Mundo Oculto

El viejo del saco


De la escuela a la casa, le recuerda doña Mercedes a Fito, con la esperanza de que al menos en su última semana de clases el niño finalmente le obedezca, si bien, por los 10 años del chico tal cosa es imposible, y menos en las últimas semanas de clases cuando los chicos tienen mucho tiempo libre tras los exámenes finales.
Mercedes sabe muy bien que no irá al colegio. Durante todo el año se ha tomado un día a la semana libre para irse con sus amigos a buscar lagartijas, corretear gallinas en las fincas vecinas, llevarse del mercado frutas, como si es un niño que no puede pagarse las frutas, pero el único objetivo de la niñez es romper todas las reglas, disfrutar la vida mientras aún no se enfrenta el dolor. Y ése teme precisamente Mercedes…, diciembre ha entrado con frío.
--Mala señal --escuchó a unas ancianas decir en la mañana. Y ella sabe a qué se refieren, al hombre del saco, el hombre que cada cierto tiempo llega al pueblo por los niños. Nadie sabe si se debe a algún pecado cometido por todos. Si bien las iglesias reciben por estos días un número mayor de fieles, todos saben que no es iluminación repentina, ese diciembre el terror anda con un saco sobre la espalda.
--De la casa a la escuela y la escuela a la casa --dice Fito mordiéndose los labios, pues tiene planeado no ir a al colegio. No hay exámenes, así que se juntará con la pandilla: Camilo, Alexis, Francisco y Moncho en la salida del pueblo, para ir hasta la laguna a cazar lagartijas.
Mercedes lo abraza. En estos días teme perderlo, Fito le sonríe incómodo ante esa muestra tan sorpresiva de cariño.
--¿Mi hermana abrazándome? --piensa convencido de que le quiere pasar piojos. Pero es su hermana y tiene que tolerarlo, no tiene a nadie más en el mundo. Cuando ella lo libera sale de la casa, y Mercedes siente que el corazón se le encoge en el pecho.
El abrazo de Mercedes lo ha retrasado, sabe que los chicos se irán a la laguna sin él, y caminar solo hasta allá es una aventura aburrida. Decide cortar camino detrás de la capilla, pasar por el techo de Nelson y luego cruzar el basurero, no le gusta mucho el plan, porque no le gusta llenarse de basura, pero no hay otra manera de llegar temprano.
Tras cruzar el techo de Nelson y recibir las menciones familiares de costumbre, sus peores temores se cumplen, resbala en el basurero y cae sobre una pila de desechos de perros y gente acumulada durante siglos.
--Todavía hay gente que no usa el inodoro --dice molesto, y continúa corriendo y estrellándose contra más basura.
Al salir del basurero sabe que vienen 100 metros de bosque y encontrará a los chicos en el claro, corre y siente frío en la garganta, y sabe que no podrá gritarles para avisarles de su presencia, luego el olor a cosa muerta, el mismo olor del basurero, el mismo olor que anda en el cuerpo ahora, pero es más intenso.
Sus pies se niegan a seguir corriendo, camina como animal acechado, los pies se niegan a seguir avanzando, su cuerpo no quiere, no puede continuar, el miedo lo tiene paralizado. Casi ha llegado al claro del bosque, los chicos están ahí, no hablan, no se mueven, observan a un hombre viejo que les dice algo, está a 10 metros de ellos y no puede moverse, ellos tampoco pueden. Observa la espalda del hombre viejo, está sucio, comprende que es de este hombre que proviene el olor a basura, quiere gritarles que algo está mal, que corran, pero no puede.
Moncho lo ve y sus ojos le piden ayuda, el hombre viejo muestra una mano huesuda, verde, mano de muerto y agarra la cara de Alexis, lo exprime como una fruta y lo mete en el saco, luego hace lo mismo con Camilo, y los ojos de Moncho le siguen pidiendo ayuda.
Fito recuerda la hulera, con mucho dolor consigue sacarla del bolsillo trasero de su pantalón, toma una piedra y la lanza al cuerpo del hombre viejo, el hechizo se rompe, Moncho y Francisco corren hacia el pueblo, el hombre viejo busca con sus ojos muertos en el bosque y lo observa, Fito sabe que tiene que huir de ahí, se aleja hacia al basurero y el hombre viejo siguiéndole los talones, sabe que una vez que salga del bosque el viejo podrá verlo en el campo abierto, corre con todas sus fuerzas, sabe que no trata de salvar la vida, sino el alma, siente el frío y el hedor del hombre acercándose, sin pensarlo se lanza a un montículo de basura y se esconde en la inmundicia de toda la ciudad.
El hombre viejo sale del bosque, sus ojos negros lo buscan, olfatea el aire, pero no podrá encontrarlo, todo huele igual, a cosas podridas, a restos de alimentos, deshechos de años.
--Regresaré --dice el viejo del saco, y desaparece con una ráfaga de viento.
Fito se arma de valor y corre hasta la casa de Nelson, el viejo del saco aparece justo tras él, va a agarrarlo y Nelson abre la puerta, Fito se lanza a sus brazos, le pide perdón por todas las tejas destrozadas. Nelson entiende. Se le eriza el cabello, como hace 20 años.