Mundo Oculto

El rey del mundo


Es un juego de niños, dicen que la ouija es un juego inofensivo para evitar la curiosidad de los niños.
“Es más peligroso -- sugieren especialistas en el desarrollo -- el tubo de cartón de un rollo de papel sanitario, un carrito de plástico o bien una canica abandonada en un patio. Pero la ouija no es peligrosa.
Yo no sé si es peligrosa, le tengo miedo, tengo tantos años con la sospecha, que hasta ahora me atrevo a contarles lo ocurrido esas vacaciones del 64.
Íbamos para sexto grado, como es usual, a las chicas un día les crecieron los senos y ya no se metían con nosotros en el vestidor para ponerse el traje de baño. A algunos les cambió la voz, es decir, por momentos adquirían una voz grave y luego una voz de niño intervenía para develar que aún no eran hombres, a mí me tomaría un par de años el cambio, nada espectacular por cierto, pero ocurrió.
Creo que fue Johanna la primera que supo de la existencia de la ouija, su abuela tenía una guardada en un cofre, a la cual recurría los últimos jueves de cada mes, le dijo a Mónica quien le comentó a su prima Chela que quería saber, al igual que todas las chicas del colegio, si Geovanny la amaba; luego me enteré yo, porque vivía cerca del cementerio y ellas necesitaban un baquiano que les guiase a él. Acepté acompañarlas bajo la condición de preguntar, sin revelar mi pregunta, yo quería saber si Johanna, Mónica o Chela estaban interesadas en mí, después de todo, un adolescente siempre necesita que alguien se fije y justifique su universo.
Es natural que no pudiésemos ir al cementerio a media noche, nuestros padres seguramente nos reventarían el cuero si nos escapábamos por las noches, así que decidimos incursionar en el sitio, al mediodía, nos parecía que mediodía y medianoche parten las horas, por tanto son equivalentes.
Para los espíritus – agregué con falsa erudición – no hay diferencia entre la noche y el día.
Elegimos una tumba reciente, convencidos que una muerte reciente es como un radio nuevo, cuya señal es nítida y constante hasta que se vence la garantía. Utilizamos un anillo de oro de la madre de Mónica, pues el oro es el metal más puro y a la vez el más sangriento. Durante los primeros minutos no sentimos la presencia del ánima que se comunica con la ouija, luego algo empezó a guiarnos y Johanna decidió preguntar.
- El muchacho que me gusta ¿me quiere?
La ouija respondió “Sí”. Luego preguntó Chela.
- Estoy enamorada de un muchacho, ¿él me ama?
La ouija respondió “Sí”. Mónica se armó de valor y lanzó su pregunta sin tapujos.
- ¿Me ama Geovanny?
La ouija respondió que sí. Johanna y Chela protestaron con vehemencia, ellas preguntaban por Geovanny, sin decir su nombre y la ouija respondió que sí, con lo cual el aparato estaba defectuoso o un espíritu burlón estaba tomándoles por tontas. Decidí preguntar, no me atreví a revelar mis inquietudes adolescentes, por eso quise preguntar cualquier bobería para terminar con esa sesión y largarme a casa, después de todo me había enterado que para ellas mi patético universo era una mancha y la única luz del horizonte era el tal Geovanny.
- ¿Quién es el rey del mundo? – pregunté, convencido que no tendría respuesta. La ouija dudó, se detuvo por unos segundos y luego formó con rapidez la palabra.
- Yo – fue la respuesta de la ouija.
Dudamos, y en la duda nos picó la curiosidad.
- ¿Y quién sos vos? – preguntó Chela.
El anillo se deslizó con ferocidad por la tabla, deteniéndose en letras por segundos, para indicar que debíamos incluir la letra para formar el nombre, finalmente se detuvo y nos tronaron los huesos, nuestros ojos revelaron el espanto que sentíamos muy hondo, vomité, las chicas salieron corriendo, tiré la ouija a un lado y traté de alcanzarlas. No hablamos más de ese día, quisimos olvidar esas 6 letras.
Estoy seguro que ellas, al igual que yo, sueñan todas las noches con el anillo señalando las letras, revelando el nombre de aquel que gobierna el mundo, el ángel caído; Luzbel.