Mundo Oculto

Historia de un túnel

Él sabe que no puede matarlos y abandonar sus cuerpos en un basurero, eso sería lo típico de los brutos

Rolando López ha decido darle muerte a Josefa Trinidad Maradiaga.
“Ya no la amo” – piensa –, pero no puedo vivir con la idea que otro hombre ocupe mi lugar.
Mucho menos el obrero que se ha mudado al vecindario y le ha puesto en ridículo al reparar la televisión, la tubería del lavado y el estante para los utensilios de cocina.
López no puede, su orgullo intelectual no tolera, con las palabras de Josefa: “Vos tan lleno de teoría y no podés instalar una lucecita para leer”, le dijo ella sonriendo, con el gesto bobalicón de las mujeres enamoradas, aunque él supone que ella no le ama más o está a punto de abandonarlo para siempre, porque no puede pintar una pared sin quejarse por el esfuerzo físico.
“Soy un hombre de ciencia”, dijo López en su defensa, pero obtuvo una caricia apropiada para los niños malcriados. ¿Qué sabe ese fruto de la relatividad? ¿De ecuaciones no lineales? ¿De mecánica cuántica?, indica con superioridad.
¿De qué nos sirve todo eso para las fugas de agua? Vivís en un mundo de teoría con cero práctica – responde Josefa con un tono que en el pasado a él le pareció amoroso. Ahora no, ahora convencido que va a traicionarlo, ha decido eliminarla.
Ella y el campesino ese – se convence – son los únicos testigos de mi vergüenza.
Sabe que no puede matarlos y abandonar sus cuerpos en un basurero, eso es lo típico de los brutos.
Por tanto decida tender una trampa y acabar con los dos de una buena vez. Aprovecha un fin de semana feriado por la mañana con el pretexto de buscar en la tubería del baño, porque teme que una fuga era la causa del aumento del consumo de agua, cavó lo más profundo que pudo, hasta donde las fuerzas se lo permitieron, luego rompió el tubo y como esperaba, Josefa le reprendió la torpeza y fue en busca del obrero.
López, en el fondo de la planeada tumba para los infieles, sonrió feliz; iba a matar a los dos y quedarían enterrados juntos en el baño.
El obrero observó que la excavación era muy profunda, si bien decidió reparar primero la tubería. No escuchó cuando López derribó de un martillazo a Josefa, tampoco cuando la envolvió en sábanas, para evitar que la sangre manchase el piso, tampoco cuando la cargó a la orilla de la excavación y estaba de espaldas cuando recibió el primer martillazo en la cabeza.
Rolando saltó sobre él y lo remató con golpes precisos en la cabeza, lo acomodó en el fondo, colocó el cuerpo de Josefa al lado, luego llenó de tierra el hoyo, preparó la mezcla de cemento y tapó la tumba. Luego preparó un jugo, esperó que la mezcla secara y se felicito por un trabajo bien hecho.
Ni ese bayunco podría haberlo hecho mejor, tengo la ciencia de mi lado. Durmió con la paz de de los justos, con la ciencia de su lado, pero no al universo. En la mañana lo despertó un barrio agitado, el cuerpo de una mujer amaneció en mitad de la calle, envuelto en sábanas, con la cabeza desbaratada, no había dudas, en vida fue Josefa Trinidad, esposa del doctor Rolando López.
La Policía lo buscó de inmediato, Rolando sorprendido aún no entendía cómo su mujer había amanecido en mitad de la calle y permanece sin palabras ante los periodistas y la Policía que quiere su versión de la historia.
Un oficial entra a la casa, revisa todos los cuartos, nota que el suelo del baño está hundido, pone un pie y se hunde hasta el cuerpo del obrero.
Rolando López ignoraba lo fundamental antes de colocar cemento; rellenar, aprisionar el suelo y luego volver a rellenar, López pensaba que el cemento se coloca sobre una ligera plancha de madera. “Ese fue un error que hubiera corregido de no ser por el policía”, confiesa ofendido por su ignorancia, “pero no explica por qué mi mujer está en medio de la calle, yo la dejé aquí abajo”.
¿Ahora creé en fantasmas y muertos que andan? “Es el efecto del túnel”, dice riendo. Explica: “Si un hombre tira una pelota contra una pared, la bola rebota de vuelta, de acuerdo a las leyes de la física cuántica, la bola puede penetrar a través de un túnel por la pared, pero debido que la bola es un objeto macroscópico, las posibilidades de que esto ocurra, es infinitamente pequeña. Eso es lo que ha ocurrido con Josefa”.
Lo esposan, lo tienen por loco. La gente dirá que en la noche él arrastró el cuerpo hasta la calle para denunciar su delito. Una persona sabe la verdad, pero tiene 6 años y nadie va a creerlo, el cuerpo apareció ahí en la calle, como si estuviese saliendo de un túnel.