Mundo Oculto

El espejo del sentido de la vida


“Sin detenerse, día y noche,
esta vida se me escapa
y su duración nunca aumenta;
¿por qué, entonces, no me va a llegar a mí la muerte?”

(Shantideva)

¿Cuál es el sentido de nuestra vida? ¿cómo llenamos nuestra vida de significado? ¿con qué nos confronta la muerte?
La muerte es la cesación del vínculo entre nuestra mente y nuestro cuerpo. Anunciada o intempestiva, es un tránsito, una estación en el camino, siempre llega a tiempo. Cada persona muere como vive y como se desarrolla; sin estar consciente de ello, la mayor parte del tiempo, cada uno planea su propia forma y momento de morir. Cada cual frente a la muerte, al estar consciente de que está partiendo, es “diferente” porque la muerte siempre singulariza y dramatiza el recorrido de una vida, de una historia.
Todos los humanos tenemos creencias que condicionan la manera de enfrentar este momento. Para algunos es un tránsito lineal, para otros es el paso a la próxima vida, hay para quienes no tiene sentido, para otros es un castigo, una liberación, una esperanza, el fin de todo, etc.
El argumento de vida que cada persona construye como motivo de su existencia, expresa sus creencias sobre la muerte, que no son independientes sino que forman parte de una visión más amplia y no siempre consciente dentro del sujeto. Así, por ejemplo, quien evade la muerte evade la vida y el miedo a morir que lo domina es proporcional a su miedo a vivir.
A menudo oímos afirmaciones como: “Murió como vivió”, “la muerte es el momento de la verdad”, “murió en su ley”, “murió como quiso” o “la muerte es el momento en que por fin nos vemos cara a cara con nosotros mismos”, frases así suelen decirse a esa coherencia de historia y final de una existencia. Morir es romper con los lazos que nos atan y frente a ese acontecimiento, suceso, experiencia, partida y conciencia se responde de muchas maneras.
Y ya hemos escuchado que quienes pasan por una experiencia de casi muerte a veces declaran que, mientras ven desfilar ante ellos toda su vida, se les formulan preguntas como: “¿Qué has hecho de tu vida? ¿qué has hecho por los demás?” Todo esto apunta a una misma realidad: en la muerte uno no puede escapar de lo que realmente es ni de quién realmente es. Nos guste o no, se revela nuestra verdadera naturaleza. Hay dos aspectos de nuestro ser que se revelan en el momento de la muerte: cómo somos y cómo hemos sido en esta vida.
La vida es impermanente
Buda enseñó que la vida es impermanente y que todos aquellos que nacen finalmente han de morir. El ejemplo más poderoso de la impermanencia es la muerte, y si nuestra vida es corta e incierta, hemos de procurar darle algún sentido antes de que llegue el momento de la muerte.
Si no tenemos plena conciencia de la muerte será muy fácil caer en la influencia de esa idea que engaña a nuestra mente y la arrastra al sentimiento de que somos permanentes, sentimos y pensamos que estaremos por siempre sobre la tierra. Al defender esta idea de nuestra propia permanencia, habitualmente sólo nos interesa adquirir aquello que venga a sumarse a nuestro bienestar y a nuestra seguridad en esta vida.
Si durante la vida no recordamos la muerte, cuando vayamos a morir descubriremos de repente que ni nuestras riquezas y posesiones, ni nuestros amigos y familiares podrán ayudarnos. Si no nos hemos preparado para la muerte, sentiremos un intenso arrepentimiento por haber desperdiciado nuestra vida y tendremos miedo a lo que ocurra durante la muerte y después de ella. Nuestras lágrimas y llamadas de socorro llegarán demasiado tarde.
Prepararnos para la muerte es una de las cosas más bondadosas e inteligentes que podemos hacer tanto por nosotros mismos como por los demás.
Si desea profundizar sobre el tema y meditar, asista a la charla que se dará en el Centro Budista Bodhichita este viernes 21 de octubre a las 6.30 p.m., el costo es de 40.00 córdobas.
Tome nota:
Si desea profundizar sobre el tema y meditar, asista a la charla que se dará en el Centro Budista Bodhichita este viernes 21 de octubre a las 6:30 p.m., el costo es de 40.00 córdobas.