Mundo Oculto

Caníbal

El sabor de un hombre es diferente al de una mujer. El miedo le hace bien a la carne de la mujer, pero el miedo arruina la carne del hombre

Jove

-Es falso sargento –increpa Lorenzo Martín–, no es el hambre ni la locura lo que nos empuja a devorar a otra persona, es algo más profundo y a la vez más básico, tan elemental que una persona sofística como usted no puede entender. Usted lucha contra malos espíritus, entes perdidos sobre la faz de la tierra, demonios que el
altísimo no ilumina...
-No te entiendo.
-En el mundo animal, sargento, hay dos tipos de canibalismo: el normal, cuando los recursos no son suficientes y, por tanto, para sobrevivir, deben devorarse los más débiles. Éste es un comportamiento más común de lo que usted puede creer. Sus tonterías no lo salvarán de la prisión.
El segundo tipo es el aberrante; no tiene causa real, puede ser imaginaria, y se consume a otra persona cuando en realidad no hay necesidad. También está el consumo por razones mágicas. Ficciones sargento, ficciones de una ciencia conocida como antropología, ficción que supongo, usted comparte totalmente. Entonces su comportamiento es aberrante.
¿Esperaba usted que yo buscara en mis actos succionar el alma de mis víctimas? El fondo de los ojos negros de Martín brilla con intensidad.
¿Alguna vez ha probado la carne humana sargento?
-No.
-Es muy similar al cerdo, pero es más blanda que el pollo, es la mejor carne del mundo. Hay que saber cortarla y, claro está, matar; hay que saber el arte de la muerte.
-¿Por qué me dice estas cosas?
-Ya llegaremos sargento al punto. El sabor de un hombre es diferente al de una mujer. El miedo le hace bien a la carne de la mujer, pero el miedo arruina la carne del hombre, los hombres no tienen que saber ni imaginar que la muerte se aproxima; en el caso de la mujer un poco de tortura es necesaria.
Yo no le digo no a la carne cruda, pero si tengo la oportunidad y el tiempo prefiero preparar la carne, en ocasiones salarla para tener suficiente para varios meses, uno no puede andar por ahí desapareciendo a la gente, en algún momento comete el error de alimentarse de una persona amada. La mejor manera de preparar la carne es la arena, cubrirla con hojas de palmera, toma entre ocho y 12 horas obtener el sabor deseado, pero usted sabe que vale la pena.
-¿Cómo?
-¿Qué desayunó esta mañana?
-Nacatamal, el cabo compró. El sargento observa una mueca de gusto en los labios de Martín. Se lanza sobre él y lo golpea con toda su furia. Martín se deja hacer, quizás porque está esposado, quizás porque el dolor le causa placer.
-Sargento –escupe sangre Martín– ya no estoy esposado. Y Martín se lanza sobre el sargento, lo muerde, lo domina con una fuerza sobrenatural.
-¡Auxilio! ¡Ayúdenme!
No grite sargento, está arruinando el sabor –le dice mientras lo muerde con fuerza en el hombro y le clava las uñas de la mano derecha sobre el corazón. Intenta desgarrar la carne para alcanzar el corazón, con la mano izquierda le sujeta las dos manos al sargento, quien intenta separase del caníbal.
El cabo entra en la habitación, golpea con la cachiporra a Martín en la cabeza, quien no suelta al sargento.
- ¡Mátelo! -grita desesperado el sargento, y el cabo obedece con un certero balazo en la cabeza de Martín. Será necesario traer al herrero del pueblo para abrir su mandíbula y liberar al sargento.