Mundo Oculto

Artilugios volantes

Los objetos voladores no identificados no son un fenómeno nuevo. Según nos indican las antiguas escrituras históricas, de vez en cuando se menciona la aparición de aparatos voladores y luminosos

Demos un salto en la geografía y nos vamos a la India, en donde podemos leer en la gran epopeya sánscrita del Mahabharata que precisamente Maia, el constructor, el ingeniero y arquitecto de los asuras, diseñó y construyó un gran habitáculo de metal, que fue trasladado al cielo.
Era solamente uno de muchos habitáculos similares.
Cada una de las divinidades Indra, Yama, Varuna, Kuvera y Brahma, disponía de uno de estos aparatos metálicos y voladores. El gran sabio de la antigua tradición, Narada, explica que la ciudad volante de Indra se hallaba ininterrumpidamente en el espacio. Estaba rodeada de una pared blanca, que producía destellos de luz cuando el vehículo se desplazaba por el firmamento.
Las vimanas
Otros aparatos automáticos se desplazaban libremente bajo agua y en las profundidades de los océanos de una forma similar a los modernos submarinos. El texto sánscrito del Mahabharata se refiere normalmente a los aparatos volantes con el nombre de “vimanas”.
Pero habla también de grandes ciudades --colonias-- espaciales, de grandes ciudades submarinas, y de ciudades subterráneas.
Arjuna, una de las divinidades, disponía de un indestructible vehículo volador anfibio, pilotado por su ayudante Matali.
Todas estas construcciones y aparatos voladores, submarinos y subterráneos, están descritos en la epopeya del Mahabharata con gran lujo de detalles, tanto de sus medidas y como en la descripción de sus características.
También Valmiki, el autor de la otra gran epopeya hindú, el Ramayana, nos habla con absoluta naturalidad de los vehículos que --a voluntad de su piloto-- volaban libremente por el aire. También eran metálicos y brillaban en el cielo.
Ovnis en la Biblia
En otro lugar donde podemos encontrar descripciones contundentes sobre la presencia de seres extraterrestres en la antigüedad es en los textos bíblicos, allí vemos cómo el profeta Ezequiel nos narra su encuentro con un vehículo volante, que se le acercó tanto --junto al río Quebar, en las inmediaciones de Babilonia-- que incluso vio a uno de sus tripulantes, el cual le habló a él personalmente. Ezequiel contaba con 30 años (cerca del 563 a. C.) cuando se produjo este acontecimiento:
"Miraba yo, y veía un viento huracanado de la parte del norte, una gran nube con resplandores a su alrededor, un fuego que despedía relámpagos y, en el centro, como el fulgor del electro...Aparecía la figura de cuatro seres, cuyo aspecto era el siguiente: presentaban forma humana, pero cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas. Sus piernas eran rectas y sus pies semejantes a las plantas de un buey, reluciente como bronce bruñido. Debajo de las alas, en los cuatro costados, salían manos humanas; tenían los cuatros el mismo aspecto, y también las alas de iguales dimensiones". En su minucioso relato, Ezequiel añade que las criaturas se desplazaban todas a la vez, al tiempo que emergían de sus centros "brazos incandescentes a modo de antorchas que se agitaban de acá para allá...Resplandecía el fuego, y del fuego se desprendían fulgores".
Esta visión que Ezequiel tuvo, y que está descrita con lujo de detalles en los textos bíblicos, fue detenidamente analizada por el ingeniero de la agencia espacial norteamericana --la NASA-- Josef Blumrich, quien concluyó que lo que vio el profeta fue efectivamente, y sin ningún género de dudas, una nave volante. Tanto es así, que dicho ingeniero --director de la Oficina de Construcción de Proyectos de la NASA--, rediseñó el aparato descrito por Ezequiel y patentó algunos de sus elementos.