Internacionales

Se niega a renunciar el presidente derrocado de Kirguistán


BISKEK /AFP

El presidente de Kirguistán Kurmanbek Bakiyev se negó ayer jueves a dimitir tras la sangrienta revuelta del miércoles y se refugió en el sur de este país de Asia central, donde la oposición designó un gobierno provisional que dice tener de su parte a las fuerzas armadas.
“Declaro como presidente que no dimití y que no dimito”, escribió el presidente en un comunicado publicado por la agencia kirguisa 24kg.
Y poco después declaró a la radio independiente rusa Echo de Moscú que se encontraba en su bastión “del sur” de Kirguistán, una ex república soviética estratégica, donde Estados Unidos posee una base militar clave para sus operaciones en Afganistán.
El gobierno interino dirigido por Rosa Otunbayeva, tras ser designada por un comité de líderes de la oposición, ya había declarado que el Presidente se encontraba en su ciudad natal de Djalal-Abad (sur) y que intentaba reunir a sus partidarios para volver a su puesto.
Bakiyev reconoce en el comunicado que perdió el control del poder, en particular sobre la policía y el ejército después de los enfrentamientos entre los manifestantes y las fuerzas de seguridad que se saldaron con al menos 75 muertos y mil heridos.

Culpa de disturbios
a oposición.
Ayer jueves se volvieron a oír disparos en Biskek, según un periodista de AFP, que no ha podido establecer su procedencia ni su autoría.
El gobierno provisional, que el presidente considera “inconstitucional”, anunció horas antes que organizará elecciones para dentro de seis meses y disolverá el Parlamento.
Otunbayeva aseguró que “el poder está bajo control del gobierno provisional”.
“Esta construcción del sistema político funcionará durante seis meses para preparar una nueva Constitución y organizar la celebración de una elección presidencial conforme a todas las reglas democráticas”, afirmó.
Ahora la oposición controla las fuerzas armadas, aseguró el ministro de Defensa interino, general Ismail Isakov, e insistió en que el ejército está “totalmente de parte” del nuevo poder.
Otunbayeva, ex ministra de Relaciones Exteriores, prometió que su gobierno no repetirá los errores de Bakiyev.
El presidente depuesto, de 60 años, llegó al poder en marzo de 2005, aupado por una revolución con promesas de democratización y de lucha contra la corrupción. Pero sus detractores lo acusan de autoritarismo, de fraude electoral y de nepotismo.
Kirguistán es un país con una política convulsa y tradicionalmente dividido entre la población del Norte, más rica y urbana, y la del Sur, rural y conservadora.
El primer ministro ruso, Vladimir Putin, ofreció la ayuda de Rusia, que envió a Kirguistán 150 paracaidistas a su base militar de Kant, cerca de Biskek, para garantizar la seguridad de los familiares de los militares rusos, declaró el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas rusas, Nikolai Makarov.
En cuanto a la base de Estados Unidos de Manas, también cercana a la capital, Otunbayeva dijo que “no cambiará nada” en su funcionamiento y se respetarán los acuerdos.
Según el Pentágono, por ahora los disturbios “no afectaron seriamente” el abastecimiento de las tropas en Afganistán.
Por su parte, la Casa Blanca deploró el uso de una “fuerza mortífera” por parte de los agentes de seguridad contra los manifestantes.
El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, anunció el envío del diplomático eslovaco Jan Kubis a Kirguistán y pidió el restablecimiento del orden constitucional.
La UE se declaró dispuesta, por su parte, a ofrecer ayuda humanitaria de urgencia a Kirguistán, un país que, según el presidente derrocado, “se encuentra al borde de un desastre humanitario”.