Mundo Oculto

Ometepe misteriosa

En la Isla de Ometepe existen infinidad de leyendas muy poco conocidas por el resto de nicaragüenses. Estas leyendas, aunque suenen fantásticas, son sometidas a toda prueba por algunos isleños

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Está documentado en libros de historia de Nicaragua que los primeros pobladores de la Isla de Ometepe fueron tribus que primero habitaban la ribera del Gran Lago. Mangues, chorotegas y nicaraguas, además de los chibchas y tiwanacos se trasladaron a la isla en balsas.
Ellos le dieron vida a la leyenda más antigua de la isla: el amor entre la princesa Ometepetl y el príncipe Nagrando.
Berman Gómez, el primer guía turístico bilingüe que tuvo la isla, cuenta a los visitantes que hace muchos siglos no existían la Isla de Ometepe ni el Lago Cocibolca, solamente un inmenso valle habitado en los alrededores por chorotegas, chontales, nagrandanos y otras tribus venidas del Sur.
En una tribu niquirana había una india hermosa llamada Ometepetl, hija del cacique. Ella era la admiración de todos por su gran belleza. Al otro lado, en la tribu vecina, donde los nagrandanos, existía un joven llamado Nagrando, quien también era codiciado por las jóvenes de su clan.
Las dos familias de las cuales eran descendientes, estaban peleadas por cuestiones de poder, y la ley decretada por los teytes (ancianos), decía que no podían unirse jóvenes de tribus rivales.
Una tarde, Nagrando se encontró con la bella Ometepetl en el valle y ambos se enamoraron. Los dioses contemplaron con agrado el romance. Ometepetl y Nagrando se habían jurado ante Tamagastad y Cipaltomal amarse aún más allá después de la muerte.
Nacen dos islas, un lago y varias isletas
Continuaron encontrándose sin que nadie lo supiera hasta que un día la pareja fue vista por los heraldos del teyte niquirano. Ellos corrieron a contárselo al padre de Ometepetl, quien enfurecido mandó a un grupo de guerreros a perseguir a los enamorados para que trajesen cautiva a la joven y dieran muerte a Nagrando.
Los novios, al saber que eran perseguidos, pidieron ayuda a los dioses, pues sabían que las leyes dictadas por los caciques eran inexorables. Éstos los guiaron hacia un lugar seguro, pero la persecución tardó varios días y convencidos de que la muerte era inminente, decidieron quitarse la vida cortándose los pulsos.
El cielo se oscureció, se desataron tormentas, cayeron rayos, meteoros y estrellas fugases cruzaron el espacio, mientras los dos desventurados yacían a cierta distancia uno del otro, porque Nagrando antes de morir dio varios pasos, en tanto que Ometepetl quedó en el mismo lugar.
Cipaltomal conmovida, tomó su prendedor y se lo puso en el pecho a Ometepetl. Poco después, a la india se le fueron creciendo los pechos hasta formase los dos volcanes: Concepción y Maderas.
Se calmaron los vientos huracanados. La india es ahora la Isla Ometepe, Nagrando es la imponente Isla Zapatera, el valle de Coapolca, nuestro Gran Lago de Nicaragua, formado con la sangre de aquellos jóvenes aborígenes. Los dioses le dieron castigo a los perseguidores convirtiéndolos en las isletas de Granada y Solentiname.
Leyenda del Charco Verde y Chico Largo
Cuando uno llega al puerto de Moyogalpa, el primer lugar que pide a gritos ser visitado es la laguna del Charco Verde. Este mágico lugar está situado al sur de Ometepe, pasando antes por las comunidades Esquipulas, Los Ángeles y San José del Sur.
Aunque ahora casi nadie cree en las leyendas de “El Encanto”, porque el lugar se ha convertido en sitio turístico, aún son motivos de conversación entre la gente. Los testimonios de un pasado que pudo haber sido comienzan en el período de la Colonia.
Según cuenta doña Nora Gómez, dueña del hotel que lleva el nombre de la princesa Ometepetl, hace tiempo un hombre llamado Francisco Rodríguez, mejor conocido como Chico Largo, fue la persona más temida de la isla.
“Era descendiente de los brujos que se fugaron de Rivas al llegar Gil González Dávila. Dicen que Chico Largo tenía conocimientos de brujería y la gente fue creando alrededor de su persona muchas leyendas como la de ‘El Encanto’”, dice.
Ella cuenta que ésta era una ciudad que quedaba debajo de la laguna y estaba poblada por todas aquellas personas que llegaban al Charco Verde, y cortaban alguna fruta o tomaban algún otro elemento de la naturaleza.
Cuentan que algunos cazadores quedaban perdidos en “El Encanto”, mientras perseguían a sus presas. También personas que hacían pacto con Chico Largo, que cuando se les cumplía el plazo, eran llevados a este lugar y convertidos en vacas, toros, cerdos, lagartos o tortugas.
Los que menos le debían a Chico Largo, quedaban en su forma de persona, para que se encargaran del aseo de los animales y cuido de la ciudad. Allí nadie cocinaba, a la hora de comer aparecían de pronto las mesas bien arregladas y con las comidas que el encantado deseara.
“Los carniceros de los pueblos dicen que han matado novillos y vacas que han salido con dientes de oro, porque antes de ser animales eran personas que habían hecho pacto con Chico Largo”, añade doña Nora.
La Poza del Gallo
Entre las tantas curiosidades que se pueden encontrar en la isla, está la leyenda de la Poza del Gallo. Dicen que cuando la gente pasaba por el río El Tistero salían espantos, entre ellos un gallo precioso colorado. Aparecía cantando a las 12 del día y a las 12 de la noche.
Los transeúntes se quedaban extasiados viendo al hermoso animal que llevaba un mecate largo amarrado a la pata. Todo el que seguía al gallo con intenciones de llevárselo, cuando estaba por alcanzar el mecate, daba un salto y de salto en salto llegaban hasta una poza y en ella desaparecían.
Desde entonces, se le conoce como la Poza del Gallo, situada en el río Istián vecino al Tistero. Dicen que todavía se escucha un gallo que canta en la poza a la misma hora.