Mundo Oculto

Mensajes dictados desde el más allá

Para lograr la comunicación con el otro lado, no hacen falta poderes síquicos ni haber pasado cursos intensivos. Con la escritura automática es posible contactar (en forma segura) a familiares o amigos fallecidos que se encuentren cerca. Aunque es difícil controlar quién puede responder

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Mientras contemplaba la idea de escribir sobre este tema, se lo comenté casi por casualidad a Rosa García, de 35 años de edad, fiel lectora de este suplemento y amiga de la redactora. Ella reveló que una vez intentó con éxito la escritura automática (ya debería saber que nada sucede por casualidad).
“Cuando tenía como 16 años, unas amigas del colegio me contaron cómo se hacía. A mí siempre me ha dado miedo todo este asunto de los muertos, pero al mismo tiempo me atrae. Como toda chavala, era curiosa y vaga”, dice.
Un día, según sigue su relato, Rosa se levantó de madrugada y se sentó en el piso de su cuarto. En medio de la oscuridad, su mano comenzó a escribir. “La única pregunta que hice fue ‘¿alguien quiere hablarme?’ Como estaba oscuro, no veía lo que estaba escribiendo. Me dio miedo y no seguí. Me acosté en carrera”.
A la mañana siguiente, su gran susto fue que en la hoja aparecía escrito, con una letra que no era la suya, el nombre de un señor que había vivido en la casa antes que su familia. Don Agustín Castellón, había muerto de un ataque al corazón hacía un año, en la misma vivienda del barrio Los Ángeles.
“Mi mamá alquilaba esa casa y teníamos poco de habernos pasado. Yo no sabía la historia. Le conté lo que hice a ella y me dijo que ese señor era un hermano del dueño de la casa. Me dio una gran regañada para que no volviera a hacer esas cosas, pero con el susto tuve...”, agrega.
¡El lápiz se mueve!
Con la técnica de la escritura automática, la mano se convierte por momentos en una especie de antena transmisora, un médium entre aquel mundo y éste. Sólo hay que dedicarle algunas horas de práctica y tener paciencia para dejar que “ellos” se manifiesten.
Siempre y cuando sigan las recomendaciones, cualquiera puede recibir estos mensajes. Lo único que necesitan para empezar es: papel, lápiz y una mesa ubicada lejos de los ruidos y de las luces demasiado intensas. Es importante que no haya nadie en la casa que pueda interrumpir su concentración.
Una vez que hayan reunido estas condiciones, intenten concentrarse en una primera pregunta, a través de la relajación. Deben saber con quién están comunicándose, así que la primera pregunta puede ser: ¿Cómo te llamas?
La muñeca tampoco debe estar tensa. La mano debe poder deslizarse con libertad sobre el papel. Cabe advertir que el proceso no es automático. Hay personas que no tienen la misma “suerte” de Rosa y les lleva horas o días establecer la comunicación. Algunas nunca alcanzan una verdadera relajación o tratan de forzar una respuesta, por lo que se decepcionan de la experiencia.
Otros fines
Por otra parte, los garabatos que produce la escritura automática pueden revelar mucho sobre otros aspectos: El subconsciente de quien sostiene el lápiz.
La doctora Anita Mühl fue una pionera de este método para alentar a los pacientes a expresar espontáneamente sus conflictos ocultos. Durante las tres primeras décadas del siglo XX, la escritura automática se utilizó como herramienta para el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades mentales.
Dicen que la práctica hace al maestro, así que por una razón (comunicarme con seres de luz), o por otra (conocerme a mí misma), yo continuaré en la labor. Quién quita y un día de estos pueda escribir sobre mi propia experiencia...