Mundo Oculto

El drama de Moisés en América


Si Yahvé hizo caminar a Moisés con sus seguidores por el desierto durante cuarenta años, también el dios de los aztecas obligó a éstos a una caminata de casi 3 mil km, antes de que hallasen en una pequeña isla en medio del lago Texcoco, al águila de su profecía devorando a una serpiente. Era el símbolo que les indicaba que aquella era su tierra de promisión.
Los paralelismos entre el éxodo del pueblo de Israel y el del pueblo azteca comienzan con la personalidad misma de los dos protagonistas, Yahvé y Huitzilopochtli.
Ambos querían ser considerados como protectores e incluso como padres, pero eran tremendamente exigentes, implacables en sus frecuentes castigos, y muy irritables.
Además, ambos les indicaron a sus pueblos elegidos que abandonasen la tierra que habitaban y acompañaron personalmente a sus protegidos a lo largo de todo el peregrinaje.
Yahvé lo hizo como ya vimos en forma de una curiosa nube o columna de fuego y de humo que les procuraba luz de noche y sombra de día, o les señalaba el camino que debían tomar.Huitzilopochtli, a su vez, acompañaba a los aztecas en forma de un gran pájaro.
La tradición afirma que fue un águila o una grulla blanca, que les iba indicando la dirección en la cual debían caminar desde las tierras de Arizona y de Utah hasta el emplazamiento de la actual capital de México.
Pero lo más curioso es que los dos pueblos --israelitas y aztecas-- transportaban una especie de caja sagrada que para ellos tenía una gran importancia y que servía para comunicarse directamente con la divinidad.
Los israelitas llevaban la famosa Arca de la Alianza, y los aztecas llevaban un cofre, tal y como nos lo cuenta fray Diego Durán, historiador contemporáneo de la conquista: “Cuando llegaban a un lugar para quedarse en él durante algún tiempo, lo primero que hacían era construir un templo que servía para alojar el cofre en que llevaban a su dios”.
Los escudos volantes de los hopi
Si Carlomagno fue ayudado por unos escudos volantes, también los aztecas --procedentes de Arizona-- contaron con el apoyo de una inteligencia que dominaba el vuelo. Ambas circunstancias se repiten en la historia de los indios hopi --establecidos en la actual Arizona--.
Según explica su jefe White Bear, contaban sus antepasados que sus abuelos habitaban unas tierras situadas al Oeste, o sea en algún punto del Océano Pacífico. Al hundirse estas tierras, unos seres descendidos de las alturas --los katchinas-- les ayudaron a trasladarse al continente americano, en parte sirviéndose de escudos volantes.
Estos seres sabían, además, tallar grandes bloques de piedra, dominaban el transporte aéreo de estos bloques, y eran diestros en la construcción de instalaciones subterráneas. Algo muy parecido a lo que nos narran, según vimos, los antiguos textos sánscritos.
Ovnis en la conquista de América
Después, siempre alguna inteligencia siguió sobrevolando a los humanos en tierras americanas siglos más tarde. Así, Bernal Díaz del Castillo, cronista de Hernán Cortés, escribe en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España: “Dijeron los indios mexicanos que vieron una señal en el cielo que era como verde y colorada, y redonda como rueda de carreta, y que junto a la señal venía otra raya y camino de hacia donde sale el sol, y se venía a juntar con la raya colorada”.
Y, un poco más adelante: “Lo que yo vi y todos cuantos quisieron ver, en el año 27” --1527-- “estaba una señal del cielo de noche a manera de espada larga, como entre la provincia de Pánuco y la ciudad de Tezcuco, y no se mudaba del cielo, a una parte ni a otra, en más de veinte días”.
Son, una vez más, solamente dos pinceladas de los muchos objetos volantes no identificados que --en este caso-- refieren las crónicas de la conquista de América.
Tomado de www.losenigmas.com