Mundo Oculto

Arsénico mató a momias de Chinchorro

Una tribu de cazadores-recolectores que vivió en las costas, pescando con lanzas, ganchos y redes, y construyendo sus albergues con la piel y huesos de lobos marinos

Hace siete mil años la tribu Chinchorro, que habitaba el árido desierto del norte de Chile, inició un misterioso ritual para momificar a sus bebés muertos.
Tras quitar los órganos internos y limpiar sus huesos, rellenaban las pieles y las cosían, para luego ponerles pelucas y máscaras de arcilla.
Chinchorro tiene los cuerpos preservados artificialmente más antiguos que se conozcan, incluso mayores por varios miles de años que las famosas momias de Egipto.
Los arqueólogos que estudian las momias en el norte de Chile buscan descubrir por qué esta sociedad desarrolló tan complejo ritual de muerte.
El arqueólogo Bernardo Arriaza, de la Universidad de Tarapacá, en el norte de Chile, lanzó este año una nueva y atrevida teoría.
Arsénico y plomo
“Estaba leyendo un diario chileno donde se hablaba de la contaminación en Chile y tenía un mapa de arsénico y el plomo. Además, decía que el arsénico causaba abortos y salté de mi silla y dije: ‘Eso es!’”, dijo Arriaza.
Arriaza piensa que los altos niveles de arsénico en el agua de la región, que persisten hasta estos días, causan más nacimientos prematuros, abortos espontáneos y una alta tasa de mortalidad infantil en el área donde vivían los Chinchorro.
“Ahí está la clave de la momificación Chinchorro, ya que sabía que Camarones (donde las momias fueron encontradas) tenía muchísimo arsénico y que las primeras momias eran de niños”, dijo el arqueólogo.
El experto planteó que la cultura Chinchorro empezó a preservar los bebés muertos como una expresión de duelo personal y comunitaria, y después se empezó a momificar a los adultos también. Con la práctica, esta actividad llegó a ser más elaborada.
Desde la década de 1960 los arqueólogos han encontrado más de 100 pequeños y delicados cuerpos, muchos preservados artificialmente. Las momias estaban rellenas de plantas y algas marinas y decoradas con arcilla.
Los arqueólogos también encontraron anzuelos de pesca, canastas y conchas marinas usadas como paletas con pintura roja y negra usada para adornar las momias.
Los Chinchorro fueron cazadores-recolectores que vivieron en las costas, pescando con lanzas, ganchos y redes, y construyendo sus albergues con la piel y huesos de lobos marinos.
Su vida primitiva --sin animales domesticados, cerámica, agricultura o metalurgia-- contrasta con la elaborada momificación que desarrollaron cientos de años antes de que la civilización Inca dominara esta área y practicara también la momificación.
“Estas prácticas funerarias complejas se asocian siempre a sociedades más avanzadas con un sistema estatal, pero aquí estamos hablando de cazadores-recolectores que tienen un nivel de organización social y política muy simple”, afirmó la arqueóloga Vivien Standen, colega de Arriaza de la Universidad de Tarapacá.
Momias boquiabiertas
La práctica duró más de 3 mil años y pasó a través de diversas etapas antes que desapareciera la sociedad de Chinchorro, en el año 2000 antes de Cristo.
Las momias más tempranas eran como estatuas cubiertas de arcilla negra. Miles de años después, el tratamiento de la piel y los huesos llegó a ser más elaborado, y los Chinchorro acababan sus momias con pintura ocre roja en máscaras boquiabiertas.
La Universidad de Tarapacá está luchando por preservar a las docenas de momias encontradas, con pocos recursos. Además, les falta dinero para excavar y encontrar nuevas y no tiene un lugar donde ponerlas.
“Tenemos una política de investigación y exigimos a nuestros académicos que no excaven, que tienen que hacer sus investigaciones sobre el material ya existente”, dijo Héctor González, jefe del Departamento de Antropología de la universidad, que tiene un pequeño museo en San Miguel Azapa, en las afueras de Arica.
El almacén del museo, al que no tiene acceso el público, guarda 42 de las 130 momias del Departamento de Antropología. Pero su esfuerzo de preservación es de bajo presupuesto, con mesas especiales con ruedas y cubiertas de arena donde yacen los pequeños restos. No hay dinero para controlar la temperatura o humedad y evitar el deterioro.
El museo tiene un presupuesto de operación de apenas unos 130,000 dólares al año, pero la universidad y el gobierno local otorgaron recientemente 750,000 dólares para construir un edificio nuevo que será el hogar de muchas de las momias de Chinchorro, que por fin podrán ser exhibidas.
González dijo que el nuevo edificio es un paso importante, pero llamó a las empresas privadas a colaborar con la universidad para que pueda continuar con los estudios de esta cultura.
A pesar de la prohibición de excavar, las momias están viendo la luz en Arica, donde un clima salado y seco las ha preservado por milenios.
En las excavaciones para construir un hotel en Arica a inicios de este año, los obreros encontraron un gran cementerio. El proyecto del hotel fue detenido; la universidad acordó comprar la tierra y, eventualmente, convertir el sitio en un museo para evitar trasladar a las frágiles momias.
Ritual violento
Standen, quien ha estudiado a los Chinchorro durante 20 años, actualmente investiga las puntas de lanza de cuarzo encontradas en algunos de los huesos de las momias y la evidencia de golpes en el lado izquierdo de sus rostros, que podrían responder a una posible violencia ritual.
De lo que ella y Arriaza están seguros es de que las momias alcanzaron un nivel de arte religioso, como estatuas con sentido espiritual.
“Vivían con ellas un rato, probablemente las transportaban de un punto a otro”, hasta que las enterraban en simples tumbas colectivas, afirmó Vivien.

Fuente: Fuerza Informativa Azteca