Mundo Oculto

Deseos de muerte

Algo llama la atención de ella al otro lado de la calle, unos hombres le gritaron que se apartara, lo siguiente, para Rosa, fue oscuridad

Rosa Ayala: 16 años. Oficio: adolescente. Como toda persona de su edad le dijo a Carmen, su mejor amiga desde preescolar, que le daba un poco de vergüenza presentarla --“un poco nada más”--, pues ahora estaban crecidas y la Carmen mantiene actitudes de niña; “ahora somos grandes”.
No se hablaron más hasta que Rosa soñó con ella, soñó que estaba en el cyber, que navegaba por Internet y alguien le enviaba un mensaje instantáneo: “¿Cómo te gustaría morir?”, y justo cuando Rosa iba a responder, surgía la mano de la Carmen para decirle: “No, no respondás ese mensaje”.
Como es natural, Rosa se despertó exaltada, se preparó para ir a clases, esperó el amanecer, llegó temprano al colegio y la noticia le pegó duro en el pecho: Carmen Espinoza estaba muerta. De su cuerpo calcinado quedó intacta su mano derecha, la misma que en sueños le advertía no responder el mensaje.
Rosa percibió el miedo, arrastrándose por su baja espalda; quiso pensar que era algo infantil, irracional, “seguro en la noche los ecos de una radio distante me trajeron la noticia”.
La Dirección dio la tarde libre para permitir a los alumnos acompañar a la familia de Carmen. “En estas horas tan difíciles”, Rosa no quería acompañarla, no desde que la familia de Carmen le echó en cara su crueldad tan infantil.
Con la tarde libre, decidió adelantar las tareas de la semana; las matemáticas, el español y el inglés la alejaban de la computadora, pero botánica necesitaba un poco de investigación, y de las bibliotecas ni hablar, pues es imposible fotocopiar y consultar catálogos a un ritmo aceptable.
“No seas niña”, se dijo al tiempo que pedía a su madre dinero para dos horas en el cyber. Después de los primeros 15 minutos en la computadora se convenció que nada debía temer.
Buscó, encontró, copió y pegó la información que necesitaba, observó el reloj, con 15 minutos de tiempo entró a los foros para saber dónde serían los mejores bacanales. “Aún no me dejan salir, pero es bueno saberlo”. Un tema atrapó su atención, la sedujo, la atrajo como mosca a la miel: ¿Cómo te gustaría morir?
No respondió, pero pensó que quería morirse sin darse cuenta, sin dolor, morirse feliz. “Se acabó el tiempo”, le dijo el dependiente del cyber. Rosa guardó sus cosas, estaba contenta con la tarea en su bolso y con el miedo infantil derrotado, algo llama la atención de ella al otro lado de la calle, unos hombres le gritaron que se apartará, lo siguiente, para Rosa, fue oscuridad. No vio el bus que venía a toda velocidad.