Misterios y Enigmas

Los gamonales


Partiendo de la Iglesia Magdalena, se prolonga hacia el suroeste la calle de El Arenal, ancha y hermosa. Como a 250 varas desemboca sobre esta calle el camino del Bajadero de Monimbó, que entra por la derecha en dirección opuesta, formando un ángulo agudo.
El lote de terreno comprendido por los dos lados de este ángulo es llamado la “Punta de plancha”, porque tiene tal figura.
A la vera norte del Bajadero, a poca distancia de la “Punta de plancha”, sobre una pequeña loma, se destaca el campo santo de los indios de Magdalena (Monimbó de abajo).
Todos los indios dicen que en la propia “Punta de plancha” se dan cita los brujos: allí llegan micos y chanchas brujas, ceguas, etc. Este lugar es temido de noche. La proximidad del cementerio lo torna más tétrico.
En ciertas noches de lunas, a las doce en punto, llegan a este sitio unos hombres altos, fornidos, montados en caballos negros, relucientes, de buena raza. Estos jinetes andan lujosamente vestidos y sus cabalgaduras ricamente enjaezadas.
Llegan al citado lugar, a la hora señalada, desde diversas direcciones. Al caminar se oye el rechinar de los arneses, ruidos metálicos y chirridos de cueros nuevos. Una vez congregados en la “Punta de plancha”, sin desmontarse, se ponen a conversar en voz baja. Solamente se escucha el cuchicheo.
Después de cierto rato de conversación, salen todos juntos apareados, en dirección a la Iglesia Magdalena; y no se sabe para dónde van.
Los indios, cuando oyen el trote de los caballos, se encierran u ocultan; y los que están en sus chozas se quedan calladitos, y casi no tienen valor de mirar por los encañados.
Estos jinetes son los gamonales. Son muy temidos, pues dicen que manejan látigos con los que fustigan a quienes encuentran por el barrio.
Se cree que son demonios, pues nunca se les ha visto la cara, porque andan embozados y sus vestidos son negros. Pero algunas viejas indias opinan que tal vez sean los espíritus de antiguos jefes o caciques que, montados en caballos fantasmas de los españoles, se presentan al barrio, a la media noche, para recordar su autoridad...
¡Los gamonales! ¡Los gamonales!, exclaman los indios cuando los oyen; y corren despavoridos a ocultarse en el monte o en alguna choza.

(Tomado de “Los Gamonales”, de Enrique Peña Hernández: folklor de Nicaragua. Editorial Unión, Masaya, 1968)/ http://leyendas-nicaraguenses.blogspot.com