Mundo Oculto

El buda viviente arrepentido

Ahora lleva una vida secular, ya que, tal y como lo permite el budismo tibetano, colgó los hábitos, se casó y tiene tres hijos

Nagqu/ EFE
Medio centenar de reporteros extranjeros fueron invitados a conocer este mes el nuevo tren al Tíbet, China, y en el programa de actividades paralelas aguardaba una sorpresa: conocer a Kerdang Quzha, un buda viviente “arrepentido”.
Kerdang, de 58 años, habló brevemente con la prensa en las puertas del monasterio Shodeng, de la localidad de Nagqu, en el norte de la meseta tibetana y nueva parada del tren al Tíbet, inaugurado el pasado 1 de julio.
Kerdang, de piel curtida por el sol, como todo buen tibetano, fue considerado un buda viviente por los monjes del Shodeng, quienes creen que es la quinta reencarnación del abad del monasterio.
Colgó los hábitos
Lo sorprendente del caso es que Kerdang, a pesar de ser el principal responsable de este pequeño edificio religioso, lleva una vida secular, ya que, tal y como lo permite el budismo tibetano, colgó los hábitos, se casó y tiene tres hijos.
Con gafas de sol y el sombrero vaquero que está tan de moda en el Tíbet, el buda viviente relató a los periodistas cómo es la vida en el monasterio y en el pueblo de Nagqu, así como un poco de su historia.
“El anterior buda viviente definió que yo era su reencarnación”, contó a Efe Kerdang, quien no recuerda muy bien cuáles fueron los rituales seguidos para confirmarlo, aunque lo normal es que baste con que reconozca objetos personales de su antecesor o sepa frases pronunciadas por éste.
No recuerda reencarnaciones
El buda viviente reconoce que no recuerda nada de sus anteriores reencarnaciones, pese a que en el budismo hay gente que sí se cree capaz de tener memoria de ellas, e incluso asegura que sus amistades actuales ya lo eran en anteriores vidas.
El pueblo de Nagqu, donde vive Kerdang, ha cambiado mucho en las seis décadas que sí recuerda: de una pequeña localidad a la que acudían los ganaderos para vender sus productos ha pasado a ser una ciudad con un aspecto muy similar a las de las “tierras bajas” de China.
Lugar de paso de la carretera que sale del Tíbet por el norte y ahora parada del nuevo “Tren del Cielo”, Nagqu es un ejemplo de la influencia de la etnia mayoritaria china en la meseta tibetana, para bien o para mal.
“La ciudad ha prosperado y la población ha aumentado mucho”, señala el buda viviente, quien no gusta mucho de hablar sobre religión.
La dura vida del monje budista
Dentro del monasterio Shodeng, sus antiguos condiscípulos sí siguen la dura vida del monje budista tibetano, que pasa gran parte del día estudiando sánscrito (la antigua lengua sagrada del budismo) y los sutras (escrituras).
A las nueve de la mañana, los lamas se dan cita en la habitación principal del monasterio para entonar las oraciones, acompañadas por la música desafinada de platillos, enormes trompas y oraciones en graves sonidos guturales hasta la saciedad.Kerdang los contempla pero no parece sentir nostalgia por la época en la que él era no sólo uno de ellos, sino el más importante dentro del monasterio.
Los tulkus
Los budas vivientes son denominados por el budismo tibetano “tulkus” y, según la creencia, son figuras religiosas que deciden reencarnarse una o varias veces para completar las obligaciones que establece la religión budista.
El reconocimiento de que algunas personas eran reencarnaciones de otras en el Tíbet se generalizó hacia los siglos XII y XIII, cuando los lamas empezaron a concentrar el poder religioso y político en el “Techo del Mundo”. Los dos “linajes” de reencarnaciones más conocidos en el Tíbet son el Dalai Lama, que se considera reencarnado 14 veces desde 1391, y el Panchen Lama, “número dos” en la jerarquía de los lamas tibetanos, venido al mundo 11 veces, desde 1385.Sin embargo, se considera que el más antiguo de estos “tulkus” es el Karmapa, pues su primera vida comenzó en 1110 (el actual nació a principios de los 80).
La idea de la reencarnación o “tulku”, unida al derecho del reencarnado a heredar los bienes de su antecesor, ayudó a que los monjes tibetanos, a lo largo de los siglos, acumularan territorios y riquezas, convirtiendo sus “linajes” en auténticos feudos y poco a poco fueron dominando el poder político en el Tíbet.
El buda viviente
Se cree que hay unos 500 “linajes” de reencarnados en la religión tibetana, no sólo en el Tíbet, sino en otras zonas donde esta rama del budismo está más extendida (Nepal, Mongolia, India, Bután...).
Cuando el buda viviente está próximo a su muerte, suele profetizar de palabra o por escrito dónde nacerá su futura reencarnación. Aunque normalmente los budas vivientes suelen ser encontrados en el mismo Tíbet, hay notables excepciones, como Tenzin Osel, un granadino de 21 años que desde niño fue reconocido como la reencarnación de un lama tibetano llamado Yeshe.