Mundo Oculto

La bola de cristal


— Denix Martineaux —

Este medio adivinatorio es uno de los más tradicionales de la humanidad. Según algunos estudiosos de las artes adivinatorias, la “bola de cristal” tendría su origen en la civilización egipcia, varios milenios antes de la era cristiana. ;


Generalmente estas afirmaciones están constatadas por el descubrimiento de cristales en forma esférica en las ruinas de numerosos templos en Denderah. ;


Pero ocurre que el “privilegio” de los egipcios de ser los primeros en esta mancia tuvo que ser dejado de lado, cuando el profesor Hughes Arnold Smith, de la Universidad de Princentom, descubrió cristales similares en ruinas aztecas y mayas, cuya antigüedad podría ser equivalente a la de los egipcios. ;


Finalmente el golpe definitivo contra los “egiptólogos” lo dio, a principios de la década del setenta, el arqueólogo polaco Milai Zanuzy, cuando en excavaciones llevadas a cabo en el valle del Tigris y del Eufrates, descubre una colección de no menos de setenta esferas de cristal, que seguramente pertenecían a un templo adivinatorio de la ciudad de Ur.;


Según narraciones que se remontan a Herodoto, esta forma de adivinación fue utilizada por los griegos, quienes a su vez la aprendieron de los egipcios. Dice Herodoto que los faraones la empleaban para controlar los acontecimientos que ocurrían en sus lejanos dominios y la fidelidad de sus súbditos. ;


Cuenta el explorador americano John Stewart Granger, en sus Verdaderas Leyendas de los Indios Norteamericanos, que habiéndose perdido en territorio sioux, estos indios le hicieron contemplar a su mujer e hijos, que se encontraban en su hogar en California, a través de una “bola de cristal”.;


Actualmente tiene mucha vigencia;


Todos los tratadistas medievales informan que durante el siglo XII estaba de moda el agua bendita en una copa, espejos, espadas y otros objetos brillantes que cumplían las funciones de los cristales mágicos. ;


Pero ya en el siglo XIV la contemplación se realizaba exclusivamente con los cristales de cuarzo. Los mismos eran previamente consagrados con agua bendita para ser posteriormente colocados en recipientes llenos de incienso. Y en el siglo XV la adivinación por cristales era tan usual que prácticamente no había familia que no tuviese su “bola de cristal”.;


En la actualidad la “bola de cristal” tiene una vigencia mucho mayor de la que nuestros “científicos” están dispuestos a aceptar. Puede asegurase que el éxito y el número de aciertos a través de esta mancia -cuando es correctamente utilizada- es mucho mayor que las “tecnológicas computadoras” pronosticadoras del futuro. ;


Estas últimas no pueden pasar de ser una mera combinación de posibilidades lógicas, mientras que la “bola de cristal” basada en las ocultas leyes de la naturaleza, es la proyección en el presente de lo que “ya ha ocurrido en el futuro”. La comprensión de esta misteriosa ley, queda librada a la intuición del lector.;


En el desarrollado e industrial Japón contemporáneo, ocultas en los templos budistas y sintoístas, “la bola de cristal” cumple su misión lejos de los ojos de los profanos. ;


Pasado;


y futuro ;


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Pero la “bola de cristal” no sólo es patrimonio de las culturas milenarias, en las grandes ciudades de nuestro mundo, Nueva York, París, Roma, o Buenos Aires, generalmente cuando la urbe reposa, miles de “bolas de cristal” se encienden para que miles de iniciados tengan el privilegio de contemplar los acontecimientos que sobrevendrán. ;


Pero no sólo las imágenes del futuro se presentan ante la “bola de cristal”, también el pasado se presencializa en este espejo mágico.;


En Fiji, cuando ocurre un delito, se recurre a la “bola de cristal” donde figuran los hechos transcurridos y de esta manera se puede probar, sin lugar a duda, al culpable de la trasgresión. Este mismo método era utilizado entre lo incas y aztecas. ;


Según la tradición de este último pueblo, al culpable se le hacía observar su propia acción delictiva, como en una “película”, por lo que no tenía más remedio que aceptar su participación en el hecho.;


En sus campańas, Alejandro Magno tenía un cristal que había sido fabricado por el mismo Aristóteles. El gran aventurero y conquistador Cecil Rhodes siempre llevaba uno en sus expediciones. En tiempos más recientes el doctor Dee, astrólogo de la Reina Isabel I, utilizaba la “bola de cristal” para que la reina conociera los sucesos del pasado.