Mundo Oculto

Cómo poner en práctica las enseñanzas en esta época

En la época de Navidad suponemos generar bellos sentimientos, pero vemos y escuchamos sobre éstos en los anuncios de las principales tiendas de los productos de consumos selectivos o masivos

Estamos inmersos en una intensa propaganda que nos impulsa a comprar felicidad para nosotros y para otros.
No obstante nos preguntamos si ¿en verdad logramos esa felicidad que las empresas nos ofrecen y que tanto buscamos o deseamos? ¿Logramos dar y obtener felicidad con los regalos que generosamente y con mucha ilusión hemos comprado para los seres que amamos?
La verdad es que no logramos experimentar de manera plena o total la felicidad que tan espléndidamente se anuncia y se promueve en esta época, sino que por el contrario muchas veces lo que experimentamos es tristeza frustración, dolor o problema cuando no obtenemos los bienes o disfrutes ofertados.
Por otro lado, nos sentimos agobiados debido a las fuertes demandas sobre nuestro tiempo. Sin embargo, podemos poner en práctica las enseñanzas pensando en primer lugar que la felicidad y el sufrimiento son estados mentales y que no dependen de las circunstancias que nos rodean, y por lo tanto, a pesar del agobio y el stress de la época, podemos contribuir a que en nuestro entorno haya armonía manteniendo una mente positiva o de paz.
Si percibimos a otros tensos y frustrados, podemos ponernos en su lugar pensando que pueden estar cansados de tanto trabajar o frustrados por no poder satisfacer sus deseos, y entonces respetando sus sentimientos podemos desear que se sientan mejor, cuidarles, animarles. Podemos mantener una actitud amable, una mente calma, que se refleje en una sonrisa pronta y en la disposición de ayudar en lo posible a los demás, ya sea en la casa, en el trabajo, en el barrio, logrando que los otros se sientan aliviados de su carga.
Si no tenemos recursos para dar obsequios materiales, podemos pensar que lo valioso es la buena intención y las acciones positivas que podamos hacer por los demás. Tal como dice nuestro guía espiritual el venerable Gueshe Kelsang Gyatso: “Si no tenemos muchas posesiones para regalar, siempre podemos practicar la generosidad, por ejemplo, podemos dar migajas de pan a las hormigas, a los pájaros, a los peces, o podemos ofrecer agua fresca a los Budas”. El valor de los méritos que acumulamos con la generosidad está dado por la buena intención no por el valor material del obsequio.
También podemos visitar a quienes tienen soledad o tristeza, darles un momento de amor, de compañía y si está a nuestro alcance, llevarles algún regalo que les ayude a sentir un momento de felicidad.
La generosidad puede manifestarse de diversas formas, podemos dar amor incondicional, dar bienes materiales o ejemplos de virtud, consejos positivos, ayuda en las tareas, en fin, la generosidad es una virtud cuya aplicación es muy extensa y posee la característica de beneficiar tanto al que recibe como al que da, pues es causa para recibir y gozar de bienes en abundancia en el futuro. Por el contrario, la avaricia es causa para sufrir de pobreza material y espiritual. Reflexionar sobre las ventajas de la generosidad y las desventajas de la avaricia es muy prudente, pues nos permitirá ir desarrollando en nuestra mente esta virtud sin la cual no podemos avanzar en el camino espiritual. La forma excelsa de generosidad es esforzarnos por realizar las prácticas espirituales que nos permiten purificar nuestras faltas cometidas en el pasado, y lograr la mayor aspiración del ser humano: la iluminación o el estado de Buda, porque sólo desde este estado podemos ayudar a los demás seres a liberarse del sufrimiento.