Mundo Oculto

Los cuatro elementales

No estamos solos, hay otros cuerpos y otras dimensiones que permiten a algunas personas incursionar en otros mundos y viceversa

El naturismo basa sus principios en las leyes de la naturaleza y en los elementos Tierra, Agua, Fuego y Aire. Desde esa óptica, los llamados tres reinos: animal, vegetal y mineral, precisamos vivir en armonía, para subsistir como seres vivos físicos o como especie, civilización y planeta.
La humanidad, según su grado de evolución, va caracterizando cada época, imprimiéndole un ajuste a lo que llamamos cosmovisión, historia o visión de futuro. Cada época ha sistematizado sus experiencias y no sólo le ha puesto una definición, sino un estilo de ver el mundo, al ser humano y a la naturaleza misma.
Sin embargo, el ser humano y las otras especies sólo necesitan: Tierra, Agua, Fuego y Aire; lo demás es complementario, interacción, evolución, transformación, combinación, pero todo integralmente es una sola acción, la acción de la vida.
Los cuatro elementales
La antropología, la historia, la literatura y el llamado “esoterismo” nos muestran la otra cara de la moneda frente a los cuatro elementos de la naturaleza con Los Elementales. Éstos son seres del plano interno de la naturaleza en su cuarta dimensión que se presentan al plano primario, donde vivimos, cuando son invocados por personas sensibles o con capacidades esotéricas.
En todas las culturas orientales y occidentales hay relatos históricos y comunitarios de su existencia. A las criaturas del Fuego, desde los tiempos más antiguos, se les conoce con el nombre de Salamandras; a los elementales del Aire se les designa con el nombre de Silfos; a los seres del Agua se les llaman Ondinas, Nereidas y Sirenas; a las criaturas que viven entre las rocas de la tierra se les dice pigmeos o gnomos. No son muy inteligentes, y ésta es precisamente la razón para que sean invocados tan frecuentemente, ya que otros seres presentarían más resistencia a la invocación.
Su apariencia
Las criaturas del Fuego son delgadas y de tamaño mucho más grande. Las criaturas del Aire parecen niños pequeños muy hermosos y con rostros radiantes; los elementales del Agua tienen diversas formas; algunas parecen damas inefables, felices entre las olas del inmenso mar, otras tienen formas de sirenas, peces con cabeza de mujer, y por último hay ondinas que juegan con las nubes o moran en los lagos y ríos que se precipitan entre sus lechos de roca. Los gnomos de la tierra, los pigmeos, parecen ancianos con barba blanca.
Los más identificados por nosotros son los llamados duendes, hadas, sirenas, ancianos con barba y espíritus burlones y casi siempre son vistos por los niños, niñas y adolescentes.
Podemos llamar a todo esto un sub o inframundo, pero lo que muchas veces es un relato o historia oral de la población no tiene su origen en la ignorancia o sencillez, sino en los fenómenos inescrutables del cosmos, su creador y sus criaturas.
Cuando el planeta era sólo una masa incandescente y sin vida, los elementales estaban presentes planeando la construcción y la vida futura, ayudando a los espíritus superiores, arquitectos cósmicos, quienes eran los encargados de coparticipar en la obra del Creador.
No estamos solos, hay otros cuerpos y otras dimensiones que permiten a algunas personas incursionar en otros mundos y viceversa.
Toma nota
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