Misterios y Enigmas

Controlemos nuestra máquina humana


Sayali Baca

El término máquina, para la gran mayoría, está asociado con la influencia de la tecnología, sin embargo, el mismo ser humano es una especie de este tipo que cumple una función específica en la tierra.
Desde el inicio de la civilización hasta nuestros tiempos, los seres humanos se han mecanizado, según las exigencias del entorno, combinado con la tecnología, la naturaleza, los cuerpos celestes o el cosmo.
La mecanicidad en el mundo ha permitido que los seres humanos nos olvidemos de los verdaderos principios o razones por las cuales nos encontramos en la tierra y lleguemos al extremo de la rutina.

La mecanicidad y sus tipos
Partiendo de la rutina que envuelve a la humanidad están tres tipos: la mecánica tecnológica, que consiste en la manipulación que el hombre ejerce en ciertos objetos, como el carro para transportarse, la computadora, el celular, entre otras. Para que el ser humano se convierta en operativo necesita de ésta, pero debe usarse de forma racional para hacer el bien.
La mecánica Celeste constituye ese andamiaje necesario para que todo funcione dentro de una armonía superior o trascendental de la vida, como en los movimientos de rotación y traslación.
La mecánica de la naturaleza se basa en todos los procesos que giran de forma natural en las plantas, animales y el mismo ser humano, ese proceso de desarrollo que avanza junto a la mecánica celeste.
La mecánica de la naturaleza y la celeste no son tan diferentes entre sí, pues, si bien es cierto, la primera es todo cuanto existe en la tierra, y la segunda todo cuanto existe en el cosmo, los movimientos de rotación y traslación influyen en el proceso de la vida y tiempo de forma natural. Sin embargo, estos dos últimos tipos de mecanicidad se diferencian de la tecnología porque requieren de una inteligencia humana para poder activarse.
Para los estudiosos gnósticos el poder que tienen los seres humanos es más potente que cualquier arma de fuego o bomba atómica, explicó el Misionero Gnóstico Hugo Cardona.

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