Mundo Oculto

Nuevo caso de "sati"

La inmolación de las viudas tras la muerte de su marido es una práctica del hinduismo, que cuenta con más de 700 años de antigüedad, y es fomentada por la familia del esposo

Nueva Delhi / EFE
El "sati", la inmolación de una viuda en la pira funeraria de su esposo, está duramente castigado en la India, pero un nuevo caso ha vuelto a evidenciar las dificultades de este inmenso país para superar sus tradiciones más atávicas.
La semana pasada, Janakrani, de 45 años, se arrojó a la pira donde ardía el cadáver de su marido, Prem Narayam, de 48, fallecido tras una larga enfermedad en el pueblo de Tulsipur, a unos 80 kilómetros de Sagar, en el estado de Madhya Pradesh (centro de la India), informó la agencia local PTI.
¿Sati voluntario?
La mujer se lanzó a la hoguera cuando estaba sola, por lo que la Policía no lo considera estrictamente un caso de "sati", al no haber acto externo, aunque admite la dificultad de demostrar si fue un suicidio decidido voluntariamente o si Janakrani se vio forzada psicológicamente, tras ser amenazada por su familia política.
La tradición del "sati", o inmolación de las viudas tras la muerte de su marido, es una práctica del hinduismo que cuenta con más de 700 años de antigüedad y es fomentada por la familia del esposo, pero está prohibida en la India desde 1829, durante la ocupación británica.
Actualmente se trata de un rito duramente castigado, hasta con la pena de muerte, contra aquellas personas que directa o indirectamente lo fomenten.
Penado, pero aún existe
Por lo general, se producen casos muy aislados del "sati", sobre todo en el mundo rural del norte y el centro del país, y pocas veces es posible demostrar que la familia del esposo impulsó a la viuda a cometer este terrible acto.
Tras ser vetado en la India británica, se aprobaron otras tres leyes en su contra, en 1956, 1981 y 1987, cuando las autoridades indias comprobaron que empezaba a resurgir.
Adorar el lugar donde se ha cometido el "sati", celebrar allí ritos, impulsar a las viudas a cometerlo o festejar el suceso son considerados actos ilegales.
Generalmente, el sitio en el que se ha cometido ese rito se convierte en lugar de peregrinación, donde la gente acude a depositar flores, velas, incienso y cocos, entre otros elementos utilizados frecuentemente en las celebraciones religiosas hindúes.
Uno de los casos más flagrantes ocurrió en 1987 en el estado del Rajastán (oeste del país), cuando el suegro y cuñado de una joven de 18 años fueron acusados en 1987 de forzar a la mujer a arrojarse a la pira y en 1996 fueron absueltos por un tribunal indio.
Práctica discriminatoria
Las organizaciones no gubernamentales opinan que la idea que justifica el "sati" es que el único valor de las mujeres depende de los hombres y que la continuidad de esta práctica demuestra la discriminación de la mujer en la India.
A la vez, es una nueva muestra de la dificultad para aplicar leyes modernas en la India, la mayor democracia del mundo, con mil cien millones de habitantes y auténtico mosaico de religiones, culturas y tradiciones, muchas de ellas contrarias a los cánones occidentales y claramente discriminatorias.
El ejemplo más claro y extendido es su sociedad de castas, desde hace siglos característico de la religión hindú y que ha impregnado al resto de religiones implantadas en la India, pese a estar actualmente prohibido por la Constitución de 1950, promulgada tres años después de la independencia del Reino Unido.
Prueba de ello es que el gobierno indio acaba de aprobar, entre fuertes críticas, una ley que reserva el 27% de las plazas universitarias para algunas de las clases desfavorecidas y que tiene en vigor cuotas para la casta más baja, llamada de los "intocables".