Mundo Oculto

El buen samaritano

Fortiori lanza la bengala e ilumina con desesperación la cabina con la intención de despertar al conductor

Jove

Jorge Fortiori, 50 años, de oficio camionero, siente los ojos como si
de cada párpado colgase un saco lleno de piedras. El instinto le dice
que debe reposar, orilla el camión y sitúa las señales para prevenir a
los que conducen desbocados a su destino, luego tira el cuerpo en la
cabina como un zapato viejo.
Fortiori sueña; un camión aparcado, una gasolinera, un chofer que
despierta, en el retrovisor del prójimo que despierta observa las
facciones de un hombre joven cansado, en sus ojos vislumbra el signo
de la muerte; callada desesperación. Escucha el motor, los juramentos
del hombre, el chirriar de los neumáticos en cada curva.
- Conozco esa carretera --piensa Fortiori en el sueño--, en 10
kilómetros me verá de frente. En cinco minutos estaremos los dos muertos.
Fortiori despierta, maneja a toda marcha en la carretera, piensa que
ha estado en la carretera manejando dormido, pero no son sus manos
las que se aferran al volante en esa galopada infernal contra el
tiempo.

- Es una pesadilla, estoy atrapado en sueños, despierto en uno para
descubrir que estoy en otro. --Piensa, se concentra y grita--,
¡Despierta! ¡Jorge despierta!
Abre los ojos, observa las manos, son sus dedos, su camión, y está
detenido a la orilla del camino. Respira tranquilo, escucha un
crujido de neumáticos quejándose en el asfalto a lo lejos.

- Hay algo de verdad en la pesadilla --se dice--, toma la lámpara de
emergencia, la bengala y señales, corre 100 metros hacia la curva y
ubica las señales, tiene la intensión de regresar al camión para tocar
la bocina, es muy tarde, el camión sale desbocado de la curva,
Fortiori lanza la bengala e ilumina con desesperación la cabina con la
intención de despertar al conductor. El camión da bandazos, recobra
la vertical y continúa su camino.

Aliviado, Jorge Fortiori regresa al camión, ha salvado la vida de un
hombre que quizá no le agradecerá.

- No me van a creer los muchachos cuando les cuente. El camión pasó a
centímetros de mí, un poco más y quedo al lado del camino retorcido
como un tronco viejo. --Piensa Fortiori, tratando de recobrar la calma,
algo le molesta y no sabe qué aún-- pasó a centímetros de mí, dio bandazos
en la carretera y no me tocó. No puede ser, yo debería estar en la
carretera muerto --concluye con agonía.

Jorge Fortiori observa la carretera, busca su cadáver, está seguro que
es un fantasma, pero no hay nada.

- Tampoco sentí el viento del vehículo al pasar --piensa--, estaba
soñando, je, je, je, estoy soñando todavía.

Jorge Fortiori despierta, observa en el retrovisor esa mirada de
callada desesperación, eran sus ojos los que miraron el rostro del
otro, comprende; una vez en la ruta el cansancio me vencerá.