Mundo Oculto

Prestidigitación e ilusionismo

Existen fenómenos que tienen que ver con el poder psíquico y fuerzas hasta ahora inexplicables para la ciencia, sin embargo, también hay personas que utilizan ciertas técnicas capaces de engañar al ojo humano

La prestidigitación y el ilusionismo son dos conceptos que representan el arte de dar la impresión al espectador de que se realizan actos que son irrealizables, con el fin de entretener y hacer pasar un rato agradable a éste.
Los prestidigitadores e ilusionistas son como un actor que se valen de la psicología, así como de su destreza digital y de aparatos mecánicos para hacer sus actos. Su éxito depende principalmente de la habilidad para engañar a su público, y es por eso que, los que nos dedicamos a esta profesión, cumplimos fielmente con el segundo mandamiento de todo buen mago, que es el guardar celosamente los secretos.
Vale la pena mencionar que un gran número de los actos que realiza un prestidigitador son obra de la destreza de sus manos, y por tanto, es de vital importancia la preparación psicológica del mismo para llevar a cabo dichos actos.
En los juego de manos, aunque no se realicen precisamente con gran rapidez, se requiere de gran destreza en el prestidigitador y muchas horas de ensayo para adquirir plena seguridad. Su agilidad se asemeja a la de un cirujano, con la diferencia de que este último no tiene que preocuparse por la impresión que causen sus movimientos a los presentes, mientras que este detalle para el prestidigitador es fundamental.
Por otra parte, y a pesar de que son muy variados los actos que realiza un ilusionista, el éxito que logre depende cerca del 80% de la habilidad psicológica con que los presente. El 20% restante corresponde por partes iguales a la destreza que sea capaz de desarrollar en sus manos y a los aparatos que disponga.
Los primeros prestidigitadores e ilusionistas eran actores ambulantes que iban de pueblo en pueblo con el equipo que podían cargar personalmente o con la ayuda de un asno. Los secretos iban transmitiéndose de unos a otros.
En los siglos XVI y XVII, se empezó a publicar libros en los que se describían algunos de los secretos, entre ellos el titulado Engaños a Ojos Vistas, publicado en Madrid en 1733, por Pablo Minguet e Yrol, en donde hablaban sobre el uso de un delantal con bolsillos.
Posteriormente el gran aumento en el equipo utilizado hizo necesario el contar con lugares permanentes destinados para las presentaciones con escenarios. Entre los artistas que más contribuyeron a perfeccionar el arte en el siglo XIX está Jean-Eugène Robert-Houdin (nacido el 6 de diciembre de 1805 en Blois, Francia y fallecido el 13 de junio de 1871 en St. Gervais) y está considerado como el padre de la prestidigitación moderna, además de ser el primero en utilizar la electricidad en la presentación de sus actos.
Estos aparatos y equipo de los que se valen los prestidigitadores e ilusionistas son de vital importancia para la presentación de sus experimentos y se podrían clasificar en tres tipos:
Los que ve el público exactamente como son.
Los que tienen algún dispositivo secreto que ayuda a la presentación del experimento sin alterar el aspecto del aparato.
Y los que se mantienen ocultos a la vista del espectador y que se utilizan sin que éste lo advierta.
Consejos
De alguna manera u otra, todos los que se dedican a la magia tienen que poner en práctica los mandamientos de todo buen mago:
Practicar hasta hacer a la perfección un truco.
Nunca jamás expliques a tu público cómo hiciste un truco. Tan pronto como lo sepan, se pierde todo el misterio.
Nunca hagas el mismo truco dos veces ante la misma persona. La segunda vez, observará cada movimiento y así verá lo que no había visto la primera vez.
Utilizarás un espejo para practicar e identificar tus fallas y errores. También una cámara de vídeo puede resultar muy útil para mejorar la actuación.
Nunca dirás lo que vas a hacer. Impresiónalos.
No imites a los demás magos, se tú mismo, se original y con estilo propio.
Nunca seas presumido. Esto cae mal a las personas.