Mundo Oculto

El cielo de piedra

La arqueo-astronomía permite "leer" en las construcciones y ciudades antiguas la historia de la observación de los astros

EFE-REPORTAJES

Las rocas megalíticas de Stonehenge, que marcaban el solsticio de verano en lo que hoy es Inglaterra, o los santuarios pétreos taulas, situados en la isla de Menorca y orientados hacia donde estaba la Cruz del Sur hace miles de años, son dos ejemplos de la antiquísima relación de la Humanidad con el firmamento.
El vínculo de nuestros antepasados con el Sol, la Luna, los planetas y los astros, va más allá de la religión y los mitos: buena parte de las observaciones astronómicas que han efectuado los científicos a lo largo de los milenios están escritas en piedra.
El arqueo-astrónomo británico Michael Hoskin, editor de la revista “Journal for the History of Astronomy”, ha visitado en una década más de 1.200 construcciones prehistóricas de Europa y el Mediterráneo, para desvelar los secretos de la más antigua de todas las ciencias: la observación y el estudio de los astros.
Para este investigador aunque la arqueo-astronomía todavía está en la infancia y al principio despertaba el escepticismo de los arqueólogos --que no creían que las culturas antiguas tuvieran conocimientos astronómicos complejos y pensaban que esta ciencia sólo ofrecía interpretaciones fantásticas-- ahora se la respeta cada vez más como una disciplina científica.
La clave de esta ciencia consiste en saber distinguir entre datos, interpretaciones realistas y fantasías, afirma Hoskin.
Y uno de los datos más reveladores para un arqueo-astrónomo son las medidas de las orientaciones de las tumbas, que siguen normas diferentes en cada cultura o civilización.
Tumbas que apuntan al cielo
Todos los enterramientos están dentro de un ángulo limitado y es muy improbable que esto sea casual, aunque este hecho no supone que los antiguos utilizaran el cielo para construirlos o que las construcciones tuvieran una finalidad astronómica, como predecir eclipses, ya que algunas culturas orientaban sus monumentos hacia una montaña sagrada, explica Hoskin.
El experto británico ha investigado en la región portuguesa de Evora un conjunto de 55 tumbas separadas por varios kilómetros, y ha descubierto que todas están comprendidas en un ángulo de 45 grados y situadas en un terreno totalmente plano.
Este caso, muy frecuente en todo el Mediterráneo salvo en las Islas Baleares, tiene, según Hoskin, una explicación relacionada con el cielo: las tumbas se orientaban hacia dónde salía el Sol, el día en que comenzaban a construirse, ya que esos 45 grados coinciden con la variación de la posición de ese astro al salir por el horizonte, hasta la llegada del solsticio de invierno.
Una posible explicación para esta orientación es que había una forma de almacenar los muertos y que los enterramientos se efectuaban en invierno, cuando no se trabajaba en el campo.
Una de las zonas más ricas del Mediterráneo en materia arqueo-astronómica es la isla española de Menorca, donde la cultura talayótica, de hace más de 3.000 años, dejó las taulas, unas construcciones de piedra, que para Michael Hoskin, eran centros de salud: lugares de culto al dios de la medicina.
Todas las taulas están orientadas hacia el horizonte sur: al mar o a una tierra muy plana, nunca hacia una montaña. Ahora, en la dirección hacia donde miran las taulas no hay nada en el cielo, pero cuando fueron construidas allí estaba la Cruz del Sur, que ha cambiado de posición en el firmamento por el lento movimiento de oscilación del eje de rotación de nuestro planeta.
Esa constelación formaba parte de la del Centauro o Quirón, el dios que en la mitología griega enseñaba las artes médicas, señala el experto británico, que interpreta así, la relación de los monumentos menorquinos con la salud y el firmamento.
Enigmas de la arqueo-astronomía
Aunque la arqueo-astronomía ha comenzado a hacerse más notoria en las últimas décadas, el inicio de esta disciplina científica, que mezcla la arqueología con la astronomía, puede situarse en 1740, cuando el anticuario inglés William Stukeley descubrió que un menhir de la configuración megalítica de Stonehenge, en el Reino Unido, mantenía una curiosa relación con el Sol.
Stukeley descubrió que la Heel-Stone, una piedra situada fuera del círculo de estructuras pétreas de Stonehenge, marca el punto en que el Sol sale por el horizonte en el solsticio de verano, el día más largo del calendario, iluminando el conjunto megalítico.
Desde entonces se multiplicaron las investigaciones sobre la famosa configuración circular del neolítico. Una de las teorías más interesantes la ha propuesto el astrónomo Gerald S. Hawking, quien cree que los constructores de Stonehenge habían edificado una gran calculadora astronómica mediante la cual podían seguir el calendario, la órbita lunar y predecir los eclipses.
Algunos arqueólogos son más prudentes al opinar sobre el significado de Stonehenge, y aunque admiten que es improbable que su configuración sea casual, señalan que los cálculos precisos son dudosos, porque a lo largo de los miles de años de existencia del monumento pueden haberse producido desplazamientos de algunos centímetros en la posición de las piedras megalíticas.
De la tierra a las estrellas
En cambio, para los seguidores de la arqueo-astronomía, Stonehenge es sólo uno de los muchos testimonios arqueológicos que muestran la antiquísima relación de la Humanidad con los astros.
Muchos expertos defienden los conocimientos astronómicos de los antiguos egipcios, cuyo calendario permitía calcular con precisión sucesos como la inundación anual del Nilo, necesaria para fertilizar las zonas de regadío de sus orillas, la cual coincidía con un fenómeno astronómico relacionado con la salida por el horizonte de la estrella Sirio, antes que el Sol.
La arquitectura faraónica parece tener referentes celestes. Las chimeneas de ventilación de la cámara real de la Gran Pirámide de Giza, apuntan hacia estrellas relevantes en el firmamento, mientras que el templo de Amón-Ra, tiene una pequeña estancia, la Cámara del Sol, con una angosta ventana por la cual entra la primera luz solar durante el solsticio de invierno.
El saber astronómico de las grandes civilizaciones americanas tampoco es desdeñable, según los arqueo-astrónomos. Ciudades situadas en Yucatán, como Uxmal, Chichen Itzá o Palenque, parecen tener numerosas alineaciones astronómicas de importancia.
La Torre del Caracol de Chichen Itzá, por poner sólo un ejemplo, pudo ser un observatorio astronómico, ya que a través de sus cuatro puertas se apunta a la salida y caída por el horizonte de estrellas brillantes como Pólux y Cástor, Formalhaut o Canopus, y al punto por donde se ponía Venus en el solsticio de verano.
No todas las interpretaciones arqueo-astronómicas son rigurosas y algunas son fantasiosas. Pero para muchos expertos hay algo claro: las configuraciones y orientaciones observadas en los monumentos antiguos no pueden ser fruto de la casualidad.