Mundo Oculto

Los propósitos

Considerando como muy positiva la práctica de realizar buenos propósitos para el año entrante, ahora, tal como lo hicimos el año pasado, presentamos a nuestros lectores el punto de vista del budismo sobre esta costumbre, con el fin de contribuir con este artículo a mejorar su ejercicio

Generalmente reflexionemos sobre los logros obtenidos en el año que está saliendo, en los desaciertos que tuvimos y haciendo un balance, transformamos los anhelos y deseos no cumplidos o nuevos que surjan, en propósitos a lograr en el año que está entrando.
Es conveniente que nuestra reflexión sobre los hechos pasados sea objetiva y enmarcada en la superación más que en sentimientos de culpa, ya que con ellos no aportamos ninguna utilidad a la reflexión. Además, tener muy claros nuestros deseos y anhelos y conocer si éstos están entre nuestras capacidades o posibilidades de obtener, pues si nos proponernos algo imposible, en el futuro lo que obtendremos serán grandes frustraciones que en vez de aportarnos sentimientos de superación, nos aportarán sentimientos de fracaso.
Una vez que hemos hecho la reflexión inicial, y que estamos claros que nuestros propósitos son viables y que hemos definido el tiempo que nos llevará lograrlo, hacemos nuestros propósitos con toda seriedad y formalidad diciéndolos para escucharnos o lo que es mejor, escribiéndolos para tenerlos presente.
Entonces, nuestros consejos van en el sentido del esfuerzo que hemos de aplicar para lograr los propósitos que nos harán avanzar en el camino espiritual.
Dicen las enseñanzas budistas que el esfuerzo es una virtud suprema, porque con él podemos desarrollar todas las demás buenas cualidades, lograr la felicidad temporal y mundana, el gozo de la flexibilidad mental, la purificación de nuestras faltas físicas, verbales y mentales, eliminar las obstrucciones y alcanzar la felicidad última de la liberación y la iluminación. Buda dijo, en el “Sutra conciso de la perfección de la sabiduría”, que con esfuerzo podemos alcanzar todas las buenas cualidades que deseamos. Sin él, aunque poseamos una gran sabiduría, seremos incapaces de completar nuestro adiestramiento espiritual. Por ello, se concluye que todas las buenas cualidades dependen del esfuerzo.
Eliminar la pereza
Para desarrollar el esfuerzo tenemos que eliminar la pereza que es su mayor oponente. Ésta puede ser de tres clases:
La pereza de la postergación: “mañana lo haré”, nos falta disposición. Tenemos la intención de lograr nuestros propósitos, pero pensamos que podemos dejarlo para más adelante, y no nos damos cuenta que el tiempo pasa muy deprisa y que nuestra vida es incierta. Es seguro que así no nada logremos.
La pereza de sentirse atraído por lo que es fútil o perjudicial, de tal manera que nuestras energías se consumen en este tipo de actividades.
La pereza del desánimo, cuando creemos que no seremos capaces de lograr lo que nos proponemos y entonces no lo hacemos.
También nos dicen las enseñanzas que para superar la pereza podemos aplicar lo que llamamos “el esfuerzo semejante a una armadura”, con el cual a pesar de las dificultades hacemos los trabajos necesarios para lograr los propósitos.
Así mismo, nos aconsejan que para lograr este esfuerzo es necesario tener una fuerte aspiración, desear lo que nos propusimos hacer. Tener perseverancia, el esfuerzo ha de ser constante. Además, gozar de lo que estamos haciendo, el gozo hace que nuestro esfuerzo sea fuerte y valeroso. Y no agotarnos, si desdeñamos la necesidad del descanso, nos agotaremos y no podremos volver a aplicar de manera gozosa nuestro esfuerzo, la relajación nos protege.
Un 2006 en abundancia
Deseamos a todos nuestros queridos lectores que el próximo año sea un año de abundancia en los aspectos espirituales y en lo material y que al definir sus propósitos consideren en primer lugar el bienestar de los demás, ya que este interés, es el fundamento de la felicidad.

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