Mundo Oculto

“Guayabo” guarda milenarios secretos indígenas en Costa Rica

En la zona se han encontrado65 petroglifos, cuyo significado no ha sidodescifrado, entre ellos, uno de un jaguarcon un lagarto, aparentemente animales sagrados

Guayabo, Costa Rica/EFE

Guayabo, el espacio arqueológico más importante de Costa Rica y cuna de la cultura indígena cabécar, esconde el enigma de la misteriosa desaparición de sus habitantes hace 600 años y guarda otros secretos milenarios.
Enclavado en la localidad de Turrialba, en las faldas de la cordillera volcánica central (este), Guayabo oculta secretos que posiblemente nunca serán revelados, como la causa de la desaparición de sus habitantes y los grabados en piedra (petroglifos) que continúan sin ser descifrados.
El sitio arqueológico, ubicado en un área de conservación de 233 hectáreas, estuvo habitado por los cabécares entre el año 1.000 a.C. y 1.400 d.C. y comprende 20 hectáreas, de las cuales sólo 3,4 han sido desenterradas.
Si bien la cultura cabécar aún sigue viva junto a otros siete grupos precolombinos, que suman el dos por ciento de los cuatro millones de costarricenses, los cabécares de Guayabo desaparecieron sin una razón clara.
El Gobierno de Costa Rica declaró a Guayabo “Monumento Nacional” en 1973, fecha para la cual habían transcurrido 125 años de saqueos de tumbas, jade, artesanía y oro por parte de los hacendados que descubrieron el lugar y a quienes pertenecían los terrenos.
Una de las guías del lugar, Rosa Fernández, explicó a ACAN-EFE que en el sitio habitaron unos 1.000 indígenas que convirtieron a Guayabo en “el cacicazgo de cacicazgos (pueblos gobernados por un cacique)” por su desarrollo político, social, comercial y tecnológico.
“Shoni”, (Guayabo en lengua “chibcha”), muestra actualmente los vestigios de lo que fue un pueblo indígena cuyas edificaciones, de las cuales sólo quedan las bases, fueron construidas con enormes piedras de dos ríos cercanos.
Las construcciones constituyen otro enigma del lugar, ya que no se conoce cómo fueron transportadas las miles de rocas.
Otra incógnita es el motivo de la desaparición de los cabécares que habitaban ese sitio. Una hipótesis apunta hacia una peste, y otra, a un conflicto bélico con otra cultura.
En Guayabo existen 148 montículos redondos de piedra de al menos un metro de altura, la mayoría aún enterrados, que eran las bases de las casas de forma cónica que rendían homenaje a “Sibú” (Dios).
Según la creencia cabécar, la forma cónica de las casas representaba la trayectoria del sol: sale del este, sube hasta el cenit, donde está “Sibú”, se esconde al oeste, para luego ir al sur, a los destinos de “Surá” (demonio) y posteriormente repite el ciclo.
El desarrollo tecnológico de los indígenas era notable, pues en el antiguo asentamiento hay un acueducto hecho en piedra que abastecía de líquido al pueblo por medio de dos tanques de captación y un dique, y que, en la actualidad, aún funciona.
Cerca del acueducto está la base de un templo de alabanza a “Sibú”, y en el centro del asentamiento está el montículo del “cacique” (máxima autoridad política), el cual es el más grande de todos, con cuatro metros de altura y diez metros de circunferencia.
En la zona se han encontrado 65 petroglifos, cuyo significado no ha sido descifrado, entre ellos, uno de un jaguar con un lagarto, aparentemente animales sagrados.
Sin embargo, la obra más impresionante es la calzada de piedra, la cual tiene siete metros de ancho y 15 kilómetros de largo, de los cuales 200 metros han sido excavados y permanecen expuestos para los visitantes.

“La tierra siente y tiene vida”
Según Fernández, un estudio de la Agencia Espacial Estadounidense (NASA) reveló que existen caminos empedrados, menos elaborados que la calzada, de unos 80 kilómetros, que hoy están enterrados y conducen hasta las poblaciones de Matina y Guápiles (Caribe), desde donde los indígenas traían pescado e intercambiaban otros productos.
Los cabécares creían que “la tierra siente y tiene vida”, por lo que, antes de profanar el bosque o cazar, pedían permiso a “Sibú” tomando cuatro días de oración, ayuno y abstinencia marital.
Pese a su historia y belleza, Guayabo, ubicado 64 kilómetros al este de San José, es visitado cada año sólo por 23.000 turistas, de los cuales 17.000 son costarricenses, en su mayoría escolares.

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