Mundo Oculto

Papá Noel

El origen de Papá Noel lo encontramos en la combinación de diferentes leyendas, personajes históricos y criaturas. Todo empieza con San Nicolás, que fue obispo de Esmirna (actual Turquía) en el siglo IV

Como todo el mundo sabe por las leyendas, Papá Noel tiene su taller de juguetes en la Colina de la Oreja, cerca de la localidad de Rovaniemi, en la Laponia finlandesa. Y es ayudado por un grupo de elfos, seres típicos de las leyendas escandinavas. Ha vivido siempre e igualmente ha tenido la misma edad.
La Colina de la Oreja es un sitio privilegiado, ya que tiene una sonoridad tan sorprendente que permite a Papá Noel oír a los niños de todo el mundo, por lo que se entera de si se han portado bien o no, y de los juguetes que quieren. Reparte los regalos en un trineo volador tirado por ocho renos que son liderados por uno de nariz roja: el famoso Rudolph.
El origen de Papá Noel lo encontramos en la combinación de diferentes leyendas, personajes históricos y criaturas. Todo empieza con San Nicolás, que fue obispo de Esmirna (actual Turquía) en el siglo IV y que mediante una impresionante metamorfosis se ha ido transformado en el gordinflón barbudo vestido de rojo y blanco que todos conocemos ahora.
De familia acaudalada y educación refinada, a la muerte de sus padres el futuro San Nicolás regala todos sus bienes y se consagra por entero a la vida religiosa. Destaca por su gran amor hacia los niños y su generosidad con los necesitados. Su fama se extiende y empiezan a surgir leyendas en torno a su persona.
La más popular es la de “las tres hermanas”, que según cuentan no se podían casar porque su padre no tenía dinero. Por ello decidió venderlas conforme fuesen alcanzando la edad de merecer. San Nicolás, enterado del drama, entregaba bolsas de oro a cada una de ellas conforme alcanzaban la edad de ser desposadas. Cuenta la leyenda que San Nicolás, para mantener el secreto, tiraba las bolsas de oro a través de una ventana hacia un calcetín que las niñas habían dejado para que se secase al lado de la chimenea. Con la tercera niña sucedió que fue reconocido, con lo que se hizo muy famoso.
Ésta y otras leyendas consiguen que fuese adoptado como patrón por los vikingos y por los rusos. La adorable misión de repartir regalos a los niños en Navidad fue adoptada por toda Europa, y el personaje encargado de hacerlo fue desarrollándose a partir de la figura básica de ese San Nicolás medieval mezclada con diferentes leyendas locales: los gnomos, el padre invierno nórdico, la bruja buena italiana y otros más.
Hubo muchas variantes del mismo mito básico, si bien la tradición de San Nicolás arraigó especialmente en los Países Bajos. Se le solía representar vestido de religioso, con barba blanca, montado en un burro y llevando un saco con los regalos.
Esta tradición cruzó “el charco” en el S. XVII de la mano de los colonos holandeses que fundaron Nueva Amsterdam (después Nueva York). Gracias al éxito de un libro de Washington Irving (Historia de Nueva York), San Nicolás empieza a dibujarse montado en un caballo volador y a popularizarse también entre los anglosajones. El nombre fue derivando de San Nicolás a Sinter Klaas, hasta acabar siendo pronunciado como Santa Claus por los angloparlantes.
En 1823, un poema famoso habla de un trineo tirado por un grupo de renos y conducido por una especie de gnomo: un tipo alegre, rechoncho y pequeño. El dibujante Thomas Nast añade al personaje detalles como su taller en el Polo Norte y su color rojo.
A principios del siglo XX el reinvento americano de San Nicolás es exportado a Europa como Father Christmas, en Gran Bretaña o Père Noël, en Francia. La castellanización del nombre francés da origen a Papá Noel, que es como se le conoce en España y Latinoamérica. Curiosamente no se parece fonéticamente en nada al Santa Claus yanqui, aunque son el mismo personaje.
Pero finalmente es la Coca-Cola la que, en 1931, le otorga su actual aspecto. Para la campaña publicitaria de la Navidad de ese año, la Coca-Cola le encarga a Habdon Sundblom el rediseño del San Nicolás de Nast. Habdon crea un Santa Claus más alto y gordinflón, con un rostro simpático y bonachón. El color del traje evidentemente no cambia, mantiene los colores rojo y blanco, que son los de la compañía de gaseosas.
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