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Tsunami liquidó pueblo de Samoa

* Parecía que una montaña salió del océano, solo quedaron muertos y escombros

LALOMANU
FRANCIA / AFP

Cruces en tumbas improvisadas emergen de un paisaje desolador de cadáveres y piedras que da la impresión de que el fin del mundo llegó a Lalomanu, una pequeña localidad turística de las islas Samoa aniquilada por el tsunami.
“Es un desastre para Samoa. Jamás había visto algo igual”, dice Tony Hill, responsable de una agencia encargada de las operaciones de socorro.
De las pequeñas casas típicas y de los hoteles al borde de la playa sólo quedan muertos y escombros. En este pueblo donde vivían hasta hace 24 horas varios cientos de habitantes, no hay un solo edificio en pie.
Según un nuevo balance, el tsunami que azotó el martes las islas Samoa causó 150 muertos.
Entre los escombros, los socorristas encontraron una mochila que contenía fotos de familia, en el mismo lugar de donde habían sacado varios cadáveres poco antes.
“Seguimos encontrando cuerpos. Hoy ya sacamos 30 ó 40” de las ruinas, dice a la AFP Lapa Tofilau, voluntaria de la Cruz Roja.
“Y eso sin contar los que la gente saca por sí misma y lleva al hospital o entierra. Hacemos todo lo que podemos para encontrar a las personas desaparecidas”, agrega.

Intenso rastreo de sobrevivientes
Policías y socorristas del Ejército australiano recorrieron las colinas aledañas y las ruinas del pueblo en busca de cuerpos, en tanto un avión del Ejército neozelandés sobrevuela las costas para tratar de localizar eventuales víctimas en el mar.
En las playas, los policías sondean con bastones los montones de desechos.
Hasta hace dos días, estas playas eran paradisíacos lugares de arena blanca que acogían turistas.
En las islas Samoa, el panorama de desolación es idéntico en todas partes.
A poca distancia, en el pueblo de Poutasi, los aldeanos están traumatizados todavía por el descubrimiento de los cadáveres de una mujer y de su hijita, lanzadas contra los árboles por las olas gigantes.
Un habitante cuenta que su tía fue lanzada por las aguas contra un barco, con tal fuerza que se fracturó el cráneo.
Los equipos de socorro que trabajan con una grúa hacen una pausa al pasar una procesión religiosa en honor de las víctimas de la catástrofe.
“No hubo alerta, no sonó ninguna sirena. En sólo un minuto, apenas alcanzamos a ver la enorme ola cuando ya había caído sobre nosotros”, dice a la AFP Lonnie Mai, una habitante del pueblo.
“No sé cómo describir lo que pasó, es como si una montaña saliera del océano”, cuenta Meleisea Sa, concejal del pueblo de Poutasi.