Mundo Oculto

El enigma del diluvio universal

Recientes investigaciones parecen demostrar que lo que podía parecer una leyenda bíblica pudo tener lugar en un remoto pasado

EFE/ Reportajes
El Arca de Noé es la protagonista de una de las historias más impresionantes del Antiguo Testamento, según la cual, un buen hombre de nombre Noé albergó en ella a una pareja de cada especie animal, para sobrevivir a las torrenciales lluvias que durante cuarenta días cayeron sobre la Tierra, dejando sumergida la vida.
Tras ese periodo que fue predicho por mensaje divino, el sol volvió a lucir en el cielo y Noé dispersó a sus huéspedes para que poblaran el mundo y restituyeran el desequilibrio natural, provocado por la ira divina como consecuencia de los desmanes del hombre.
Lo que no dejaba de ser una leyenda parece haberse convertido en una realidad y las últimas investigaciones realizadas sobre la zona del mar Negro nos hablan de restos que podrían corresponder a tan filantrópico navío.
La última investigación se ha realizado en el Mar Negro, en la costa norte de Turquía, mar adentro, en el lugar donde hace más de 7,000 años se encontraba la costa antes de que tuviera lugar el diluvio universal. Se trata de una zona situada a 165 metros por debajo del nivel del mar, donde mediante sonar fue detectada más de una treintena de bloques de piedra que no constituyen una formación geológica natural.
Restos de una civilización previa a la inundación
Posteriormente, los expertos realizaron un análisis más detallado con cámaras a control remoto y hallaron en el lugar piezas de madera y otros objetos, probablemente de cerámica. “Es un paisaje subacuático con materiales que provienen del período previo a la inundación”, dijo el arqueólogo Bruce Hitchener, editor de “The American Journal of Archaeology”, la revista donde ha sido publicado el hallazgo.
Por su parte, una expedición liderada por el ingeniero italiano Angelo Palego ha dado a conocer recientemente algunas fotografías de lo que, asegura, podría haber sido el Arca de Noé. Se trata de supuestos restos de la mítica embarcación bíblica que, al parecer, se encuentran aprisionados bajo el hielo del monte Ararat (en la Turquía oriental).

Génesis de un descubrimiento
El descubrimiento de una edificación sumergida desde hace 7.500 años en el mar Negro aportó una prueba espectacular sobre la existencia de la gigantesca inundación narrada en el pasaje bíblico del diluvio, según el autor del hallazgo, el arqueólogo marino Robert Ballard.
Ballard, con gran prestigio en la exploración submarina y descubridor de los restos del “Titanic”, en 1985, afirmó que el hallazgo superaba a aquél en importancia. El investigador estadounidense aseguraba que su equipo, utilizando avanzados sistemas de sonar y rastreo marino, así como pequeños sumergibles, halló una construcción humana a unos cien metros de profundidad en el mar Negro, la cual parecía demostrar la existencia de ciudades antes de la gigantesca avenida de aguas que registra la Biblia.

Las investigaciones de Ballard en la zona ya habían encontrado rastros de una antigua línea costera que indicaban que la cuenca que ahora ocupa ese mar recibió un aporte gigantesco de agua de modo súbito. La construcción descubierta, de unos doce metros de largo por cuatro de ancho, parece ser un habitáculo de madera asentado sobre un lecho de arcilla. Aunque la edificación está derrumbada, mantiene parte de su estructura conservada por la ausencia de oxígeno.
El mar Negro, separado del Mediterráneo por el estrecho del Bósforo, alberga vida sólo en sus capas superficiales, pero las profundas carecen por completo de oxígeno, lo que favorece la conservación casi intacta de los restos que yacen allí. Esta circunstancia animó a Ballard a acometer una investigación arqueológica en ese mar, en busca de restos hundidos de lo que, en su opinión, podían ser los primeros intentos de la navegación humana.
Pero la expedición tomó otros derroteros, tras conocer Ballard el libro “Noah`s flood” (La inundación de Noé), de los geólogos de la Universidad de Columbia William Ryan y Walter Pitman.
Según estos investigadores, el mar Negro fue en su origen un lago de agua dulce con una superficie mucho menor de la que ocupa ahora. Pero el agua del deshielo, tras las últimas glaciaciones, hizo que el Mediterráneo rebosara sobre el estrecho del Bósforo, lo que inundó tierras, destruyó ciudades y acabó con sus habitantes, al tiempo que originaba el actual mar Negro.

La realidad de las leyendas
La teoría de ambos geólogos y las investigaciones de Ballard son coincidentes con los pasajes bíblicos del Génesis y otros textos bíblicos con una antigüedad de unos 2.900 años, que mencionan una devastadora inundación, al igual que el poema de Gilgamés, que se remonta a 3.600 años.
Hershel Shanks, editor de la publicación Arqueología Bíblica, opina que “aunque los expertos en la Biblia tienden a considerar aquellas inundaciones una leyenda, las leyendas no surgen sólo de la imaginación, sino que parten de un hecho, de la experiencia”.
La gran venida de aguas, según la susodicha teoría, anegó millones de kilómetros cuadrados en una zona del mundo en la que habían comenzado a instalarse los primeros asentamientos humanos organizados, con agricultura, cultivos y poblaciones estables. Los asentamientos agrícolas humanos más antiguos descubiertos hasta ahora se remontan a unos 6.000 años de antigüedad en la región de Oriente Medio.
Según los relatos bíblicos, Dios decidió castigar a la humanidad con un diluvio aniquilador, pero antes dio a un hombre virtuoso, Noé, el mandato de construir una gigantesca arca para embarcar en ella a su familia, así como a una pareja de cada especie animal, hasta que las aguas remitieron.
Cuando las tierras se secaron, tras la aparición de un arco iris que marcaba el fin de las lluvias, la agricultura y los asentamientos humanos comenzaron a reaparecer en lo que hoy es Turquía, Siria y el norte de Irán e Irak.