Mundo Oculto

Un grito en la Construcción

Un muerto es algo que su conciencia no puede tolerar; respira y baja los 20 metros hasta la base

Filadelfo Ruiz, ingeniero civil, corrió hasta la excavación para supervisar el rescate del obrero atrapado en la fosa. Ruiz teme lo peor; los hombres son los mejores en su campo, pero con la reducción del presupuesto la seguridad laboral está en el nivel mínimo.
Quiere entregar los cimientos y que otro ingeniero se haga cargo, teme que la presión de esta semana sea la causa del accidente. Un muerto es algo que su conciencia no puede tolerar; respira y baja los 20 metros hasta la base. Cuatro hombres sostienen la línea de seguridad, una soga que desaparece en un hoyo en el piso de tierra.
- Pensé que estaba enterrado vivo - observa con alivio Ruiz.
- Estábamos excavando - explica Rolando, el maestro de obra – cuando el piso se abrió bajo sus pies.
- ¿Por qué no lo han subido?
- No podemos, parece que está atrapado - responde otro de los obreros.
- Hay que bajar a ayudarlo - anuncia Ruiz.
- Ya debe estar muerto - dice Rolando, para expresar el temor compartido con sus hombres de convertirse en otra víctima fatal.
- Yo bajaré - anuncia Ruiz, se coloca el arnés de seguridad, prueba las luces de emergencia y los hombres lo bajan a ritmo lento.
Ruiz nota, al entrar en el hueco que apenas alcanza un hombre de complexión normal, que la luz no entra en el túnel, enciende la lámpara y el mismo fenómeno ocurre; el hueco se traga la luz, un sudor frío le corre por la espalda.
Le grita a los hombres con la esperanza que lo suban de nuevo, apenas ha descendido par de metros, sabe que no lo escuchan, que de ahí no puede salir la luz, tampoco escuchan sus gritos los obreros arriba, el hueco se traga todo, en el fondo nota unos ojos inyectados en sangre, esperándolo, sonríen y muestran unos dientes carnívoros.
Ruiz lanza contra esos ojos hambrientos la lámpara, el casco y unas tenazas con las que pretendía liberar al obrero que suponía atrapado en el fondo del hueco. La cosa cierra los ojos y el encanto se rompe, los hombres lo sacan a la luz. En el fondo la cosa grita hambrienta y su grito retumba en toda la obra.
- Terminamos aquí - ordena Ruiz, mientras recupera el aliento – por hoy y para siempre.