Misterios y Enigmas

Un nuevo fósil pone en duda que Darwinius sea el eslabón perdido


Hace unos meses, los investigadores dieron a conocer al mundo el fósil de un prosimio de 47 años de antigüedad que parecía llamado a convertirse en el eslabón perdido de la evolución humana. “Darwinius masillae” fue presentado en Nueva York como “la octava maravilla del mundo” y su impacto en la historia de la evolución se comparó con el de “un asteroide que se estrella contra la Tierra”. Incluso sir David Attenborough, que el viernes recogerá su flamante premio Príncipe de Asturias en Oviedo, aseguró que el propio Darwin se habría “emocionado” al ver los huesos. Ahora, un nuevo descubrimiento ha venido con ganas de aguar la fiesta.
Un grupo de científicos de la Universidad de Stony Brook en Nueva York ha encontrado los restos fósiles de un familiar cercano al Darwinius, el “Afradapis longicristatus”, un primate de 37 millones de años similar a los lemures que, según los autores del trabajo, viene a demostrar que el famoso eslabón todavía sigue perdido.
El nuevo fósil, cuya descripción aparece esta semana en la revista Nature, pertenece a la familia de los adapiformes o adapoides, unos primates que aparecieron en el primer período del Eoceno (hace 55 millones de años) y que fueron comunes en Europa, Asia y América del Norte. Recientes análisis los relacionan con la sub orden de primates en la que se incluyen los lemures, loris y gálagos actuales.
En concreto, los científicos estudiaron la dentición y la mandíbula de un ejemplar de adapiforme de 37 millones de años hallado en Egipto. En él se observan características muy similares a los primeros primates antropoides, es decir, los abuelos de los monos (por ejemplo, la pérdida del premolar secundario superior e inferior), pero, según los científicos, esta coincidencia no quiere decir que pertenezcan a nuestra gran familia. A su juicio, los parecidos son en realidad convergencias evolutivas: rasgos comunes que se dan en un mismo período de tiempo entre dos especies independientes que no comparten el mismo árbol evolutivo.
Los análisis se completaron con el estudio de más de 300 características en 117 primates vivos y extinguidos que vinieron a confirmar la teoría de los investigadores. De darse definitivamente por cierta, la presentación de Darwinius como el eslabón perdido podría quedarse en el agua de borrajas y eso que los restos del antiguo primate, de 53 centímetros de longitud y los más completos nunca encontrados, crearon una sensación como hacía mucho que no se sentía en el mundo de la paleontología. El debate está abierto.

ABC.es