Misterios y Enigmas

Nicolás Flamel: Gran alquimista del siglo XX


Magnolia

Fulcanelli, el gran alquimista del siglo XX, dijo de Nicolás Flamel que “ fue el más famoso y popular de los filósofos franceses”. Al hacerle este honor --no olvidemos, al respecto que los maestros del esoterismo dan el título de “filósofos” a los alquimistas herméticos--, Fulcanelli reconoce claramente el magisterio de Flamel.
Podría decirse que la historia de la alquimia y de las artes herméticas que buscan no sólo la transformación de los metales, en el plano físico, sino también la propia transformación del “filósofo”, en el plano espiritual, está perfectamente plasmada, durante la baja Edad Media francesa, en la figura de este hombre notable que encarnó en sí mismo el auténtico misterio de la Gran Obra.
Flamel, que siempre estuvo acompañado de su fiel esposa, Perenelle, cual si se tratara de la conjunción perfecta del yin-yan, representa todo un símbolo entrañable, al mismo tiempo que un sincero guía, para quienes han querido adentrarse por los laberintos de la ciencia regia. Viene a cuento decir que cuando hace algunos años se reeditó por enésima vez el libro de las figuras jeroglíficas, la edición se agotó en poco tiempo, pese a que el contenido de la obra resulta excesivamente complicado e inextricable para el profano.

Un escribano esotérico
Flamel, nacido de una familia modesta que, sin embargo, era respetada por todo el mundo debido a su gran honestidad -incluso por los envidiosos-, como él mismo afirmaba, tuvo la oportunidad de adquirir cierta formación cultural, cosa que hizo con gran provecho. Así, gracias al dominio de la escritura, pronto pudo ganarse la vida como amanuense o escribano público, oficio que estuvo desempeñando a lo largo de muchos años. Decidido a establecerse en París, buscó un lugar cercano al cementerio de los Santos Inocentes, para poder trabajar en él de forma más cómoda. No tardó mucho en ganarse la simpatía de la gente, al tiempo que iba consiguiendo una clientela segura. Pasado algún tiempo, trasladó su despacho a otro pintoresco barrio parisino, Saint- Jacques la.-Boucherie, que también quedaría gratamente en su memoria.
Convertido en un artesano reconocido y dueño ya de algunos ahorros, decide casarse por esas fechas con la que será para siempre su compañera inseparable, Dama Perenelle. Se trata de una viuda, algo mayor que él, que también aporta al matrimonio algunos bienes.
Durante bastantes años, la vida del que habría de convertirse en el más grande alquimista y maestro del hermetismo transcurrió dentro de una cómoda monotonía, propia de un pequeño burgués que se dedica por entero a las minucias de su oficio. Las cosas hubieran seguido por tales derroteros, de no haberse tropezado con el libro que transformaría su vida por completo.
“…cuando tras la muerte de mis padres me ganaba la vida con nuestro arte de escritura, haciendo inventarios y mentores, he aquí que me vino a las manos, por el precio de dos florines, un libro dorado, muy viejo y de buen tamaño. No era éste de papel y pergamino, como suelen ser los demás, sino que estaba hecho de cortezas (así al menos me pareció), de tiernos arbustos. Sus tapas eran de fino cobre, grabado con letras y figuras extrañas. Creo que podían ser caracteres griegos o de otra lengua antigua similar, pues no sabía leerlas, pero no eran letras latinas o galas, porque de esas entiendo un poco. En el interior, las láminas de corteza estaban grabadas con gran perfección, y escritas con buril de hierro; con unas letras latinas coloreadas, muy bellas y claras. Contenía tres veces siete folios; así estaban numeradas en lo alto de la hoja. El séptimo de ellos no contenía escritura alguna. En su lugar había pintados en el primer sétimo, un látigo y unas serpientes mordiéndose. En el segundo estaban pintados unos desiertos por donde corrían unas hermosas fuentes, de las que salían varias serpientes. En el primer folio aparecía, con gruesas letras mayúsculas doradas: “Abraham Judío, Príncipe, sacerdote, levita, astrólogo y filósofo. A la nación judía dispersa por la ira de Dios. SALUD.D.I. “después de esto, aparecían grandes imprecaciones y maldiciones (con la palabra varias veces repetida : MARANATHA), dirigidas a todo el que posase ahí sus ojos, si no era sacrificador o escriba --el que me vendió el libro no sabía lo que valía, ni tampoco yo cuando lo compré--, creo que se lo robaron a los miserables judíos, o lo encontraron oculto en el antiguo lugar en que habitaba”.

El libro de las figuras
Desde el primer momento, como él mismo dijo, se puso a estudiar el manuscrito con una entrega total, pero el tiempo pasaba y no lograba hacer el menor progreso. Flamel, acuciado por el deseo de descifrar el contenido del manuscrito, termina por confesar el motivo de sus pesares a su esposa Perenelle. La mujer llevada por la mejor disposición, trata de ayudarle y aunque no lo consigue, porque aquellos signos también son demasiados abstrusos para ella, no puede evitar el quedar fascinada por ellos. Ahora ya son dos lo que se encuentran en el umbral de la gran aventura.
No obstante, no se desanima y prosigue su búsqueda; una búsqueda que lo lleva a contactar a un personaje del que sólo conocemos su nombre, un tal “maestro Anselmo”. Éste es muy versado en medicina y le proporciona nuevas pautas para descifrar los jeroglíficos e ir avanzando de este modo en el conocimiento de la misteriosa obra.

TOME NOTA. Notas de consulta de la profesora Magnolia. Parapsicóloga. Te ayuda a resolver tus problemas en el amor, contra envidia, mala suerte, estudio, trabajo, negocios. Lectura del tarot y las cartas del trabajo, amplia gama de productos esotéricos de efecto verdadero. Atiende de lunes a sábado, de 9 de la mañana a 6 de la tarde, previa concertación de cita, barrio Santa Ana, de la iglesia Santa Ana, media cuadra hacia abajo, casa # 2010. Teléfonos: 22662262 / 86990842. Managua.