Mundo Oculto

Sufismo: música y movimiento para el despertar del espíritu

Esta filosofía, cuyo contenido se ha mantenido casi inalterable desde la muerte del profeta Mahoma, basa sus enseñanzas en la purificación del ser a través de la percepción de la unidad del Cosmos. Varias corrientes integran este movimiento que se ha extendido a lo largo de la historia por el continente asiático y africano, y cuyo exponente más popular es el de los danzantes derviches. Palabra y movimiento, música y oración son las vías por las que el sufí avanza en el camino de la trascendencia

Efe/Reportajes
Inmersos en esta eclosión de filosofías espirituales que se ha dado en llamar Nueva Era, son muchas las corrientes que basadas en auténticas tradiciones orientales tratan de echar raíces en Occidente, olvidando ciertas particularidades de difícil traslado. Entre estas seductoras filosofías se encuentra una de exquisita riqueza: el sufismo, de la que algunas de sus particularidades se han adueñado algunos movimientos modernos.
La mayoría de los aspectos de la religión del Islam, que pasaron a formar parte de la tradición, adoptaron un aspecto formal después del fallecimiento del profeta Mahoma y de los cuatro primeros dirigentes musulmanes. Sin embargo, el sufismo fue uno de los que su desarrollo quedó poco alterado con respecto a sus orígenes, y con el paso de los siglos, los sufíes fueron relegados y acusados de esotéricos.
La filosofía sufí se basa en la purificación del ser. Para ello, la unidad del Cosmos se convierte en el eje principal de esta realización del ser interno. Palabra y movimiento, música y oración son las vías por las que el sufí avanza en el camino de la trascendencia. Elementos cuya combinación en armonía generan el éxtasis y la desintegración del yo individual para llegar a percibir la unidad del Todo.
Vías de purificación y elevación
Numerosos maestros y santos sufíes han señalado ciertas invocaciones, recitaciones, cánticos y súplicas que ayudan al buscador a purificarse y elevarse. Se celebran círculos y reuniones recordando a Alá para ayudar a purificar el ser por el procedimiento de abandonar todo pensamiento y preocupación por los asuntos mundanos. El concentrarse reiteradamente en un sonido especial y específico resulta de gran ayuda.
La energía que emana de la presencia de mucha gente reunida en un círculo de recuerdo de Dios propicia “aperturas” en el “corazón” y produce despreocupación en los buscadores. Distintos maestros espirituales, según las diferentes circunstancias y épocas, han propuesto diferentes remedios para curar las enfermedades del ser.
Algunos maestros han advertido que la práctica de la hadra es un método útil para propiciar las “aperturas” en el “corazón”. La palabra árabe hadra se suele definir como “baile sufí”, pero literalmente significa presencia, ya que quienes ejecutan la hadra correctamente aumentan su conciencia del omnipresente, de la sempiterna presencia de Dios.
La hadra, que por lo general comprende la invocación del atributo de Alá el al-Hayyu viviente, se puede ejecutar de pie, cantando y balanceándose en grupos. Algunos grupos están de pie en círculos, otros están de pie en filas, y aun otros lo hacen sentados en filas o en círculos, los hombres en grupo y las mujeres en otro grupo separado.
Algunos sufíes han adoptado ciertas prácticas de Asia y de África y han introducido algunas innovaciones en cuanto a las formas y medios de usarlas, más acordes con sus necesidades particulares. Algunos sufíes, por ejemplo, en particular los miembros de la Orden Naqxhbandi, hacen ejercicios de respiración y de hiperventilación intensa que aumentan el nivel de oxígeno en la circulación de la sangre. Estas prácticas son muy similares a las que realizan los yoguis en la India.
Algunas de estas prácticas están abiertas al público, mientras que otras están destinadas exclusivamente a los iniciados y a los buscadores cercanos. A menudo quedan excluidos de ellas los niños y la gente muy joven. En prácticamente todos los casos, se separa a las mujeres de los hombres, de manera que las energías perturbadoras no causan distracción alguna.
Danzas derviches
Las piruetas de los derviches danzantes constituyen otra práctica curiosa. Se basan en el principio de que es la forma exterior la que puede girar y dar volteretas, mientras que la centralidad interior y su fijación permanecen quietos y se refuerzan, de la misma manera que el eje central de una rueca permanece completamente inmóvil.
Quien consiguió dominar el arte de girar fue Mawlana Jalal ud-Din Rumi, que solía ejecutarlo alrededor de un árbol. De hecho consiguió fijar la atención en sólo un punto uniendo dos realidades opuestas --giro exterior, quietud interior-- en un ser. Mientras se gira hay que dirigir la atención interiormente hacia el “corazón”, y en consecuencia hacia Alá, ya que si se dirigiera exteriormente, la persona que está girando pronto se marearía. El girar puede producir un estado extático si se realiza bajo la supervisión y guía adecuada de un maestro espiritual.
Los miembros de la Orden Rifa i muestran algunos fenómenos espectaculares y físicamente extraños que no son fáciles de explicar. Una de esas prácticas consiste en atravesarse el cuerpo con una espada sin que se produzca derramamiento de sangre, y aparentemente sin dolor, mientras se está en un estado de éxtasis. La percepción y las experiencias de una persona durante un estado transformado son muy distintas a las que acompañan la conciencia normal.
Música para el ser interno
La mayoría de las órdenes sufíes practica el recuerdo de Alá salmodiando y cantando, sirviéndose en ocasiones de instrumentos musicales, especialmente tambores. La música ha pasado a formar parte de las prácticas de las órdenes sufíes en un sentido muy limitado, y a menudo, de manera temporal bajo la dirección de un maestro espiritual.
En el caso del subcontinente indio, los sufíes advirtieron que a los hindúes ya les gustaba mucho la música, de manera que ellos también utilizaron la música para llevarles al camino de la autoconciencia, de la memoria de Alá y del abandono dichoso. Por consiguiente, aunque se utilizaron instrumentos musicales con esa finalidad y con esa intención, sin embargo, por lo general, eran considerados como distracciones innecesarias. La mayor parte de lo que se canta se refiere al camino espiritual y no guarda relación con las canciones corrientes. A menudo son descripciones de cómo autoliberarse de las propias trabas y de cómo despertar.
De manera que los cánticos y las danzas sufíes forman parte de la práctica de despojarse de las ansiedades mundanas y de propiciar sensibilidad en el interior de uno mismo mediante lo que se llama sama, que en árabe significa escuchar. En el contexto sufí, esto significa cualquier cosa que tenga que ver con música o canciones destinadas a la propia elevación espiritual y a la autopurificación.
Todas estas prácticas no tienen otro significado que el de propiciar un estado de neutralidad en el interior de uno mismo y la apertura del corazón. No se ejecutan con ánimo de entretenerse, como sucede con la música corriente que es rítmica y físicamente excitante. La música es un instrumento y, cuando se deja en las manos de quienes saben cómo utilizarlo, cumple su propósito inicial. De otro modo, puede descontrolarse y resultar perjudicial.