Mundo Oculto

Alguien llora


- Beto, despertate.
- Mmm ¿qué?
- Alguien llora.
- ¿No es el niño?
- Ya fui a verlo dos veces a la cuna, no es él.
- Debe ser la vecina.
- Beto, no hay casas en un kilómetro.
- Un eco, la radio.
- Beto, tengo miedo.
- Jodido, Mariana, ya vas de nuevo con tus terrores nocturnos.
- Andá echá una mirada.
- Jodido hombre, ya no puede dormir un indio tranquilo.
Dicho esto, Filiberto “Beto” Murrieta se calzó las botas, tomó el machete, por si algún animal intentaba sorprenderlo en la noche, tomó el candil y salió a la noche. Mariana Somarraba trancó la puerta tras de él, escuchó a su marido andar en patio, regar las plantas y hablar con alguien, escuchó los pasos de Filiberto regresar a la entrada de la casa, su voz le llegó desde el otro lado de puerta como sollozando.
- No hay nadie.
- ¿Cómo no va a haber nadie si yo te escuché hablando con él?
- Que no hay nadie – dijo entre sollozos Filiberto – mujer abrí que tengo sueño.
- Filiberto ¿por qué estás llorando?
Del otro lado de la puerta, el silencio y la seguridad que no es Filiberto, que alguien llora y es por algo terrible. Ese alguien, que ya no camina como Filiberto, pues arrastra sus pies, rodea la casa dando golpecitos en las paredes, como buscando una debilidad en la estructura para entrar. Va donde el niño, teme por él, entre penumbras busca el azadón por si ese alguien se atreve a tirar la puerta, de nuevo la voz de Filiberto la llama entre sollozos.
- Mariana… abrí.
- ¿Por qué estás llorando?
- Es que me corté con unas espinas y me está sangrando feo.
Mariana va a abrir la puerta, las espinas explicarían por qué arrastra los pasos, pero recuerda la vez que el Filiberto se calló del caballo y se partió la pierna, ni una lágrima, eso la sorprendió, por eso decidió quedarse con él para siempre, aunque se fueran a vivir ahí en medio de la nada, como dice su mamá: “En el mismísimo culo del mundo”.
- Beto, vos no llorás nunca ni la vez que te agarró el toro ¿te acordás?
- Sí, me acuerdo – dice la voz de Filiberto al otro lado de la puerta.
- Pues no es verdad, nunca te ha agarrado un toro.
Con furia, alguien, el que está llorando al otro lado de la puerta, la golpea con las manos. La puerta, lo sabe, va a ceder ante el empuje de esa fuerza endemoniada. Mariana se apresta, azadón en mano, para defender su vida y a su niño que duerme en la tijera.
La puerta estalla en pedazos, la luz de una candela la ciega, el niño llora en la tijera y corre hacia él. Alguien, el que lloraba, enciende la luz y a los ojos de Mariana se revela el rostro de un envejecido Filiberto y su propio Filiberto, los dos llorando.
- Hemos matado al niño, Mariana, era el demonio, en el futuro iba a matarnos y quemar todo el valle.