Mundo Oculto

Las profecías de Rasputín

Fue en París donde comenzaron a aparecer algunos de sus escritos de importantes hechos que acontecerían en Rusia y en toda Europa

EFE / Reportajes
Rasputín ha pasado a la historia como un oscuro personaje, cuya más famosa hazaña fue la de introducirse en la corte de los zares y dirigir los designios de Rusia, bajo los auspicios de la zarina, Alejandra Feodorovna. Rasputín fue considerado por algunos como un profeta y santo, mientras que otros le tildaban de corrupto e intrigante.
Grigorij Efimovitch Rasputín nació en Pokrovsekoe, Siberia (Rusia), en 1872, en el seno de una familia campesina que no le pudo dar ni estudios ni oficio alguno, aunque se sabe que trabajó durante algún tiempo de cochero y jardinero. Desde su infancia, Rasputín hacía valer con orgullo sus dotes paranormales ante las gentes de su pueblo. Se casó y tuvo tres hijos, se ganó fama de disoluto y tuvo cuentas con la justicia en más de una ocasión.
Sin embargo, un hecho extraordinario -según él narró- le procura un cambio definitivo en su vida. Abandona a su familia y se hace monje ortodoxo del monasterio de Vekhoture. Tras un tiempo de reclusión, sale a recorrer los caminos para predicar una especie de panteísmo semipagano por todo el país.
La meta de Rasputín sólo era una: llegar a San Petersburgo con la firme intención de ser acogido en Palacio. Consolidó su fama de hacedor de milagros y protegido por el gran duque Nikolaevitch, consiguió introducirse en la intimidad de la familia real desesperados por el príncipe heredero, Alexis, que padecía hemofilia y los médicos no lo curaban. Cuando Rasputín llegó, le realizó una imposición de manos, y a la mañana siguiente, Alexis asombró a sus familiares correteando por las estancias del palacio y aliviado totalmente de sus dolores.
De esta manera, se ganó rápidamente los favores de la emperatriz Alejandra y comenzó a influir en el ánimo del zar Nicolás II, hombre débil e irresoluto.
Profecías de
destrucción y esperanza
La degradación medioambiental del planeta, la pérdida de la fe y la caída de las religiones, así como los acontecimientos finales que habrán de acaecer en la humanidad, conforman el compendio de estas profecías, algunas de las cuales reproducimos a continuación.
“Antes de que mi cuerpo se haya convertido en cenizas, caerá el águila santa. Y será seguida del águila soberbia”. Este fragmento se interpreta como de la caída del imperio (águila santa), pocos años después de su muerte, y de la llegada del comunismo (águila soberbia).
“Las tinieblas caerán sobre San Petersburgo. Cuando su nombre cambie, el imperio habrá acabado”. Con la llegada del régimen socialista, San Petersburgo, que pasó a llamarse Stalingrado, perdió también su capitalidad en favor de Moscú.
“Cuando las imágenes vuelen, madurará un fruto venenoso, y muchos comerán de él. Y el fruto venenoso convertirá a los hombres en animales, incapaces de alzar la cabeza al cielo... Las imágenes voladoras consumirán las fuerzas del hombre, pero el fruto venenoso le embriagará”. Las imágenes voladoras se interpretan como a una referencia de la televisión, cuya influencia ha sido nefasta para el desarrollo espiritual y cultural de la sociedad.
“Maldito el día en que se comercie con el útero materno como se comercia con la carne de las vacas. En ese tiempo, el hombre, criatura de Dios, se convertirá en criatura de la ciencia”. La aparición de las madres de alquiler ha surgido en nuestra sociedad como recurso a la infertilidad.
“Los mares entrarán en la ciudad y en las casas como ladrones, y las tierras se volverán saladas. Y la sal entrará en las aguas; y no habrá agua que no sea salada”. Está comprobado que el deshielo de los glaciares está provocando el aumento del nivel del mar y que, en el caso de que siga produciéndose este fenómeno, determinadas ciudades de los distintos continentes serán anegadas por las aguas saladas.
“Cuando Sodoma y Gomorra hayan vuelto sobre la Tierra y los hombres se vistan de mujer y las mujeres de hombre, veréis pasar a la muerte cabalgando sobre la peste blanca”. El Sida ha sido considerada la enfermedad de final de siglo XX y su causa de contagio más común es la promiscuidad sexual.
“En el valle del color del sol crecerá un árbol con las hojas de oro y las ramas de plata. Y el árbol dará siete frutos: los frutos de las siete felicidades. El primer fruto es el de la serenidad de espíritu, y madurará en el punto más alto del árbol. Los otros serán los frutos de la alegría de vivir y el equilibrio de la mente, la salud del cuerpo, la unión con la naturaleza, la humildad sincera y la vida sencilla. Todos los hombres podrán comer de estos frutos, pero el que no sienta la necesidad de probarlos será excluido y no encontrará sitio en el carro de la serena felicidad. En este tiempo el hombre ya no vivirá de pan, sino de espíritu. Y las riquezas del hombre ya no se encontrarán en la tierra, sino en el cielo. Y el hombre estará hecho de cielo y de agua; y cuando vuelva a casa, el agua será absorbida por la tierra y el cielo volverá al cielo. Porque ya nada será dejado a los gusanos”.
Con un futuro lleno de esperanza para el hombre, Rasputín termina sus profecías y nos pone al alcance de la mano el Paraíso terrenal que habrá de llegar después de muchas calamidades. Es la promesa final para el planeta de la que han hablado tantos otros profetas a lo largo de la historia.
El asesinato de Rasputín
Al estallar la I Guerra Mundial, Rasputín ya era poderoso y ejercía su influencia. Estamentos políticos del régimen se encontraban desde hacía tiempo en oposición a las intrigas políticas del mago negro. Finalmente, una conjura política, consigue que el 30 de diciembre de 1916, el intrigante fuera primero envenenado y finalmente muerto a tiros. Su cuerpo fue abandonado bajo un puente del río Neva.
Tras la muerte de Rasputín, quedaron diseminados sus escritos proféticos, tanto la correspondencia que había mantenido con la zarina como los apuntes realizados durante su viaje a Tierra Santa.
Fue en París donde comenzaron a aparecer algunos de estos escritos que, inexplicablemente, se encontraban en posesión de un prófugo llamado Lavancenski, y que hablaban de los importantes hechos que acontecerían a Rusia y a toda Europa poco tiempo después y en el transcurso del siglo XX.