Mundo Oculto

La meditación

Cuando mencionamos meditación podríamos preguntarnos, ¿qué es?, ¿cómo se hace?, ¿qué se logra con ella?

En el budismo la meditación es la práctica básica, fundamental, es el mecanismo con el cual podemos transformar nuestra mente. Si meditamos de forma sistemática y con el corazón puro, podremos poco a poco eliminar nuestras perturbaciones mentales que se reflejan en preocupaciones, angustias, rencores, apegos, envidias, etc. Todos esos sentimientos y sensaciones no nos permiten disfrutar de paz interior.
Meditar es acercar nuestra mente a la virtud, es concentrar la mente tanto tiempo como podamos en un objeto virtuoso. Un objeto virtuoso es todo aquello que produce paz en nuestra mente, estos objetos pueden ser un deseo de ser mejor, una decisión de practicar una virtud, una imagen de Buda, una conclusión sobre una de sus enseñanzas.
Para desarrollar la mente
Se afirma que un objeto es virtuoso cuando nos hace desarrollar una mente apacible al analizarlo o concentrarnos en él. Caso contrario, si generamos una mente agitada por el odio o el apego, esto nos indica que el objeto no es virtuoso. Gueshe Kelsang Gyatso, quien es el guía espiritual de nuestra tradición, la Nueva Tradición Kadampa (NTK), en su libro “El Manual de Meditación” nos presenta detalladamente, además de la forma de meditar, los 21 temas que al practicarlos transforman nuestra mente y nos llevan hacia el logro de la aspiración suprema del ser, “la iluminación”.
Nuestra tradición contempla cinco partes en la meditación que son muy importante, pues ellas nos permiten que la meditación sea provechosa. Además, nos permite acumular méritos, recibir bendiciones de los seres sagrados y purificar nuestro mal karma.
- La primera etapa de preparación es sumamente importante, pues es la base para el éxito de la meditación. Si nos preparamos bien, nuestra meditación será provechosa. La preparación es por una parte física: limpiar el lugar donde se medita y preparar un altar con la representación del cuerpo de Buda (una imagen), de su palabra (un libro de enseñanzas) y de su mente (una estupa); y por otra mental, se trata de calmar la mente mediante el ejercicio de concentrarse en la respiración y purificarla rezando las oraciones para meditar.
- La segunda etapa es la contemplación; contemplamos el significado de la enseñanza mediante la escucha o la lectura. Se trata de analizar la enseñanza, compararla con nuestras vivencias o experiencias. El resultado de la contemplación será generar una conclusión de cómo llevar a cabo esa enseñanza o generar una actitud mental virtuosa. Esta conclusión es lo que se convierte en el objeto de la meditación.
- La tercera etapa es la meditación en sí; es la concentración en el objeto de meditación que aparece de manera clara después de la contemplación; nos concentramos tanto tiempo como podamos. Si mientras estamos concentrados nuestra mente piensa otras cosas o situaciones, debemos dejar ir estos pensamientos y retomar el objeto de meditación.
- La cuarta es la dedicación; después de que finaliza nuestra concentración dedicamos los méritos que acumulamos con esta práctica para el bienestar de todos los seres o bien por algo específico que nos interese. Si no dedicamos los méritos que acumulamos, los perdemos.
- La quinta es la práctica subsiguiente; aquí integramos la enseñanza en nuestra vida cotidiana. Por medio de la retentiva y la vigilancia mental aplicamos durante todo el día o semana, entre meditación y meditación, la conclusión tomada. Por ejemplo, si nuestra conclusión fue no criticar a los demás, la recordamos constantemente y estamos alerta para detenernos cuando, por la familiaridad que en esos aspectos tenemos, iniciamos una crítica.
Es importante que durante la meditación estemos sentados, con los pies firmes en el suelo, con la espalda recta y los ojos cerrados o semicerrados. Si descubrimos que nuestra mente está distraída y vaga tras pensamientos e ideas, de inmediato volvemos a concentrarnos en la respiración.