Mundo Oculto

Pesadilla

Comprende que le han dado caza, que ellos dañaron el auto y lo atacaron cuando caminaba al pueblo

Jove

Despertó en el baño, sentía el cuerpo rígido como resultado de una larga inmovilidad.
¿Dónde estoy? --se pregunta mientras trata de recuperar el control sobre su cuerpo, nota que tiene la piel seca; marchita, cuarteada.
Con gran esfuerzo abre la puerta del baño, nota que es una casa grande, de varias habitaciones. Supone que la casa es de varios pisos. El motor de un auto que llega lo acerca a la ventana, confirma que esté en un tercer piso, en una casa ubicada en el campo, lo supone así pues el ambiente le parece rural, sin las luces de los paisajes urbanos, sin el ruido que taladra los oídos. En la noche el silencio y sólo las cigarras a los lejos. Lo de las cigarras le sorprende aún más.
--No es temporada de cigarras –-piensa--, falta al menos 5 meses –-lo dice con propiedad de zoólogo y se preocupa por la posibilidad que ese largo sueño se extendiera por más de unos días--. ¿Y si dormí por varios días?
Trata de recordar lo último fijo en su mente, estaba en el campo recogiendo muestras, el auto falló y decidió caminar al poblado más cercano.
--¿Qué me atacó?... ¿Era un tigre?... sentí algo puntiagudo en mi costado --con las manos aún rígidas intenta tocar el lado izquierdo del torso. Unas voces que salen de los cuartos le crispan los nervios, tiene miedo, quiere salir corriendo, no puede, apenas se mueve, apenas puede moverse.
Una mujer sale de una de las habitaciones, tiene un machete en las manos, pasa a su lado sin reparar en su presencia, la mujer le grita a otro personaje distante.
--¡Ya llegaron! ¡Apura!
--¡Voy! --responde una voz grave desde otra habitación. La mujer desaparece en el pasillo, luego se escuchan sus pasos en la escalera.
El hombre sale de la habitación, está lleno de sangre, sangre humana seguramente, lo ve de pie al lado de la ventana.
--¡Amor! --grita el hombre-- ¿Vos dejaste el cuerpo del zoólogo en la ventana? Desde la primera parte llega un distante no. Finalmente comprende que le han dado caza, que ellos dañaron el auto y lo atacaron cuando caminaba al pueblo.
El hombre lo carga en hombros, le dice que debe mantenerlo en temperatura fría para evitar que tan buen espécimen se deteriore.
Para Eduardo, así se llamó en vida el zoólogo, sólo le queda responder una pregunta: ¿estoy vivo? Y se responde a sí mismo: “Apenas”.