Mundo Oculto

El bonsai arte y naturaleza

Cultivar bonsais puede resultar una actividad gratificante en sentido espiritual, tal como la concibieron sus creadores chinos, o quedarse en una simple afición jardineril un tanto exótica. La fama alcanzada por este viejo arte oriental ha despertado todo tipo de reacciones

Algunos entendidos piensan que cuidar bonsais no es muy distinto de cualquier otra tarea de jardinería, sólo que más elaborada y pensada y que, por tanto, está bastante al alcance de cualquiera que sienta una inclinación por las cosas naturales, que sepa apreciar la satisfacción de dar forma a un árbol, recreando paisajes, montañas y bosques. Por otra parte, las viviendas actuales, con poco espacio, no permiten un disfrute de la jardinería que, sin embargo, sí es posible con los árboles en macetas.
Su contexto filosófico
Más allá de sus elementos técnicos elaborados y de los resultados visibles que se obtengan en el tratamiento de una planta, se podría decir que, lo más importante de un bonsai, es su contexto filosófico, el cual se basa en un origen religioso. Este origen, o por lo menos lo más antiguo que se conoce del bonsai, parece centrado en China, en relación con la Religión Taoísta, con su mensaje de comunión con la Naturaleza, porque todo el universo está gobernado por el Tao, que es como el sentido de la vida, la armonía interna de todo lo que existe, su razón de ser. Para los taoístas, además, las miniaturas son capaces de condensar la energía natural y, por lo tanto, guardan una especie de poderes especiales, sobre todo si están contorsionadas o configuradas por condiciones adversas.
El paso de esta práctica de China al Japón motivó que se le aportasen nuevos enfoques, tanto técnicos como filosóficos y religiosos, pues pronto fue adoptada por el Budhismo Zen. Los monjes Zen se convirtieron en grandes maestros del bonsai y, desde el principio, le confirieron una mayor ritualización y jerarquía. A pesar de su popularización, todavía sigue siendo un arte que se aprende de una relación práctica entre maestro y discípulo, un poco al estilo de los talleres de los artistas del Renacimiento en Europa. El respeto y veneración por un maestro bonsai es tal, que un árbol tratado por uno de ellos alcanza altísimas cifras, cuando es puesto a la venta.
Capacidad de observación
Una de las cualidades que desarrolla el bonsai es la capacidad de observación y de apreciar los detalles. Así, el que se acerca por primera vez a contemplar una colección de estas plantas, quizá al principio piense que todas son más o menos iguales. Sin embargo, pronto apreciará que existen distintos estilos, maneras muy diversas de tratar y dar forma a una planta.
No obstante, y aunque actualmente predomina una mayor elasticidad y libertad para elegir el estilo y forma que uno quiera darle, hay una serie de elementos que siempre deben tenerse en cuenta. Estos elementos son de dos órdenes: metafísicos y técnicos. Entre los primeros, los manuales de bonsais suelen coincidir en citar: unidad, verosimilitud, movimiento y gesto, potencia sugestiva y contenido lírico.
Por lo que se refiere a los segundos, se deben tener en cuenta: el formato, los puntos, las líneas, las masas, los ritmos y simetría, la perspectiva, la entonación y los contrastes. Se recalca que lo fundamental es que, antes de todo, exista una idea bien clara, que vendrá a presidir todo el trabajo y a ser como el tema de una composición; por ejemplo, la serenidad, la capacidad de superar las adversidades o la unidad dentro de la variedad, principio que resulta esencial en la filosofía bonsai.
El desarrollo de los formatos sigue también esquemas bien definidos. Puede ser rectangular, cuadrado, ovalado, circular o triangular. Estas figuras adoptan fórmulas matemáticas siguiendo la llamada proporción áurea. Una expresión de estos cálculos, que se percibe a simple vista, es que el tronco principal del bonsai nunca surge desde el centro de la maceta, sino que aparece ligeramente desviado, consecuencia de las medidas áureas y de que se emplea la llamada simetría equivalente.
Las líneas que van a seguir el tronco y ramas en su crecimiento controlado, tienen también asignado un simbolismo expresivo perfectamente definido, que según un maestro de bonsai español, se puede resumir de la siguiente forma: la línea recta expresa la fuerza que se lanza sin encontrar obstáculos. Si es vertical, asociada a masas verticales y rectangulares, fuerza ascendente, vigor, acción, decisión mental, alegría, idealismo, crecimiento. Si tienden a la horizontalidad, hablaría de una “fuerza vencida por la gravedad», por lo tanto, reposo, estabilidad, calma, severidad, negación, sueño y muerte.
Por su parte, las líneas inclinadas muestran inestabilidad, movimiento, inquietud, provisionalidad. Las curvas simbolizan lo acabado y perfecto, elasticidad, flexibilidad, vitalidad, femineidad y amor. Las espirales expresan la fuerza que se repliega para lanzarse; y las quebradas, el movimiento fulgurante, energía, violencia y poder.
Las siete etapas de la formación de un bonsai
Una vez que se tiene la idea clara sobre lo que uno quiere expresar y transmitir con un bonsai, se puede empezar a trabajar. Es preciso antes hacer esquemas y bocetos de la forma, tamaño, líneas y proporciones que se quieran en armonía con la idea, pues lo que caracteriza al bonsai es que la espontaneidad natural que puede verse en uno ya logrado y maduro, no es más que el fruto de un trabajo cuidadoso, en el que nada se produce sin que sea querido y dirigido por el cultivador. Cada hoja, cada brote, estará donde deba estar, según el plan trazado por el hombre, que a su vez deberá entablar una especie de diálogo o comunicación con la planta, en orden a estar capacitado para interpretar sus necesidades, sus “deseos” y no forzar excesivamente su naturaleza. Quizá este aspecto sutil sea uno de los más difíciles de conseguir y, sin embargo, garantiza el eventual éxito del cultivador con su bonsai. Además, deberá conocer lo máximo posible sobre la especie de planta con la que quiere trabajar, tipo de tierra que requiere, grado de humedad, etc., con el fin de tener una base de donde partir con el tratamiento bonsai.
Ni que decir tiene que la maceta es de capital importancia. Los aficionados prefieren las japonesas, especialmente diseñadas al efecto, dotadas de los agujeros necesarios, que deberán servir para sujetar las raíces de la planta, y con la porosidad del gres, que es la justa para conseguir y conservar el grado de humedad que se requiera.
Generalmente, se tienen en cuenta siete etapas en la formación de un árbol bonsai, y cada una de ellas requiere la aplicación de las diferentes técnicas específicas. Son las siguientes: obtención del tronco apropiado, obtención de las raíces vistas, obtención de las ramas principales, obtención de las ramas secundarias, obtención del ramaje y de la masa del follaje, reducción de las hojas y aplicación de las técnicas del bonsai para mantener el resultado conseguido. Habría que añadir una condición que debe mantenerse todo el tiempo: no tener ninguna prisa, pues un error producido por el apresuramiento puede condicionar resultados de años.
Artículo enviado por la Asociación Cultural Nueva Acrópolis. Altamira del BDF 1 arriba y 1/2 al norte Managua. Teléfono: (505) 2773256
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