Mundo Oculto

El pozo

"No tiene fondo", respondió Ángel Soto con ojos brillantes, y en un movimiento repentino tomó a Rodrigo del cuello

Jove

Ahora es un club. Alguna vez fue un centro recreativo.
Cuando era un centro recreativo nosotros nadábamos los fines de semana todo el día hasta que los dedos nos quedaban arrugados como los viejitos; entonces salíamos del agua al calor de nuestras batas de baño y en las reclinadoras esperábamos la llegada de la noche o de nuestros padres.
No sé cuándo ocurrió, pienso que fue a principios de septiembre, no lo recuerdo, pero fue Ángel Soto quien nos habló del pozo en el patio del centro recreativo.
"No tiene fondo --nos dijo con tono de misterio--, ahí se han perdido muchas personas cuando van allá atrás a cortar jocotes. Dicen que algo se los lleva dentro del pozo".
Cuando uno es niño lo atrae el peligro, quiere ver el mal a los ojos, sacarle la lengua y correr a un lugar seguro. Por eso acordamos con Ángel una incursión nocturna al centro para ver ese pozo anunciado por Ángel en la tarde, queríamos acercarnos al misterio.
Esa noche éramos Alexis, el valiente del grupo, el tembloroso Rodrigo, Ángel y yo, no llevamos más que un par de lámparas para alumbrar el camino.
Ángel nos enseño el camino secreto para entrar al centro sin tener que saltar el muro, un hueco en el que debíamos arrastrarnos un par de metros para entrar al local. No encendimos los focos y escuchamos a lo lejos la radio del cuidador, además, nuestro guía conocía el camino de memoria.
"Ya he venido muchas veces antes --nos dijo--, no se preocupen".
El supuesto pozo no parecía tal: había una base de cemento (lo sé porque lo he visto durante muchos años) en la cual tenían instalada la maquinaria que calienta la piscina.
Entonces Ángel movió un ladrillo dejando ver un hueco. "Es el pozo. No tiene fin". Y dejó caer un varilla de hierro, ésta golpeo las paredes mientras caía. Recuerdo que pasaron varios minutos hasta que ya no percibimos más ruido.
"Ya tocó fondo", dijo Alexis.
"No tiene fondo", respondió Ángel Soto con ojos brillantes, y en un movimiento repentino tomó a Rodrigo del cuello, abrió una trampilla en donde antes había extraído el ladrillo y lo lanzó.
Escuchamos a Rodrigo gritar por varios segundos, luego perdió la voz. Alexis reaccionó y golpeo a Ángel con todas sus fuerzas.
A estas alturas de nuestras vidas aún escuchamos a Rodrigo llamarnos desde el fondo del pozo con una risa espeluznante: ¡No tiene fondo!, ¡no tiene fondo!