Mundo Oculto

El “Libro de los Muertos”, camino iniciático hacia la vida eterna


EFE/REPORTAJES
Las momias que a lo largo de la historia se han ido descubriendo, representan uno de los aspectos más sorprendentes y enigmáticos de la civilización egipcia. El hallazgo de aquellos seres que vivieron en una civilización más antigua a la Era Cristiana, con sus cuerpos acartonados pero íntegros, no deja de ser un misterio, cuyo secreto se encuentra en el Libro de los Muertos, manual imprescindible de los egipcios para recorrer el camino iniciático de la muerte en este mundo a la vida del más allá
El llamado “Libro de los Muertos”, conocido por los egipcios como Fórmulas de Salir durante el Día, es una heterogénea colección de plegarias, invocaciones, prácticas mágicas, ceremonias purificadoras y especulaciones teológicas de todo tipo, cuyo objetivo era ayudar al difunto a realizar su viaje tras la muerte, evitándole los peligros y acechanzas y paliar las necesidades que pudieran surgirle en el camino.
Los egiptólogos han denominado “Libro de los Muertos” a la magna obra realizada en la XVIII y siguientes dinastías faraónicas, pero esta denominación tiende a incluir el conjunto de textos que hacen referencia a los ritos fúnebres, los enterramientos y la vida de ultratumba, empleado entre los egipcios desde unos 4.500 años a.C. hasta las primeras centurias de la Era Cristiana.
Transmitidos de forma oral entre los sacerdotes, no fue hasta la mitad del Reino Antiguo cuando comenzaron a grabarse sobre las paredes de las pirámides de Unas, Teti, Pepi I, Merenre y Pepi II en Saqqara, por ese motivo fueron conocidos inicialmente como Textos de las Pirámides.
A partir de la VII dinastía se produjeron dos importantes innovaciones: la primera, que su escritura cambió, así como el soporte, fijándose entonces sobre los ataúdes o sarcófagos donde reposaban los cuerpos momificados, y la segunda, que su uso, además de ofrecerlos a los monarcas, reyes y reinas se extendió a los nobles y funcionarios de alto rango, al tiempo que sufrían algunas alteraciones y modificaciones respecto a los originales.
E. A. Wallis Budge fue uno de los más destacados pioneros de la egiptología moderna. Entre sus más valiosos trabajos se encuentra la trascripción y traducción del texto jeroglífico del Papiro de Ani, actualmente conservado en el British Museum. Este papiro se remonta a los años 1500 a 1400 a. C. --segunda mitad de la XVIII dinastía-- y constituye por su estado de preservación, sus descripciones y su estructura, una fuente valiosísima para el estudio del “Libro de los Muertos”, y uno de los textos más autorizados de la versión tebana de esta obra.
LA VIDA ETERNA
Resulta muy arduo definir las creencias y concepciones de los egipcios acerca de una existencia futura. Los egipcios creían, sin lugar a duda, en una vida futura y, claramente, expuesta en todos los períodos, encontramos la doctrina de la existencia eterna, verdadera impronta de su tradición. Parece probable que esa creencia se originase en Annu, capital del culto al dios Sol, ya que en los textos de la pirámide, la idea de la vida perdurable aparece relacionada con la existencia del sol. La aspiración del egipcio era la renovación de la juventud en la vida futura, comparable a la renovación solar.
La duración infinita de la existencia del alma y su naturaleza divina son proclamadas por Ani en estas palabras: “Yo soy Shu, el dios de la materia informe. Mi alma es Dios, mi alma es eternidad”.
Queda patente que desde el principio hasta el final de su civilización, los egipcios creyeron firmemente en que otros componentes del hombre --aparte de su alma-- volverían a resurgir, como testimonia la preservación del cuerpo, corruptible, conectada de algún modo con el porvenir, orientada a asegurar la vida eterna. La inagotable existencia del alma parece conectada a la resurrección del cuerpo, con frecuentes referencias a la reunificación de los miembros y los huesos. Esto está relacionado con la creencia de que si tal resurgimiento fue posible para Osiris, dador y fuente de vida, también sería posible para el hombre.
EL CORAZÓN ANTE EL TRIBUNAL DE OSIRIS
Por ahora se conocen un total de 190 capítulos, pero su extensión es muy desigual y no existe un solo papiro que los comprenda a todos: la extensión de los papiros variaba según el poder adquisitivo de cada difunto, y una vez que se fue popularizando, las versiones más económicas eran realizadas “en serie” por los templos, y luego rellenadas con el nombre del comprador. Según el egiptólogo francés Paul Barguet, el “Libro de los Muertos” se divide en cinco partes, que narran el camino que el ser humano ha de recorrer para llegar al cielo, además de los rituales que han de seguir los allegados en la Tierra para favorecer al difunto.
Sin embargo, el capítulo más famoso e importante del “Libro de los Muertos” es el que corresponde al 125, titulado “Fórmula para entrar en la Sala de las Dos Maat”, en el cual el difunto se presenta ante el tribunal de Osiris con el objetivo de que se pese su corazón (sus acciones) para que pueda continuar su vida en el mundo de los muertos.
Este capítulo, de notoria complejidad y extensión, contiene las llamadas “Confesiones Negativas”, declaraciones de inocencia que el difunto realizaba ante los dioses del tribunal a fin de justificar sus acciones personales, lo que pone de manifiesto la gran importancia moral que este capítulo significaba para los antiguos egipcios.
LAS PARTES DE UN TODO EN EL SER HUMANO
Según la concepción egipcia y para hacernos una idea de cómo se desenvolvía la vida de ultratumba, siguiendo el “Libro de los Muertos”, vamos a descifrar los diferentes aspectos que constituían la totalidad del hombre.
El jat o cuerpo físico. Considerado en su conjunto, el cuerpo físico del hombre era denominado jat, término asociado a la idea de que algo es proclive a la decadencia. La misma denominación se aplica también al cuerpo momificado en la tumba, atribuido también al dios Osiris. Dicho cuerpo no reaparece en la Tierra, ni abandona la tumba, por lo cual su preservación se consideraba necesaria.
El sahu o cuerpo espiritual. El cuerpo no permanece inactivo en la tumba, dado que por medio de los rituales y rezos realizados durante el día del enterramiento, el cuerpo adquiere el poder de transformarse en sahu o cuerpo espiritual, denominación que se refiere al cuerpo que ha obtenido un cierto grado de poder y conocimiento, por el cual se torna incorruptible. El cuerpo que se ha convertido en sahu tiene la capacidad de relacionarse con el alma y comunicarse con ella y puede, asimismo, ascender a los cielos y habitar con los dioses, con el sahu de los dioses y con las almas de los justos.
El ab o corazón. La parte del corazón que era considerada el asiento del poder vital y la fuente de los pensamientos, guardaba una estrecha conexión con los cuerpos natural y espiritual.
El ka o doble. Aparte de dichos cuerpos, el hombre posee además una individualidad abstracta, una suerte de personalidad dotada de todos sus atributos característicos, con una existencia completamente independiente que le permite desplazarse libremente, separándose del cuerpo o uniéndose a él a voluntad, e incluso disfrutando de la vida celestial en compañía de los dioses.
LA OFRENDAS NECESARIAS PARA EL MÁS ALLÁ.
Las ofrendas de alimentos, vinos, ungüentos y demás, estaban dedicadas al ka que habitaba la estatua del hombre, de igual manera que un dios habitaba la estatua del dios. El ka parece, en este sentido, ser idéntico al sejem o imagen. Las tumbas disponían de cámaras especiales donde el ka recibía las ofrendas. El incienso quemado le resultaba muy grato.
Los egipcios pensaban que si por diversas circunstancias no se podía continuar la provisión material efectiva de alimento, el ka recurría a las ofrendas pintadas en los muros de la pirámide o tumba, que se convertían en alimento provechoso por efecto de las oraciones de los vivos.
El ba o alma. El nombre ba, adscrito por los egipcios al aspecto o parte del hombre que disfruta en el cielo de una eterna existencia en un estado de gloria, traducido generalmente por “alma”, significa “noble”, “sublime”. La entidad del ba no es incorpórea, ya que habita en el ka y posee, en cierto sentido, sustancia etérea y forma, representada ésta por un halcón con cabeza humana.
El jaibit o sombra. Uno de los aspectos más enigmáticos de la configuración humana en la escatología egipcia consiste en la llamada “sombra” del hombre, el jaibit, relacionado con el ka y el ba, que puede compararse a la umbra de los latinos. Se le atribuye una existencia independiente, con la posibilidad de separarse del cuerpo y la libre movilidad. Al parecer, también participaba del disfrute de las ofrendas de la tumba, la cual visitaba a voluntad.
El ju o irradiación. Virtualmente eterna, de aspecto intangible o cobertura del cuerpo, representado a menudo en forma de momia, que podría definirse como luminiscencia, brillo, inteligencia o espíritu. En el texto hay una fórmula específica que capacita al ju para que se libere de la tumba y acceda a los dominios celestiales done habita Ra.
El sejem o forma. Todavía queda en otra parte, relacionada con el alma y el ju, a la que se atribuye una existencia en el cielo. Su nombre, sejem, puede interpretarse como poder o forma. Uno de los nombres de Ra era ‘sejem ur’, es decir, el Gran Sejem.
El ren o nombre. Al nombre de un hombre los egipcios le atribuían asimismo existencia celestial.
Esta visión del cuerpo humano en su totalidad, formada por el cuerpo natural, cuerpo espiritual, corazón, doble, alma, sombra, luminosidad etérea, forma y nombre está basada en una filosofía que los egipcios desarrollaron durante siglos y que llegaron a formar un cuerpo ideológico compacto y estructurado. Todos estos aspectos del hombre están inseparablemente ligados, de forma que la prosperidad de cualquiera de ellos concierne a los demás. Por ello, el afán de los egipcios por preservar el cuerpo momificado, porque sólo de esa manera podría beneficiarse la existencia en el más allá de las partes espirituales.
PIES DE FOTO:
1.- Un arqueólogo egipcio pasa junto a una momia de más de 2.300 años de antigüedad, la cual fue mostrada el pasado mes de mayo tras ser encontrada en las pirámides de Sakkara, al sur de El Cairo (Egipto). Arqueólogos egipcios afirmaron que esta momia es posiblemente la “más bella”; encontrada hasta ahora, y creen que pueden encontrarse más momias en la misma zona. EFE/Khaled El-Fiqi
2.- Turistas japoneses visitan la tumba del faraón egipcio Tutankhamun, en el Valle de los Reyes, en Luxor. EPA/KHALED EL-FIQI
3.- Tras varios años de excavaciones, el arqueólogo británico Howard Carter y su equipo encontraron en una de las cámaras el sarcófago con el cuerpo momificado de Tutankamon, en el año 1923. En la imagen unos operarios colocan un vidrio para la conservación del conjunto. EFE/yv
4.- Zahi Hawass, jefe del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, examina la momia, de 3.300 años, del Faraón egipcio Tutankamon, antes de que la momia fuera escaneada en Luxor, Egipto, el 5 de enero de 2005. EFE
5.- Técnicas de restauración usadas con los antiguos papiros faraónicos en el laboratorio de Conservación de Papiros, en el Museo Egipcio de El Cairo. El papiro, superficie escrita que toma su nombre de la planta de la que está hecho, se fabricaba en Egipto desde la primera dinastía egipcia (3.000 AC) y fue utilizado por los egipcios hasta el Siglo I durante unos 4.000 años. EFE/Mike Nelson
6.- Una momia de 2.300 años de antigüedad es mostrada tras ser descubierta en las pirámides de Sakkara, al sur de El Cairo (Egipto), el pasado mes de mayo. Arqueólogos egipcios afirmaron que esta momia es posiblemente la más bella encontrada hasta ahora. EFE/Khaled El-Fiqi
7.- Regreso de la momia de Ramses I, en 2004, al Museo de Luxor, después de haber permanecido en Estados Unidos más de 130 años. EPA/Salah Ibrahim
8.- Tumba del faraón egipcio Tutankhamun, en el Valle de los Reyes. En las paredes de la cámara se puede apreciar dibujos pertenecientes al “Libro de los Muertos”. EPA/KHALED EL-FIQI