Mundo Oculto

La artesana de los sueños

Le dio experiencias, riquezas, conocimientos, más de lo que se merecía. Él murió en el clímax de su pasado perfecto

Jove

Ella se decidió por el vestido rojo y reptó en el techo con gracia felina. Hundió con placer sus delicadas ‘pezuñas’ en el poco pasto verde de arriba del muro para tener una cómoda panorámica de la Ciudad Imaginaria y estiró la mano. Esta vez hacia la luna.
Estaba alta, aburrida, con sus tonos mate nocturnos. Como un gigante anuncio galáctico.
La súbita caricia de Ella la sacó de su letargo y se sobresaltó. Dicen que un par de personas murieron en las costas por tal sobresalto, la luna trinó como pajarito y se mecía suavemente al compás de las caricias de Ella.
Ahora Él no tocó a su puerta, sino a su mente. Ella no le respondió sino que fue sacudida telepáticamente por un golpe imaginario de su parte.
Bajó reptando y entonces Él le solicitó sus servicios.
"¿Sos la artesana de los sueños?"-- preguntó telepáticamente viendo a todos lados. Estaba seguramente en un área prohibida. Ella asintió.
Él quería un pasado sencillo, sin pretensiones, sin sobresaltos, algo estándar, nada de hechizo.
Ella estaba un poco cansada, tanta comunicación telepática entorpece algunas necesidades poco básicas, como respirar y el bombear del líquido vital. Y le fabricó un pasado.
No fue un pasado sencillo, porque asumió que buscaba la sencillez a causa de su bolsillo. Le dio uno por lo alto: mucha felicidad, demasiada felicidad, tanta que gastó la suya propia.
Le dio experiencias, riquezas, conocimientos, más de lo que se merecía. Él murió en el clímax de su pasado perfecto.
Ella quedó hecha un bagazo, gastó sus propios recursos de aire, sangre. La Luna la lengüeteó tratando de reanimarla. Entonces cantó triste. Trinó
Así cayó una vez más, cuando el astro recién nacido despertó a La Ciudad Imaginaria de su perenne insomnio con sus gritos de neonato.