podido ver tantas y tantas cosas, desde las infinitas transformaciones de la naturaleza hasta esos pequeños cambios que nosotros en nuestra escueta historia conocemos.
Ha podido ser testigo de grandes acontecimientos históricos, de aberraciones humanas, de grandes pasiones o, simplemente, de la vida cotidiana de una mosca. Una piedra calla, nos ofrece el silencio pétreo, sin embargo, es posible que seamos nosotros los que no estemos capacitados para poder entender su lenguaje. ¿Quién podría atreverse a aseverar que tiene más conocimiento que una piedra?
Nuestro periodo de existencia en este planeta es demasiado corto para poder afirmar que entendemos algo y además nuestro conocimiento no procede más que de un efímero lapso de tiempo, casi un respiro en la existencia del mundo para cada ser humano como para poder aseverar que alguno de nosotros ha podido apercibir el TODO.
Y los que han podido llegar a entender algo en ese escueto espacio han tenido que pasar el testigo a sus fieles admiradores o alumnos incondicionales, que se han atrevido a continuar con una idea que quizás en un principio pudo ser extravagante y pudieron tildar a su precursor de loco.