Mundo Oculto

Teléfono móvil

Un dolor en el vientre le advierte que son las últimas palabras de Laura, ya no verá más a su hija en el mundo

Carolina Salazar está cansada de la casa, los hijos, el ex marido y las cuentas que todos los días tocan el timbre.
- Si al menos Joaquín se llevara a los niños de vez en cuando de la casa. Para él es bien fácil: llega a verlos, les da dinero y se desentiende el resto del mes. No tiene que lidiar con Laura, de sus hijos Laura es la desobediente, absoluta, no escucha cuando le advierte: el mundo es malo, muy malo.
Mateo, por el contrario, es un pan de Dios, si todas las madres hubieran sido bendecidas por un hijo como Mateo, el mundo sería mucho mejor.
Ha decidido tomarse la mañana libre, no hay colegio, estarán en casa hasta las tres de la tarde, cuando regrese del mercado, el masaje y el salón de belleza. Quiere paz, tranquilidad, dormir, olvidarse de las obligaciones de la casa, visitar a las amigas.
- Mis amigas están casadas, en casa... esperando que sus hijos y el marido regresen a casa, todas no hemos hecho otra cosa que seguir el guión e interpretar la misma escena - lamenta su destino. Suena el teléfono móvil, es Laura. No quiere atender, está cansada de sus quejas, hoy está ausente, que deje mensaje.
- Tengo el día para mí y no tengo nada que hacer... no tengo vida propia. - Continúa lamentándose y el celular la interrumpe de nuevo, es Laura otra vez, no la atenderá, que deje mensaje. La verdad, esta niña me tiene cansada.-- dice como si Laura fuese hija de otra persona-- yo no quería una niña, las niñas son complicadas, los hombres son más fáciles, son mejores hijos.
Decide pasar el día en cama, estirarse, dormir, reponerse del cansancio de los 16 años, desde que Laura llegó al mundo. Suena el teléfono de nuevo, el identificador de llamada le indica que es el número de Mateo, atiende y es la voz de Laura que la llama.
-Mamita-- le dice. Laura nunca le ha llamado así, nunca, desde que la trajo al mundo. Cuando le llegó a hablar le dijo “Carolina”. Por más que lo intentó no le dijo mamá ni en sus primeros años, siempre Carolina, Carolina, Carolina, y ahora le dice “mamita”. Un dolor en el vientre le advierte que ésas son las últimas palabras de Laura. Ya no verá más a su hija en el mundo.
En la tarde, la Policía la buscará para identificar a su hija Laura, atada, torturada y asfixiada.
-Pensé que tampoco la querías- se justifica Mateo.