Mundo Oculto

El cambio


Jove

-Estamos hablando de seres humanos.
-El tema es la comida, capitán, alimentarse para vivir.
El capitán no puede creerlo, el sujeto arrestado la tarde anterior no muestra signo de remordimiento. “Es un ser humano -piensa Mendieta– debe sentir alguna especie de remordimiento”.Durante meses, la comarca fue presa del temor por continuas apariciones de restos humanos, sin embargo no faltaba ningún ciudadano y tampoco se reportaban de otras ciudades desapariciones de personas. Azuzaba el miedo de la población el encontrar los restos en bolsas para basura. “Como si alguien tratara de deshacerse de los residuos de la comida”, explicó el periódico local los hallazgos.
Ahora, ante el capitán Antonio Mendieta, el culpable, es decir el sospechoso, esperaba con naturalidad que su abogado aclarara la situación.
-¿Usted tiene gente encerrada en su casa?
-Soy un granjero, sí, entre mis propiedades tengo carne suficiente para las demandas del mercado, sí, tengo suficiente.
-¿Los encierra en algún lado?
-Tengo un corral ¿usted no tiene animales?
–Sí tengo.
-Entenderá entonces que tratan de escapar y con algunos se deben tomar medidas, pero la mayoría son dóciles.
- ¿Desde hace cuántos años viene haciendo esto?
-Es tradición familiar, aquí todos me conocen, usted parece asombrado. ¿Nunca ha probado?
-Dios me libre.
- Dios nos ha permitido la ciencia para hacer estas cosas posibles, no estamos hablando de seres humanos. Son seres que podrían pasar por civilizados, como usted y como yo si les permitiéramos usar ropa, pero esas excentricidades uno no debe permitírselas con el alimento.Mendieta tiene asco, quiere golpear al criminal, a ese devora hombres que ha llegado a la estación policial a quejarse de los recolectores de basura, quienes no han llegado a buscar los restantes de las carnes desechadas. No puede contenerse, lo golpea con furia, con verdadero miedo. A tiempo lo detienen los otros oficiales.
-¿Se ha vuelto loco? –le grita el caníbal.
Mendieta sale a tomar aire, quiere matarlo con sus propias manos, en su memoria se agolpan las imágenes de los restos encontrados; manos de niños, senos, el rostro de una mujer no se aparta de su memoria. El comandante le recomienda tomarse la semana libre, supone que Mendieta está bajo una intensa presión psicológica, estrés laboral, esas cosas pasan cada vez más seguido, culpa de la vida moderna.
-Hombre –le dice el comandante– , no hay que ser tan extremista.
En casa, Mendieta duerme a pierna suelta, desde la cocina le llega el olor, es Rosana preparando la cena, los sentidos se le agitan ante la expectativa; el arroz, la ensalada de tomates y su bistec a la plancha.
-Antonio –le avisa la mujer con su voz aflautada de costumbre para avisarle la hora de la cena.Se calza las pantuflas, baja las escaleras saboreando la expectativa de los alimentos en su boca, toma su puesto en la mesa, prueba la carne y se convence que el cielo existe.
-¿Te gusta, amor?
-Exquisito –dice Mendieta con la boca llena.
-El lomo de niño está en rebaja, ahora podemos probarla todas las noches.
-¿Qué?
-¿No te diste cuenta que abrieron una carnicería aquí cerca? Tienen de todo, lomo tierno, muslo adolescente que te gusta tanto, unos senos bien fibrosos, dicen que a las hembras las ponen en ejercicios intensivos.Antes de cambiar definitivamente, Antonio Mendieta comprende, en algún momento su universo lo ha dejado atrás con sus cerdos, vacas, conejos y cabras, ahora tiene que acostumbrarse a este nuevo mundo, en donde el plato del día es un niño congolés o bretaneo. Casi siente pesar por el otro Mendieta, el que ha abandonado este universo para darle lugar a él y en estas horas come, seguramente, una porción de lomo de res.-Pobre hombre –piensa– ya no podrá darse el lujo de comer otra gente.