Mundo Oculto

El misterio de los delfines

Los pueblos de la antigüedad, que estaban muy relacionados con el mar por su situación geográfica, veían en el delfín un animal muy singular por su sociabilidad con el hombre, y pensaban incluso que habían sido enviados por los dioses para ayudar al hombre en el mar y transmitirle algún tipo de ejemplo o enseñanza

Durante siglos se creyó que las criaturas marinas eran mudas y los océanos, el mundo del silencio. Cuando en la segunda guerra mundial técnicos navales introdujeron micrófonos en el agua para escuchar el ruido de los submarinos, pudieron oír, asombrados, una auténtica babel de ruidos procedentes del mundo marino.
El sonido es para los delfines lo que para nosotros la vista. Debido a su miopía, han desarrollado un ingenioso sistema para aprovecharse de que el sonido se propaga rápidamente y a enormes distancias bajo el agua (viaja 4.5 veces más rápido y más lejos en el agua que en el aire). Es un sistema parecido, aunque más sofisticado, al sonar de los barcos y submarinos. Su oído es el más perfecto de todos los seres vivos, aunque carecen de orejas, tienen orificios auditivos, que rara vez llegan a dos centímetros de diámetro y que canalizan el sonido hacia el oído interno, unido por nervios al cerebro. Los huesos son excelentes conductores del sonido y algunos cetáceos acaso utilicen el cráneo como caja de resonancia.
Es difícil saber cómo emiten los cetáceos sonidos, pues carecen de cuerdas vocales. El silbido del delfín puede oírse a casi tres kilómetros de distancia bajo el agua. Éstos se encuentran más allá de nuestras posibilidades de percepción, aun así, se ha comprobado que son capaces de hacer descender sus frecuencias de emisión para intentar comunicarse con nosotros. Emiten 32 clases de silbidos; si cada uno de ellos expresa algo diferente, su lenguaje consta de 32 señales, pero si cada silbido fuese un signo o “palabra”, podrían combinarse en un auténtico lenguaje animal.
Al parecer, ciertos sonidos, similares a mantrams, ejercen influencia sobre los delfines. Cuando el Dalai Lama fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1989, un grupo de monjes tibetanos lo festejaron cantando sus oraciones a los delfines de acuario marino de Miami, los científicos asistentes afirmaron que las ondas sonoras producidas por los cantos agradaban a los delfines, que mantenían su cabeza fuera del agua como queriendo percibir aún mejor la letanía sagrada de los Lamas.
Cuando los delfines machos se reúnen al cabo de algún tiempo, charlan como viejos amigos que vuelven a encontrarse; incluso se cree que puede haber una especie de tradición oral que pasa de padres a hijos.
Sobre el origen…
Como mamíferos que son, se nos dice que han surgido de animales terrestres, pues si observamos su constitución ósea, vemos que la aleta pectoral, que consta de cuatro dedos formados por falanges, revela la adaptación del delfín al medio terrestre en épocas muy remotas (50 millones de años).
Una teoría esotérica que data del hundimiento de la Atlántida, dice que los dioses, conociendo el inminente hundimiento del continente Atlante, dotaron a una serie de mamíferos terrestres de las condiciones necesarias para subsistir en el mar. Estos nuevos mamíferos marinos serían los delfines.
Una antigua leyenda cuenta como Dionisos, tras tomar un navío para Nassos, percibió que los marinos cambiaban el rumbo hacia Asia, para venderlo como esclavo. Para evitarlo transformó sus remos en serpientes y cubrió el barco de hiedras, a la par que hacía sonar flautas invisibles. A tal puno aterrorizó a los marinos que, enloquecidos, saltaron por la borda, convirtiéndose en delfines. De ahí la razón por la que los delfines se esfuerzan en ayudar a los seres humanos y salvarles, pues son piratas arrepentidos.
Mitos y leyendas…
Son numerosos los relatos que hablan de la relación que desde tiempos remotos ha existido entre los hombres y los delfines.
El propio santuario de Delfos, en Grecia, y sus misterios inherentes debían el nombre a este animal sagrado. Los cretenses creían que las almas de sus difuntos partían hacia la Isla de la Bienaventuranza a lomos de delfines. Los aborígenes que viven en la costa norte de Australia y las islas colindantes consideran al delfín como animal totémico, asimismo creen que la relación con los delfines aporta la iluminación. En otras latitudes se les considera encarnaciones de seres espirituales. Los chamanes entran en un estado similar al trance para comunicarse con el delfín, dicen recibir información precisa sobre la forma de sobrevivir en tierras austeras e incluso enseñanzas espirituales. En África se han descubierto petroglifos de hombres nadando entre cetáceos. En un monte próximo al golfo de Corinto, el dios Apolo aparece como un delfín. Eros y Afrodita aparecen a menudo montando delfines, y Telémaco, el hijo de Ulises, fue salvado por un delfín.
De Plinio, El viejo, nos llega la historia de la amistad surgida entre un niño y un delfín. Todos los días se encontraban en la orilla del Lago Lucrino. El niño montaba sobre él y llegaba hasta la otra orilla, donde estaba la escuela. Un día, el pequeño enfermó, y cuando estaba a punto de morir, el delfín acudió a visitarlo antes de sumirse en una profunda tristeza.
En nuestra época también encontramos anécdotas del mismo carácter. Tenemos la historia de Pelorus Jack, un delfín que se dedicó, entre 1888 y 1912, a guiar a diferentes navegantes por un estrecho de Nueva Zelanda. Uno de estos navegantes, Bernard Moitessier, escribió en su libro La larga ruta cómo éstos le salvaron la vida. O el caso de Nina, que durante el verano de 1971, frecuentó una playa cercana a La Coruña, donde jugaba con los bañistas.
La forma en que el delfín se sumerge en el agua y luego salta y permanece en el aire, en muchas civilizaciones ha servido para ejemplificar el concepto de reencarnación, pues en su constante sumergir y emerger, ha simbolizado los ciclos de la vida (vida-muerte-vida-muerte), los que no parecen afectar esa constante sonrisa propia de este animal tan especial.

Artículo enviado por la Asociación Cultural Nueva Acrópolis. Altamira, del BDF 1c. arriba y 1/2 c. al norte, Managua. Teléfono: (505) 2773256
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