Misterios y Enigmas

El ciclo que marca la naturaleza


Sayali Baca

Creer o no que traemos un destino marcado desde el momento que nacemos, no es un tema que tiene que ver con la casualidad o coincidencia, sino más bien con la ley de causa y efecto, asociada a la causalidad y la ley de la recurrencia de la vida.
Muchas profecías escritas por Michael Nostradamus y por civilizaciones antiguas, que seguramente oímos hablar cuando éramos unos niños, llegaban al punto de asustarnos por dos aspectos casi inequívocos: primero porque están marcadas con fechas establecidas y segundo por creer que no hemos sido tan crueles en este mundo para tener que pasar por situaciones tan fuertes y que seguramente nuestros hijos serán los más afectados, un pensamiento errado trasmitido por nuestros padres y ancestros.
Las manecillas del reloj siguen su curso al son de un “tic tac”, de la misma manera que marcha la naturaleza, el cosmo que la envuelve y por su puesto la raza humana, sólo que esta última de forma voraz, porque ignora la realidad, que está marcada para su vida y sus descendientes.
¿Por qué decimos que la vida está marcada? Por la simple razón que nacemos bajo una sociedad con ideas cambiantes que sin medirlas reaccionamos de manera inconciente, lo cual deja abierta una pauta a responder a largo o corto plazo. Aquí nos atrapa la ley de la recurrencia, que consiste en volver a lo mismo, si queremos ver cómo fue nuestra vida pasada, observemos cómo es la actual, “porque como actuemos hoy actuaremos en el mañana”, detalló.
Ante una decadencia de valores por parte del mismo ser humano, se han venido proliferando conceptos en referencia al fin del mundo, “cada religión dice poseer la verdad y cada cultura dice poseer la salvación”, ante los diferentes cambios que el ciclo de la naturaleza cumple dentro del reino, dijo el misionero Gnóstico Hugo Cardona.
Es lamentable saber que la naturaleza ha venido teniendo transformaciones de forma catastrófica que directa e indirectamente nos ha venido afectando, pero dentro de esta afectación el elemento más vulnerable y atroz es el género humano, que no ve los ciclos de la vida como algo natural, sino con lo que hay que experimentar, alterando así los procesos, explicó el Misionero. “Al final de cuentas el humano tiene más que perder en la tierra si no sabe dominar los cambios” advirtió.

Desastres naturales, una alerta
“Con tan sólo cuatro meses del año 2010, hemos sido testigos de la causalidad que está atravesando la tierra, dado que ésta actúa de forma mecánica en nosotros, dándonos así una afectación directa a nivel psicológico, y espiritual, lo que es un resultado de la Ley de Causa y Efecto, argumentó. Nada ocurre si no hay resorte que lo active”, agregó.
Es decir las cosas que hemos visto pasar en estos primeros meses del año y todos los anteriores, no es producto de una casualidad, puesto que no es un azar, mucho menos suerte, porque todo en esta vida ocurre por las leyes antes mencionadas y establecidas dentro de la vida.
Según el Gnóstico, los antiguos sabios extrasensoriales que dictaron al mundo profecías de cómo reaccionaría la Tierra, sobre todo a la llegada del año 2000, tenían sus conocimientos basados en la espiritualidad y el entorno natural de la vida, lo que les permitió ver más allá de sus ojos. “Por eso se dice que ellos sabían cómo leer los destinos de la naturaleza y no así como algo sobrenatural”, resaltó Carmona.
Si una persona pone un poco de cuidado a su entorno, a su vida, sus amistades podría comprender los resultados de ellas. La tierra es un vivo ejemplo de esa falta de atención que hemos puesto sobre ella, pues los múltiples fenómenos ocurridos casi en un mismo tiempo, es toda la acumulación de lo que ha tenido que tolerar durante quien sabe cuanto decenios de años, puntualizó.
“Nuestra madre naturaleza dejó de ser un caso aislado para ser un caso global y un tema de importancia”, concretó el Gnóstico. Es importante mencionar que el deterioro de la naturaleza ha pasado siempre en diferentes épocas, culturas y civilizaciones, porque es el resultado de una sociedad caduca en todo los valores y ahí es de donde nacen las leyendas mitológicas del fin del mundo, a sabiendas de manera inconciente que la tierra sólo se está renovando como se ha venido dando a través de los tiempos, señaló.
“Cuando se habla de los tiempos del fin, no es para el planeta, la naturaleza, mucho menos para el cosmo, si no para el humano, cada quien va a tener su propio fin en base a una causa y un efecto, como haya actuado en su diario vivir así serán los resultados. Para el hombre indigno todas las puertas están cerradas, menos una, la del arrepentimiento”, concluyó.

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