Misterios y Enigmas

La enigmática ley del Karma


Todo el Universo es equilibrio y sigue leyes que los sabios más antiguos han denominado las leyes del Universo, que la ciencia poco a poco, se ha dado a la tarea de descifrar, demostrar y aceptar.
Universo quiere decir, uno en lo diverso por lo que todo se mueve como una sola pieza, siempre se está en movimiento y creando espacios diferentes, cíclicos, complementarios, opuestos y al mismo tiempo mutuamente necesarios. Esto es lo que la filosofía oriental llama: “yin y yang”. Nada de eso es mejor que el otro, ni bueno ni malo, sólo son circunstancias diferentes de una misma realidad dual. Dentro de ese fenómeno natural se encuentra la ley del Karma, es decir, que de todas las acciones que hacemos como un “búmeran”, regresan a nosotros mismos; si son positivas o buenas así regresan, si son negativas o malas igualmente impactan. En filosofía y física se denomina la ley de causa y efecto.

Hay un registro de nuestras acciones
Lo que se da constantemente es un balance que funciona en dimensiones muchas veces incomprensibles para nosotros, porque trabajan en otras escalas de tiempo y espacio, pero tienen que ver con la eternidad, en el sentido de lo continuo o el infinito. Involucra a la ley de la física moderna de la relatividad y el concepto actual de energía que no es fuerza y poder, sino transformación. Viene de nuestras vidas pasadas, transita por la corporeidad nuestra actual y se proyecta hacia otras existencias y así de una manera constante hasta alcanzar lo que unos llaman la iluminación o nuestro ciclo de superación y realización total.
En astrología moderna espiritual se asemeja a lo que se denomina nodos lunares: Sur y Norte. El nodo Sur representa al pasado de cada uno que crea las condiciones para su existencia actual y, generalmente, no queremos abandonar ese tipo de vida y experiencias que nos limita pasar al nodo Norte, que es nuestro futuro, superación, por eso no queremos correr el riesgo y vamos retrasando nuestra superación por apegarnos al nodo Sur.

Los grandes maestros
El maestro Buda dice: “Eres lo que piensas habiéndote convertido en lo que pensaste”. Hay que cuidar nuestros pensamientos porque estos generan palabras; las palabras acciones, las acciones actitudes y las actitudes costumbres. Si esos pensamientos son positivos generarán beneficios para otros y para nosotros mismos, si son negativos generarán problemas a otros y a nosotros mismos. Algunas veces los efectos de nuestros pensamientos y acciones se manifiestan de inmediato, en otras arrastran un gran saldo desde generaciones ancestrales.
El cuerpo, claro está, es perecedero pero el alma no. Ella se expande en la eternidad y necesita encarnarse, para eso escoge a sus padres, tipo de religión, educación y experiencias para superarse hasta que se purifique totalmente y así no encarnarse más. Es la experiencia de la vida y la superación de ellas lo que hace que alcance un estado más puro y lo contrario hace retardatario el proceso. La ley fundamental es el amor y la armonía; lo contrario forma un Karma negativo y se alimenta del odio, el caos y el egoísmo.
No hay un ser igual a otro
Generalmente se nos dice que todos somos iguales, pero como dicen algunos filósofos, los somos en esencia pero no en detalle, ni en lo que llamamos justicia de códigos y leyes. Todos nacemos como una mochila llena de experiencias de otras existencias y es por eso que se dan fenómenos como Rubén Darío, que sin las condiciones familiares ni educacionales se convierte en el Príncipe de las letras Castellanas o como Mozart en un extraordinario músico. Sucede en las familias, criados todos con los mismos padres, recursos y disciplina, no hay un hijo igual a otro en su experiencia. Es que cada uno trae una carga karmática diferente.
Hay que preocuparse mucho por mantener en perfecto estado nuestro cuerpo físico: alimentación, salud, educación, confort, economía y tantas otras necesidades, pero con la misma intensidad hay que cultivar el alma y el espíritu, para eso necesitamos la reflexión, oración, meditación, yoga, ejercicios de humildad, conmiseración, solidaridad, sacrificios sin límites para ayudar a nuestro espíritu y ayudarle a otros. En esa medida “quemamos” karma de acciones negativas y ganamos, lo que se denomina Darma, es decir, acciones que saldan lo negativo de nuestras acciones en el balance personal de vida.
Es por eso que los hindúes, muchos monjes chinos y santos de la iglesia católica vivieron y algunos hoy viven en completa austeridad, humildad, oración, sacrificio para disminuir su propio karma y el colectivo que también existe; la influencia de muchos de ellos llegan hasta nuestros días como Buda, San Francisco de Asís, Madre Teresa de Calcuta y tantos otros maestros orientales. No miremos estas realidades por la ventana, a esta vocación de superación total somos llamados todos y cada uno de nosotros.

TOME NOTA
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