Mundo Oculto

La civilización maya


EFE-Reportajes
La decadencia de la civilización maya comenzó hace unos 1,100 años, cuando los millones de indígenas que trabajaban en la construcción de altos templos piramidales y palacios comprendieron que sus reyes no eran dioses, explica el antropólogo español Andrés Ciudad.
El estudio de la cultura maya, desde sus orígenes hasta nuestros días, es una especialidad que ya se practicaba en el siglo XIX y que fue iniciada por los españoles durante la época colonial por ser un mundo extraño y misterioso de la civilización prehispánica, una cultura compleja que se desarrolló en las selvas del sur y sureste de México y América Central antes de la llegada de los europeos.
Mayas desmitificaron a sus líderes
El colapso de este pueblo, que contó con destacados matemáticos, astrónomos e ingenieros, llegó cuando sus monarcas dejaron de ser inmortales a los ojos de sus ciudadanos, subrayó Ciudad, Vicedecano de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid, quien por años participó en excavaciones arqueológicas en Guatemala y México, en las zonas de Salcajá, Agua Tibia, Cobá, Oxkintok, entre otros lugares.
Los reyes o castas sacerdotales ya no eran vistos como divinidades, pero de ninguna manera significa que los maya rompieron con sus dioses y mucho menos que consideraran su inexistencia, sino que simplemente los reyes ya no eran tan dignos de confianza como para ponerse voluntariamente al servicio de ellos.
Fue así como los habitantes de las tierras mayas, que ocupaban zonas de lo que ahora es Guatemala, El Salvador, Belice, Honduras y México, comprendieron que no había razón para “dejarse la piel” en la construcción de edificios faraónicos y templos destinados al enterramiento de reyes sin “privilegios celestiales”.
Ésta es una de las conclusiones a las que ha llegado el equipo de arqueólogos que ha dirigido Ciudad, Subdirector de la Ruta Quetzal, patrocinada por el BBVA, en el poblado de Machaquilá, a 150 kilómetros al sur de Tikal (Guatemala), la ciudad más representativa del mundo maya, bautizada por sus fundadores como “la ciudad de las voces”.
Teorías debilitadas
El estudio, que debilita las teorías que atribuían la muerte de esta civilización a luchas tribales o episodios prolongados de sequía, ha permitido, además, confirmar que los mayas no construyeron un imperio como tal, sino que forjaron una serie de estados descentralizados en los que, junto a los reyes, gobernaba una casta de nobles.
El colapso de esta civilización, conocida por perfeccionar un calendario asociado al movimiento de la Luna, el Sol o Venus, fue lento y necesitó de siglos, según el arqueólogo.
La paulatina propagación del proceso, que empezó en Occidente, explica que la actividad de grandes centros urbanos como Tikal, Yaxhá o Uaxactún cesara en el siglo IX, a finales del período clásico maya y que, sin embargo, se mantuviera en otros como Copán (Honduras) hasta el siglo XIII.
Fruto de todo ello es la diversidad y riqueza del patrimonio maya que pueden apreciarse en Santa Rita de Corozal o en Lamanai, la tierra del “cocodrilo sumergido”, al norte de Belice, donde pervivieron más tiempo.
Así, las formas de las ruinas de Lamanai, activas hasta bien entrado el siglo XVI, difieren, por ejemplo, de las de restos arqueológicos como los de Copán, famoso por su “suntuoso altar” de piedra esculpida.
A su vez, las ruinas de ambas urbes son distintas de las de la “temprana” ciudad de Tikal, en la región del Petén, donde, en opinión del arqueólogo, la armonía “domina” un espacio de prominentes templos piramidales que buscan el cielo en un intento por alcanzar al dios del maíz, la principal divinidad de los mayas.
Cultura milenaria amenazada
La belleza de los paisajes de la “Ruta Maya” es para el embajador guatemalteco en España, Roberto Gereda, el mejor reclamo turístico de Centroamérica, donde, asegura, “se mantiene viva la sabiduría del pueblo precolombino”.
Gereda explicó que un paseo por esta región, en la que se hablan, sólo en Guatemala, hasta 21 lenguas indígenas, basta para comprender la necesidad de proteger la identidad de los grupos que hoy custodian esa diversidad.
En su opinión, no sólo la cultura de las comunidades mayas se encuentra amenazada por la acción del “nuevo mundo global”, sino también su patrimonio y su entorno a causa “de la ambición” de los saqueadores de tesoros, madera y animales en peligro de extinción, como el jaguar o el quetzal, el ave sagrada de los indígenas.
No obstante, el embajador destacó los “importantes esfuerzos” que se realizan para el desarrollo de las tierras centroamericanas.